El Crimen de Cuenca (1979)

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El Crimen de Cuenca (El Crimen de Cuenca, 1979) cuenta con una intrahistoria que resulta sintomática y perfectamente ligable con la temática que desarrolla la película. Por otra parte, nos encontramos con una de las películas más atípicas de la cineasta, una de las primeras mujeres pioneras dentro del cine español. Hay algo dentro de El Crimen de Cuenca, que nos remite a un pasado folklórico, al de una España negra pero a la vez de Leyenda, donde transcurrían hechos tan aparentemente inverosímiles como el que nos narra la película. En este sentido ayuda la figura del ciego, que nos introducirá en la película, narrando los hechos como los antiguos poetas la historia. Este personaje es la conexión que utiliza la directora para enlazar el filme con la leyenda.

La censura cinematográfica que provenía del régimen franquista ya había desaparecido en el 1977. A priori esto nos podría hacer pensar que cualquier película podría ser estrenada, pero lo cierto es que en aquellos años España no era plenamente un país que garantizaba todas las libertades democráticas. Las copias de la película fueron confiscadas y se impidió su estreno comercial. Legalmente se podía recurrir a esta acción, y El Crimen de Cuenca fue acusada de injuriosa[1]. Y todo esto, ¿Por qué?

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La película está basada en unos hechos reales que acontecieron en los primeros años del siglo XX, y que se acabaron extendiendo hasta el primer tercio del siglo. Por tanto, en principio la adaptación que realiza Pilar Miró no tendría por qué haber molestado a nadie en plena transición democrática. Sin embargo, lo cierto es que el mensaje del filme oculta un poderoso ataque-atemporal- contra ciertos órganos militares (como la guardia civil) así como al poder. Los hechos relatan la historia que aconteció en un pequeño pueblo rural español, en el que un buen día desapareció uno de sus habitantes. Al principio nadie le dio demasiada importancia, pero la madre del desaparecido (popularmente conocido en el pueblo como el Cepas) insistió en que su hijo había sido asesinado por dos hombres del pueblo. Finalmente la justicia en colaboración con la guardia civil apresó a los dos hombres, que fueron totalmente vejados y torturados con tal de sonsacarles la ubicación del cádaver. Sin que el cuerpo apareciera, los dos hombres fueron condenados en un juicio totalmente falto de pruebas a dieciocho años de prisión. Hasta que un buen día apareció el Cepas, y todo el mundo se dio cuenta del error que se había cometido. Demasiado tarde, claro.

Pilar Miró se enfrenta a una película que como hemos visto en su argumento, tiene una intención denunciatoria muy clara. Pero a pesar de esto, la cineasta no renuncia en ningún momento a la estética del filme ni a otros detalles técnicos. Miró ambienta la película en un pequeño pueblecito que parece perfectamente sacado de inicios del siglo XX.

Aquí podemos analizar  la política dentro del pueblo, sobre la que Miró también realiza una mirada dentro del filme. El pueblo está inmerso en el turnismo político, y términos como izquierda y derecha se mezclan sin que sepamos muy bien que les diferencia. Estéticamente también encontramos muchas diferencias dentro del pueblo. Sólo tenemos que comparar a nuestros políticos que debaten sobre el destino de los dos hombres condenados, siempre vestidos de manera elegante y con un perfecto dominio del lenguaje, con los polvorientos campesinos, que apenas han recibido una educación y que simplemente viven de la tierra. También se muestra perfectamente la opresión de las prisiones en la que se torturan a nuestros personajes, siempre inmersas en una terrible oscuridad. Pero ojo, no caigamos en una simplificación, porque Miró no realiza un retrato maniqueo.

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Por ejemplo, lo fácil podría haber sido oponer a la gente del pueblo con la guardia civil y los burócratas, pero lo cierto es que la realidad es más compleja. Los dos condenados están totalmente solos ante el castigo y la tortura. Cuando los dos presos vuelven a aparecer en el pueblo para supuestamente desenterrar el cuerpo del Cepas, el pueblo entero intenta lincharlos. El Crimen de Cuenca es una película que aparentemente retrata un caso histórico, casi desde una perspectiva periodística, pero que en realidad toma partido en contra de los terribles actos que se muestran.

Seguramente el Abrazo con el que Pilar Miró resuelve la película sea uno de los más emotivos finales que nos ha dado nuestro cine. Dos hombres anónimos, Gregorio Valero Contreras y León Sánchez Gascón, que fueron condenados por un crimen que nunca tuvo lugar.

[1] Luis Urbez, Doce años de cultura española, Ed. Encuentro ediciones,  Madrid 1989, pp.182

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