Navajeros (1980)

Navajeros

Navajeros (Navajeros, 1980) es otra obra culmen de lo que denominamos (creo que erróneamente)  como cine Quinqui. Como no, su director es Eloy de La Iglesia uno de los máximos representantes de este subgénero cinematográfico. Navajeros como es habitual en este tipo de cine nos cuenta la historia real de un delincuente de poca monta, conocido popularmente como el Jaro. Eloy de la Iglesia se sirve de este de este personaje para elaborar un discurso sobre la transición española, y los enormes subtemas que esto conlleva, como el modus vivendi de estos personajes, la subcultura, el mundo de las drogas, la prostitución…

El Jaro es lo que vulgarmente se denomina un Quinqui, y en este subgénero son siempre los auténticos protagonistas. Se tratan siempre de jóvenes que quedan al margen del sistema, y que únicamente conocen el mundo de la delincuencia como método para sobrevivir. En la película lo veremos robar, atracar, traficar…Navajeros es un retrato político e izquierdista (políticamente Eloy de la Iglesia ya se había desnudado en anteriores películas) de la España de la transición. Seguramente, lo que más impacta en su cine es la galería de imágenes que frecuentan sus películas, llenas de violencia (véase como acaba el Jaro) y sexo (el nacimiento del hijo del Jaro nos da un primer plano de un clítoris) y que contrastan enormemente con el panorama coetáneo al del sus películas.

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Como es habitual en el cine de Eloy de la Iglesia, el director cuenta con un reparto que se repite en muchas de sus otras películas. Y de hecho, en Navajeros encontramos la primera toma de contacto entre el director y el intérprete José Luis Manzano (el Jaro, actor protagonista), actor fetiche que volvería a colaborar en otras de las películas míticas del director, en El Pico (El Pico, 1983). También aparece en la película José Sacristán en un papel menor de reportero (quien interpela al público, contándoles la historia del delincuente), un actor que ya había colaborado con Eloy de la Iglesia en El Diputado (El Diputado, 1978).

Curioso cuanto menos el homenaje (o mejor dicho, los homenajes) a Clockwork Orange (La Naranja Mecánica, 1971) de Stanley Kubrick. El guiño parece bastante evidente, y además se repite en diversas ocasiones a lo largo de la película. En parte puede que el cineasta haya incluido estos guiños porque efectivamente existe una extraña comparación entre el personaje de el Jaro y Alex de la Naranja mecánica. Ambos son jóvenes que a pesar de su violencia extrema con la que resuelven todos los problemas se ganan la simpatía del espectador. Algo siniestro se cierne sobre ellos, a pesar de que nos enganchan como un poderoso imán.

Formalmente es donde más se destapan estos guiños, como las repetidas secuencias de acción que tienen el objetivo de mostrarnos el uso de la violencia callejera de la banda del jaro, y que están acompañadas por una banda sonora compuesta de música clásica (además, las coreografías parecen igual de planificadas que en la película de Kubrick, como si se trataran de un ballet). La secuencia inequívoca seguramente sea la de la lucha entre banda callejeras, que para cualquier amante de la película de Kubrick no pasará inadvertida.

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Ya la música que emplea Eloy de la Iglesia en Navajeros puede ayudarnos a entender la ruptura que supone la película respecto a otros filmes españoles estrenados por la misma época. La película está continuamente salpicada por canciones Rock del momento (mítica la canción de Burning) que no tienen por qué responder a la lógica de la película, sino a la del personaje. Encarnan en gran medida la actitud rebelde de nuestro protagonista, el Jaro.

Por otra parte, es Innegable que Navajeros es una película maniquea. Todo el cine de Eloy de la Iglesia lo es. Y esto resulta bastante comprobable, porque al cineasta no le interesaba realizar una película objetiva, sino que pretendía involucrarse de la manera más personal posible en la historia que está contando. De hecho, el propio director estaba involucrado en esta subcultura, y su drogadicción fue uno de los temas más comentados cada vez que su nombre salía a la palestra. Un gran ejemplo son los policías y la manera en como aparecen representados en muchas de sus películas, desde El Diputado hasta El Pico, pasando por nuestra película. Siempre que aparecen policías el director lo deja bastante claro, colocándoles como los herederos del franquismo (incluso cuando los acciones lo dejan en evidencia, el director se empaña en que los miembros de la policía utilicen diálogos poco sutiles), siempre con connotaciones negativas.

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