La Semana del Asesino (1972)

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La Semana del Asesino (La semana del Asesino, 1972) se trata de un filme perteneciente al género de terror (como veremos esto es motivo de discusión), que realizó aún durante los últimos coletazos de la dictadura franquista, el cineasta de origen vasco Eloy de la Iglesia. La película sigue durante una semana, como indica el título, la vida del obrero que interpreta Vicente Parra, quien cometerá una ola de crímenes durante ese lapso de tiempo. Es cierto que la película se ha adscrito comúnmente al género de terror, pero como bien advierten algunos[1], en realidad De la Iglesia no la ubica en un tiempo fantástico ni imaginario, sino que La Semana del Asesino transcurre en Madrid. Para más señas, en emplazamientos frecuentados por la clase media-baja y trabajadora (desde la fábrica hasta la chabola donde nuestro protagonista mira a los lumpenes jugar a fútbol), y además su protagonista es un obrero que trabaja en una industria carnicera. Estaba claro que a pesar del género el cineasta no iba a renunciar a su sello de autoría.

Hay sin duda una lírica macabra en la película, que quizá incluso nos pueda recordar documentales como La Sang Des Bêtes (La sangre de las bestias, 1949) de Georges Franju, por su afinidad temática. Detalles irónicos que ayudan a potenciar el mensaje de desesperación que recubre el filme. Unas secuencias monstruosas, realizadas mediantes algunos planos secuencias y travellings nos muestran la carnicería en la que trabaja nuestro protagonista. El desmembramiento y la sangre se convierten en absolutos protagonistas. Sin embargo, la película no nos muestra estas escenas como algo extraño, sino que forman parte de la cotidianeidad de nuestro protagonista. Para más ironía, se nos muestra a nuestro personaje comer un bocadillo mientras somos testigos de esta barbarie. Detalles como este ayudan al cineasta a mostrar su faceta más negra, como la bolsa de deporte que tiene el eslogan del ministerio del movimiento, y que nuestro protagonista utiliza como herramienta para transportar los trozos desmembrados de las víctimas.

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La estética de la película consigue adaptarse perfectamente entre el territorio de lo escabroso y lo macabro (las ya comentadas secuencias del matadero) y un ambiente industrial decadente. La película emplea un magnífico Raccord que nos adentra en la vida de nuestro protagonista. Por ejemplo, la decoración del piso es un genial ejemplo de cómo se construye un raccord en torno a una idea (en este caso, la de construir un personaje como al que da vida Vicente Parra)

Eloy de la Iglesia nunca pretendió cerrar la película con semejante final, que no tiene nada que ver con lo que desarrolla la película. Fue la censura la que obligó al cineasta cambiar el final, para mostrar que nuestro personaje, interpretado por Vicente Parra, finalmente se entregaba a la policía. Algo totalmente absurdo, precisamente porque una de las cosas que nos enseña La Semana del Asesino, es que nuestro protagonista cae en una vorágine de sangre de la que no puede escapar (remarquemos la característica del no retorno). Primero se trata del asesinato casi involuntario del taxista, pero los crímenes posteriores vienen de una manera casi inevitable y como a consecuencia del primer asesinato, pues el personaje que interpreta Parra intenta tapar las evidencias del crimen, así que resulta impensable que de repente nuestro personaje reflexione y llame a la policía entregándose.

A pesar de que la película está realizada antes de la caída definitiva del régimen franquista y por tanto antes de que la censura se anulara, ya encontramos señas muy interesantes que anuncian el cine de Eloy de la Iglesia.

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Por ejemplo, entre el personaje de Vicente Parra y el de Eusebio Poncela se entrevé una relación un tanto ambigua, que parece ir más allá de la simple amistad. Y es que el interés que profesa el personaje de Eusebio Poncela en torno al personaje de Parra parece ir hacía el deseo sexual, aunque siempre lo oculta de una manera sutil y de manera que no se evidencie en exceso. De hecho, una de las secuencias que la censura obligó a cortar al director estaba aún más implicada en este sentido. Durante toda la película hay una interesante vía que se centra precisamente en esta camino de explotación. Nuestro protagonista no se encuentra a gusto en ningún momento (ni siquiera con compañía femenina), y sólo lo vemos relajarse en presencia de su nuevo amigo.

Como analizaba el teórico Jamake Highwater en su obra[2], estas imágenes de transgresión sexual servían para cuestionar un poder establecido que no dejaba que ninguna película ocultara el mínimo atisbo sobre la homosexualidad. Eloy de la Iglesia fue uno de los pioneros en este sentido, y seguiría con esta vía a lo largo de casi toda su carrera.

[1] Antonio Lázaro Reboll, Masculinidades Genéricas: Tomas criminales en la Semana del Asesino (Eloy de la Iglesia, 1972), Universidad de Nottingham.

[2] Highwater, J. The Mithology of transgression. Homosexuality as Metaphor, oxford University Press, New York 2001

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