Blackfish (2013)

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Una de las cosas más sorprendentes (o mejor dicho, que puede sorprender al público español) es el caso que describe el documental Blackfish (Blackfish, 2013) respecto al Loro Parque, parque temático animal ubicado en Canarias, y el ataque de una orca que acabó con la vida de su cuidador, Alexis Martínez, en dicho lugar. Y digo esto, porque como muchos otros espectadores del documental, me quedé totalmente atónito al ver la noticia, porque no tenía ni idea de semejante tragedia. Investigando un poco sobre el tema, uno se da cuenta de que la noticia fue silenciada por la mayoría de medios de comunicación (denle las gracias al propietario alemán de Loro Parque, Wolfang Kiessling, un personaje de lo más siniestro) y que si no fuera por el documental, tal hecho habría acabado en el olvido.

Y no es que la tragedia de Loro Parque no tenga nada que ver con lo que en gran parte cuenta BlackFish, sino todo lo contrario. Un simple ejemplo: El mismo día en que el joven Alexis Martínez falleció, Loro Parque siguió con sus espectáculos con orcas. Uno sólo tiene que ponerse en la piel de los derrumbados cuidadores, que aún sabiendo la tragedia que había tenido lugar horas antes, siguieron como si nada hubiera pasado. A Kiessling le dio igual, porque simplemente seguía con la máxima de la sociedad del espectáculo de hoy en día, Show Must go on.

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En esencia, queda simplificado gran parte del mensaje que pretende la directora del documental, Gabriela Cowperthwaite: a los jefazos de Sealand, Seaworld o Loro Parque les da absolutamente igual tanto la vida humana como la animal. Las repetidas desgracias (víctimas mortales) que han sucedido en los diversos parques acuáticos no son más que pequeños infortunios, impedimentos para el objetivo principal: Hacer dinero. Por ese mismo motivo Loro Parque no habilitó correctamente las piscinas para que un animal como una orca pudiera habitar en ellas, ni el adiestramiento que se le dio a los cuidadores fue el adecuado. Pero eso eran minucias en comparación con el dinero que por ejemplo, el parque sigue facturando hoy en día. Mientras algunos se hacen de oro, otros se ven sepultados al olvido. Queda vuelva a quedar patente que servidor no había oído el nombre de Alexis Martínez en su vida.

Después de esta pequeña disertación que seguramente no le interesará a nadie, hay que decir que Blackfish es un documental muy acertado. La película nunca expone los hechos desde un punto de vista radical y sesgado, sino que nos muestra los hechos desde diversos puntos de vista (incluso se permite entrevistar a diversos miembros que forman parte activa de Seaworld) aunque siempre con una actitud crítica. La directora recoge los hechos y los presenta ordenadamente para que al finalizar la obra sea el propio espectador quien decida investigar más sobre el asunto y luego recomponer lo que ha visto.

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Y son más de uno los debates que nos plantea el documental. La película nos presenta un terrible caso que tuvo lugar en los Estados Unidos, cuando una orca en un parque acuático atacó a una de sus cuidadoras, causándole la muerte. A partir de este desgraciado hecho la película reconstruye la historia de cómo se fundó el negocio de estos parques y como las empresas buscaron rápidamente la rentabilización de los peces negros (tal y como  denominaron muchas culturas antiguas a las orcas[1]). Desde el problema de la cautividad (la película, a través de diversos expertos, apunta a que muchos de estos animales acaban cambiando su conducta al estar encerrados), hasta el ya comentado de las responsabilidades de empresas como Seaworld. Las entrevistas con muchos de los cuidadores son fundamentales en el desarrollo de Blackfish y sirven para que el espectador de a pie y que está muy poco relacionado con el tema adquiera unos interesantes conocimientos.

Desde luego resulta bastante chocante la manera en como Blackfish nos presenta las diferencias entre las orcas que se encuentran en cautividad y las que están encerradas en este tipo de parques temáticos. Más allá de la conducta peligrosa que pueda acarrear el tener prisionero a estos animales, la comparación puramente estética que realiza la película entre los dos grupos (con una magnífica secuencia en la que la película se dedica filmar las orcas en libertad) es de las más deliciosas que se pueden ver en un documental.

Por cierto, curioso cuanto menos que desde la propia empresa Seaworld se haya criticado que lo que busca Blackfish es hacer polémica y audiencia a partir de una trageia y acentuando el morbo, cuando precisamente da la sensación de lo contrario. Porque si se buscara el morbo fácil la película habría ahondado en las imágenes violentas de las orcas atancando a Dawn Brancheau o a otros cuidadores, y sin embargo la película se encarga muy bien de dosificar esas imágenes y sólo colocando las necesarias.

[1] Inteligentemente el documental se titula Blackfish antes que el nombre americano con el que se designan las orcas, Killer Whales (Ballenas asesinas)

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