Open Range (2003)

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Kevin Costner ya había realizado una incursión dentro del Western en su primera película, Dances with Wolves (Bailando con Lobos, 1990). Dicha película trataba de contribuir a la desmitificación del género, dándole una gran importancia a la deconstrucción del mito del indio como auténtico salvaje (recordemos que nuestro protagonista, que había empezado como un soldado de los Estados Unidos acababa por entablar una profunda amistad con los indios). La película consiguió un gran reconocimiento por parte del público e incluso de la crítica más ligera (consiguiendo múltiples Oscars), aunque el paso del tiempo ha demostrado que Bailando con Lobos peca en ciertos momentos de de maniquea.

En el año 2003 el director volvía al género que tanto éxito le había proporcionado (después de un paso infructuoso por la ciencia ficción con The Postman) con Open Range (Open Range, 2003), una película que nos acerca al mundo de los Cowboys que pastan el ganado alrededor de todo el viejo oeste norteamericano.  Lo cierto es que el Western estaba totalmente muerto a partir de los años setenta, y sólo encontramos a partir de esos años algunas películas aisladas que vuelven a recuperar ocasionalmente el género.

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La mayoría de ellas (y Open Range no es una excepción) tratan de revisionar el género dando una visión de madurez y de autoconocimiento de todo lo que ha transcurrido desde los años gloriosos del género. No podemos negar que existe en estas películas un aire totalmente melancólico (en Open Range sólo tenemos que darnos cuenta en la relación de amor que se establece entre el personaje de Costner y la hermana del médico, o en la utilización de la banda sonora siempre con dejes intimistas), que en gran medida parece añorar aquellos años de una América que si bien era brutal y absolutamente salvaje, también era inocente e ingenua (al menos, tal y como nos lo ha mostrado el cine). Junto a Kevin Costner, también podemos añadir el nombre de Clint Eastwood, quien en la década de los noventa resucitó momentáneamente el Western con Unforgiven (Sin Perdón, 1992), que por otra parte es una de las mejores películas de los años noventa.

La película adapta la novela de Lauran Paine y el guión lo escribe Craig Storper. Puede que la escritora haya puesto gran parte de carga autobiográfica en el personaje femenino que interpreta Annette Bening, sobre el que girará el eje romántico de la película, una vez haya captado la atención del personaje de Kevin Costner. La fotografía la firma James Muro, con quien Costner ya había trabajado en Bailando con Lobos. Al igual que en aquella película, el paisaje cobra una vital importancia en la obra. De hecho la primera parte del filme, cuando nuestros protagonistas aún no han salido de la isla que suponen las llanuras donde pastan sus animales, se desvela una sensibilidad romántica que eleva a la película a un gran nivel. Pero más allá de eso, si algo hemos de destacar en Open Range en dicho ámbito es la innovadora utilización de gran multitud de secuencias que son filmadas bajo una intensa lluvia.

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Lluvia, que no es una habitual dentro del género western, que acostumbra a transcurrir casi siempre en míticas estepas soleadas donde no hay nunca ni un atisbo de agua. Sin Embargo el filme emplea este recurso, que se convertirá en algo bastante habitual durante gran parte del metraje. Esto nos ofrece un Western pasado por agua, que no deja de acrecentar el mensaje principal de Costner al mostrarnos una sensibilidad melancólica y casi de añoranza. Las miserias de un género que quedan al descubierto, no con la luz del sol, sino con las aguas tormentosas. Una estética sucia en definitiva, y donde los trajes de nuestros personajes se pueden ensuciar, algo totalmente imposible en el western de oro.

La película, a diferencia de la opera prima del cineasta, sigue más los cánones del género, dejando la desmitificación de banda. Es cierto que hay una visión diferente a la de maestros como John Ford o Howard Hawks, pero seguramente el paso del tiempo es el responsable de que la película difiera en algunos aspectos. Costner aplica los códigos del género en gran parte del filme, desde los lugares icónicos del género (el Saloon, la comisaría, el pueblo del oeste, las llanuras) pasando por los personajes arquetípicos (el Sheriff, el terrateniente corrupto, nuestros protagonistas ganaderos…). También es cierto que se ven algunas novedades interesantes, como el tratamiento ciertamente verista de la acción (que ocupa gran parte del final de la película). Sin duda alguna, Open Range nos ofrece en este sentido los tiroteos más fidedignos con la realidad dentro de la historia del género.

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