El General del Diablo (1955)

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En la Alemania de la posguerra, aparte del cine de comedia o el drama, la cinematografía de dicho país también recuperó de manera bastante significativa el género bélico. Mediante este género, la producción alemana trataba de liberar sus demonios y exculparse de muchos de los males que se habían dado en la Alemania Nazi y de los que gran parte de la población se sentía lógicamente responsable.

Había diversas vías de explotación dentro del género y no todas eran iguales. Una de ellas la podemos comprobar en el cine de Frank Wisbar, en películas como Hunde, wollt ihr ewig leven (Stalingrado: Batalla del infierno, 1959). El cine de Frank Wisbar no tiene tanto el interés en criticar las grandes cúpulas del partido nazi, sino que más bien se interesa por el drama del soldado (y del civil) de a pie, que se vio inmerso en una guerra cruel que no tenía nada que ver con sus intereses personales. Wisbar humaniza el soldado de la Wermacht, que a medida que avanza la guerra, se va desencantado del partido nazi. Contrario a Wisbar está Helmut Käutner. El cine de Käutner si analiza y critica los grandes responsables del partido nazi, que tuvieron la nefasta responsabilidad en el genocidio.

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Una de las películas más célebres de este cineasta en este sentido es Des Teufels General (El general del diablo, 1955). La película es una adaptación de la obra teatral de Carl Zuckmayer, que se inspira libremente en la vida del general alemán Ernst Udet. La vida de este as de la aviación es cuanto menos curiosa, porque después de la primera guerra mundial donde sobresalió, acabó en las estructuras del partido nazi, ayudando al gobierno a crear nuevos modelos de aviones para el ejército. Sin embargo, acabó rechazando al partido alemán, para finalmente acabar en un suicidio trágico. Así pues, Udet nos ofrece el marco de un personaje alemán que sin embargo rechaza el nazismo, con lo que el espectador alemán de 1955 podía empatizar fácilmente con el protagonista.

Durante la primera parte de la película el director nos invita a entrar en la vida de nuestro general (su nombre es Harras, aunque como ya comentaba, alude al general Udet) interpretado por Curd Jürgens. Durante este primer trayecto, una de las mejores bazas de la película es la intensidad con la que el director consigue denunciar el modus vivendi tan frívolo del régimen nazi.  El metraje nos introduce en una fiesta que se alarga en gran cantidad de minutos y que establece las bases de la película. No es una fiesta cualquiera, sino que somos testigos de los tejemanejes y conspiraciones que existen dentro del partido. Nuestro protagonista se ve aturdido por la gran cantidad de espionaje, chantaje y corrupción que existe en esta atmósfera. Mientras están en guerra y sus soldados pasan hambre, la cúpula del partido se dedica a divertirse y a derrochar comida. El eje de la película se centrará además en la búsqueda de un saboteador, que parece estar acabando con los aviones alemanes.

Durante la segunda parte, la película se centrará en la evolución de nuestro personaje dentro del partido, y como irá rechazando el régimen nazi. Una de las secuencias a destacar que tiene lugar durante esta parte la encontramos en el encarcelamiento de nuestro protagonista, que ve las orejas al lobo. La interpretación de Curd Jürgens resulta perfecta en la encarnación de un personaje que entra en una profunda crisis al ver derrumbarse su mundo.

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Sin embargo, como a la mayoría de películas bélicas del cine de posguerra alemán, al General del diablo le falta mucha chispa. La película es plana y sigue sin cualquier evolución el destino de su protagonista. De igual manera le sucede a una puesta en escena anémica, que a duras penas tiene alguna secuencia destacable (quizá el travelling inicial o la secuencia final en el aeropuerto).

Una de las secuencias clave de El General del Diablo la encontramos hacía el final de la película, y representa excelentemente el sentimiento de culpabilidad alemana que el filme trata de diseccionar. En ella, nuestro protagonista interpretado por Curd Jürgens dialoga con el saboteador del que se ha estado investigando durante todo el filme. Nuestro protagonista interroga al saboteador por el porqué de sus motivos. Comenta que resulta extraño que se oponga al régimen nazi un hombre como su subordinado, que goza de una situación privilegiada. El Egoísmo y  el conformismo salen a escena. Muchos de los oficiales Nazis aceptaban el régimen porque les resultaba beneficioso para ellos. Incluso cuando no se obtenían beneficios, por lo menos no eran el objetivo de los ataques del régimen. Los espectadores alemanes que vieron El General del Diablo entendían la apelación que realizaba el cineasta con este recurso.

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