Dracula: Pages from a Virgin Diary (2002)

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Personalidad singular la de Guy Maddin, director cineasta de origen Canadiense, que tiene una trayectoria en la que se mezclan la vanguardia y las postmodernidad con recursos cinematográficos arcaicos. Todo ello queda patente en una obra paradigmática como Dracula: Pages From a virgin Diary (Dracula: Pages From a Virgin Diary, 2002) que fue presentada a concurso en el festival de cine fantástico de Sitges, consiguiendo el premio a mejor película. La película estaba pensada en teoría para estrenarse en la televisión canadiense, aunque con posterioridad llegó a algunas salas de cine.

El título del filme nos indica la evidente conexión entre la obra de Guy Maddin y la novela de Bram Stoker, Dracula. Sin embargo, la película no se trata de una adaptación al uso del escritor británico. Guy Maddin utiliza la obra literaria para combinarla con ni más ni menos que el Ballet (Guy Maddin contó con la compañía de Ballet de la ciudad de Winnipeg del Canadá), en un lenguaje único que sobrepasa las fronteras de arte, convirtiéndose en la obra total que preconizaba Wagner. Mark Gooden, además de adaptar el guión es también el coreógrafo que ayuda a asistir al director en los conceptos de esta disciplina.

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Hay que tener en cuenta que Dracula: Pages from a Virgin Diary no es exactamente un Ballet, pues hemos de tener en cuenta que se trata de una obra cinematográfica con puesta en escena cinematográfica. Es decir, Maddin introduce muchos elementos que alteran lo que podría ser un ballet tradicional, creando un lenguaje que sintetiza elementos de diversas artes. Por ejemplo, una de las constantes de la película son los reiterados empleos que realiza el director del Zoom digital (que no está hecho con la cámara sino en postproducción). Esto ya rompe con la frontalidad que supone asistir a un espectáculo teatral, con lo que no se puede decir a la ligera que la obra de Maddin es simplemente Ballet Filmado.

Como bien apunta David Church[1], uno de los mayores especialistas en la obra de Maddin, el director tiene bien claro las señas que recoge de la obra literaria, para desarrollarla de una manera sui generis. La belleza gótica es sin duda una de las temáticas que más interesa a Maddin, y esto queda perfectamente patente en la película. La actriz y Bailarina Tara Birtwhistle interpreta a una de las protagonistas que sucumbe ante el talante de Dracula, convirtiéndose en una vampira. Gran parte del metraje nos perseguirá a esta protagonista en sus dotes de persuasión, y como esta es capaz de seducir a todos los hombres que se oponen en su camino. El baile pues, es una de las herramientas con las que Maddin consigue dotar de belleza a esta protagonista, que no lo olvidemos, interpreta a una vampiresa. La Belleza de lo decadente, tan propia de poetas como Baudelaire, queda perfectamente retratada. No sigue la linealidad de la novela en la concepción de personajes como el propio Dracula o Van Helsing, este último aparece además con unas características negativas bastante marcadas.

Uno de los puntos fuertes del filme es su leimotiv musical. La música, cosa lógica al tratarse de un Ballet, tiene una importancia capital en la película. Durante todo el metraje acompaña a las coreografías de nuestros protagonistas, y Maddin la utiliza para acentuar los momentos dramáticos. Una de las piezas más memorables y que además el director utiliza como una pieza básica es la magnífica Tercera sinfonía de Mahler (o la marcha fúnebre) que ilumina muchas de las secuencias más significativas del filme.

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Otra de las grandes características de la película es que nos encontramos ante un Ballet Mudo. Maddin prescinde totalmente de la palabra hablada (no así de la escrita, que aparecerá en diversos rótulos y textos que introduce el director a lo largo de la película) para enfatizar la plasticidad de la danza. Inevitablemente, la película recuerda así aún más a la adaptación que se realizó durante el período mudo alemán, a manos de Murnau. Es cierto que además ambas obras comparten una estética similar, pero también observamos diferencias. Por ejemplo, y aquí ambas se diferencian de manera evidente, Dracula: Pages from a Virgin Diary es una obra conscientemente postmoderna (Evidentemente es consciente de su naturaleza, pero me refiero a que queda enfatizada esta situación). Además de Muda, la película está realizada en Blanco y negro, aunque en muchas ocasiones el director introduce notas de color, en especial cuando desea remarcar algún hecho de importancia para el filme.

[1] En su obra Playing with Memories: Essays on Guy Maddin, Ed. Universidad de Manitoba, Manitoba 2009 hay un capítulo entero a la obra de Dracula: Pages from a Virgin Diary

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