La Cueva (2014)

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Extraña historia la que acompaña a la película La Cueva (La Cueva, 2014). La película se realizó en el año 2012, y se llegó a estrenar en el festival de Sitges, donde consiguió una acogida bastante favorable. Sin embargo, como muchos otros proyectos en tiempos de crisis, el filme quedó guardado en un cajón, hasta que fue recuperado recientemente. En el 2014, el director de la película, Alfredo Montero, recupera el material original para añadirle más secuencias de metraje, grabadas y añadidas dos años después y recuperando el reparto original del filme (así como las localizaciones, que cobran un peso tan importante en la película). Se vuelve a estrenar en el festival de Málaga, donde parece que consigue resucitar de nuevo.

La Cueva se une a la moda del metraje encontrado, que inauguraron hace ya más de una década proyectos como The Witch Blair Project (El proyecto de la bruja de Blair, 1999) o The Last Broadcast (The Last Broadcast, 1998; rodada un año antes que la Bruja de Blair, sin embargo nunca ha conseguido el mismo éxito que la película del 1999). La película nos presenta  una serie de personajes que realizan unas vacaciones aparentemente tranquilas, pero que al llegar a una cueva deciden adentrarse sin tomar precauciones…La película adopta el punto de vista de uno de los personajes, que como viene siendo habitual en este tipo de filmes, decide grabarlo absolutamente todo con la cámara, aunque resulte totalmente ilógico que la mantenga encendida en muchas de las secuencias. La Cueva sigue al milímetro el plan establecido de las películas del Found Footage, rodando antes de que transcurra el desgraciado hecho la aparente intimidad de nuestros protagonistas, en actos totalmente cotidianos.  Les vemos reír, hacer comentarios jocosos…en lo que la película trata de crear un relato versemblante (que por cierto, nunca sucede).

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El Found footage acostumbra a ser un vehículo para que este tipo de películas acaben convirtiéndose en algo muy diferente al tipo de cine tradicional. Más que un relato, lo que proponen este tipo de obras es convertirse en un parque de atracciones, un tren de la bruja cinematográfico que conduzca al espectador por una serie de sentimientos preconcebidos ya en la estructura de la película. El objetivo no es tanto el desarrollo de unos personajes o hacer evolucionar una historia, sino que estas obras se acercan al parque de atracciones en cuanto a lo que pretenden es crear un recorrido de sensaciones que acabe por sacudir al espectador. La puesta en escena se convierte en un subordinado de esta premisa, y en la Cueva esta tendencia queda aún más patente que nunca. Esta tendencia de “Montaña Rusa” precisamente se liga con las características de nuestra sociedad contemporánea. La mayoría de público no busca la historia, sino el espectáculo[1], exigiendo una inmediatez de resultados emocionales durante el visionado del filme. Se demanda a la película que sea capaz de impactar al espectador en cada momento, más como si fuera un videojuego que como una película. No es banal la relación entre el videojuego y La Cueva. Creo que se pueden relacionar claramente, aunque esto no signifique que el director de la película se haya inspirado en ningún videojuego, pero sí que es cierto que responden a una misma satisfacción.

Porque nunca tenemos la certeza de estar asistiendo a una obra cinematográfica, por lo menos de manera convencional y tal y como la conocemos. Lo que propone por otra parte la estructura de la película, es ya conocida por el espectador, a quien parece no importarle que la mayoría de golpes de la película sean predecibles e inverosímiles. No importa que la historia sea totalmente irreal o que parezca estar cortada por unos patrones que hacen que sea idéntica a otras propuestas, mientras eso sí, consiga lo que el espectador demande. Como en el Parque de atracciones, la estructura de la cueva parece itinerante, pero está preconcebida totalmente de antemano.

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La Cueva tiene poco que aportar al panorama cinematográfico de terror. Incluso dentro del cine patrio, La Cueva resulta un filme totalmente prescindible (Además, como pionera ya tenemos a REC, así que tampoco podemos decir que el filme de Alfredo Montero cree ningún precedente) . Más que el terror (que también está presente) lo que potencia el filme es la sensación de claustrofobia que encontramos dado las circunstancias que presenta el propio argumento (nuestros personajes encerrados en una cueva, sin saber encontrar la salida). Seguramente esta sea la única baza potente de la película,

[1] Sin duda creo que podríamos calificar La cueva como una de las películas paradigmáticas dentro de la Teoría de Guy Debord y su Sociedad del Espectáculo.

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