Open Windows (2014)

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Decepcionante el último filme de Nacho Vigalondo, Open Windows (Open Windows, 2014), un thriller con demasiados aires de grandeza y que tira por tierra parte del  prestigio que el cineasta se había labrado con Los Cronocrímenes (Los Cronocrímenes, 2007).

Al igual que en su opera prima, Vigalondo opta por desvincularse de los géneros tradicionales, y sumarse a una nueva corriente dentro del cine español, que reivindica precisamente estos nuevos géneros como el terror y la ciencia ficción (en esta ocasión el thriller), que han estado minusvalorados estos últimos años en la cinematografía patria. Pero además, Vigalondo ofrece una gira de tuerca más, pues Open Windows cuenta con un formato ciertamente inusual (tan inusual como fallido de hecho).

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La película pretende ser contada desde un punto de vista muy especial, como esla pantalla de un ordenador. A partir de esta pantalla, que pertenece al protagonista que interpreta Elijah Wood, el espectador es testigo de diversas cámaras (Cams en su mayoría) y chats con los que el personaje se comunica. Lo cierto es que a priori nos podría parecer que al ser una única pantalla de ordenador la película pecaría de hermetismo, pero el director se las ingenia para que el filme sea muy diferente. De hecho, más que una única plataforma, la miga de la película está en como Vigalondo articula diversos instrumentos para desarrollar el discurso fílmico. A partir de muchas cámaras (como veremos en el filme, se activan las cámaras de los móviles y diversos trucos más) la realidad de la acción se reconstruye. La película se fragmenta y se vuelve a recomponer a cada minuto, mediante la tecnología.

Pero lo más importante ante este discurso formalista ¿Sirve para algo? ¿Era indispensable para el relato? ¿Nos ofrece algo totalmente imprescindible que sólo podía ser contado de esta manera? Ciertamente Vigalondo crea un producto comercialmente atractivo (desde este truco de forma hasta contar en el reparto con actores internacionales como Elijah Wood…o Sasha Grey) pero totalmente vacío. Esta estrategia no conduce a ningún lado y lo que es peor, resulta bastante confusa en muchas de sus secuencias. El continuo cambio de puntos de vista obliga al espectador a realizar sucesivos y reiterativos cambios de mirada, sin que esto aporte algo significativo (aparte de dolor de cabeza).

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Y aún así, esto no es lo peor de Open Windows. Porque lo peor está en su inexplicable guión, que convierte al filme en algo imposible de creer. Los errores y fallos que el espectador mínimamente realista capta son casi innombrables, pero por resaltar sólo algunos:

-¿Por qué nuestro protagonista hace caso a un Hacker que se cuela en su ordenador, siguiéndole la corriente además en muchos momentos? Es cierto que esto puede ser explicado con el absurdo cierre del filme, pero resulta harto difícil (¿El personaje de Wood estaba interpretado todo este tiempo? Venga ya Vigalondo).

-La policía en Open Windows aparece y desaparece como por arte de magia. En el apartamento de Sasha Grey con una simple llamada acuden con cinco estaciones enteras de policías. O bien la policía española es un desastre o la norteamericana tiene superpoderes. Igual tanto le ocurre al final, cuando el coche del personaje que interpreta Elijah Wood se choca. La policía es la causante de este choque, pero parece que nadie va a ver como está. Simplemente desaparecen. Estos errores no son una excepción, y se repiten en todo momento. Cualquier espectador puede repasar la película y hacer una lista igual o de tamaño superior. El problema es que Vigalondo había admitido jugar con estas premisas para realizar un thriller.

-Los Hackers Franceses. Seguramente los personajes más idiotas que han aparecido hasta la fecha en la trayectoria de Vigalondo. Sin ningún tipo de sentido están en la película, y el intento de hacer gracia mediante su acento es simplemente insultante. Sasha Grey realiza una interpretación demasiado plana. Como irónica y pícara resulta creíble (en esa primera parte; por otro lado la mejor de la película), pero como inocente víctima no consigue la mínima empatía con el espectador. Y Vigalondo no debería volver a aparecer como actor en una de sus películas, como ya nos había demostrado desde los Cronocrímenes.

Poco resulta salvable en este despropósito. Algún toque de humor (el cameo de Carlos Areces) así  como una pátina de cine irreverente parecen sacudirnos de la incredulidad, pero en líneas generales la película no pasa el aprobado.

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