Cielo Negro (1951)

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Cielo Negro (Cielo Negro, 1951) se trata de una película dirigida por Manuel Mur Orti a inicios de los años cincuenta. Manuel Mur orti , un cineasta del que por cierto prácticamente se ha hablado muy poco, realiza una película que mantiene paralelismos con otras películas de los años cincuenta, como sería Calle Mayor (Calle Mayor, 1956) de Juan Antonio Bardem. En ambas películas nos encontramos con un protagonismo femenino sobre el que recae todo el peso argumental de la película. Y en ambas películas, las dos chicas se encuentran aisladas en un mundo opresivo. Ambas ven el amor como una salida, pero son engañadas por una ceguera y finalmente no son correspondidas.

Tanto la película de Bardem como la Mur Orti reflexionan sobre la condición femenina y la mujer en la sociedad española de los años cincuenta para retratar un mundo gris y aislado. Nuestra protagonista no está totalmente acoplada en la sociedad, sino que vive aislada en su mundo personal del que no sale más que en momentos contados (por ejemplo la feria, de la cual la chica habla como si fuera una oportunidad irrepetible en su vida). La protagonista que interpreta Susana Canales vive reclusa en el piso de su madre y en el lugar donde trabaja, un mundo particular en el que Cielo Negro se entretiene en retratar.

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Interesante el artículo que escribe Mabel Richart sobre la película[1]. Se nos pone al corriente de la metáfora con la que juega Manuel Mur Orti durante toda la película, y con la que se desarrolla argumentalmente Cielo Negro. La clave es sin duda alguna la Ceguera (en clave metáforica).Físicamente, nuestra protagonista sufre una miopía importante, que le provoca dolores de cabeza. De hecho, la película se abre con una secuencia en la que la vemos mal, debido a que ha forzado la vista al traducir unas cartas( que en realidad las ha traducido para el personaje al que ama). La primera parte de la película, en la que paradójicamente nuestra protagonista siempre lleva las gafas encima, nos muestra la ceguera metafórica de nuestra protagonista. Ella no ve la realidad, sino que la interpreta como le conviene. Por este motivo no es capaz de ver que el personaje que interpreta Luis Prendes nunca la ha amado. Esta primera parte termina con la lluvia que invade la feria y deja a nuestra protagonista totalmente manchada de barro. Durante el ajetreo de la lluvia además pierde las gafas.

En la segunda parte de la película, nuestra protagonista que ya no lleva las gafas, empieza a darse cuenta de la realidad que le rodea. Y esa realidad, se convierte en inexorable para ella. Poco a poco el mundo va imponiendo su crueldad. El clímax de este avance amargo tiene lugar con la visita que realiza el personaje al médico, en el que el ciclo se termina de completar, y el médico avisa a nuestra protagonista que inevitablemente va a perder la vista. A pesar de este hecho, hemos presenciado una triste evolución en la que el personaje de Susana Canales ha empezado realmente a abrir su visión hacía el mundo. Esta visión de hecho le llevará a intentar cometer suicidio. La salida que propone Cielo Negro es evidentemente trágica.

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Seguramente lo que más molesta en Cielo Negro lo debemos a la visión contemporánea con la que nos enfrentamos al verla. No tanto un problema de la película sino del propio espectador. Me refiero a lo que podríamos denominar como tono folletinesco, un drama que puede parecer excesivo a primera vista. La película gira argumentalmente en ir colocándole trabas a nuestra protagonista, que poco a poco llega a pensar en el suicidio como única opción. Hay sin duda un catastrofismo inherente en la película. Es cierto como decía, que puede molestar a más de un espectador que ve semejante concatenación de acontecimientos como un giro totalmente tendencioso del guión para provocar la sensibilidad del espectador, pero en realidad debemos aproximarnos al contexto histórico para poder apreciar correctamente Cielo Negro. En el año 1951, en el que se rueda la película, es evidente que toda esta carga de pesimismo va directamente dirigido como una potente crítica hacia gran parte de la sociedad, desde los empresarios que se dedican a extorsionar como quieren a sus trabajadores (el despido de nuestra protagonista) hasta el Poeta que interpreta Fernando Rey, un hombre que juega como quiere con la voluntad de la mujeres (es cierto que finalmente se arrepiente).

El final comentado no deja de ser una imposición de la Censura que no podía permitir que el mensaje tan pesimista del final acabará imponiéndose. Por eso Manuel Mur Orti acaba firmando una pantomima de Travelling (técnicamente perfecto, eso sí) que nos muestra a nuestra protagonista entrar en una iglesia después de haber oído unas campanas. En el recinto sagrado, nuestra protagonista acaba realizando un monólogo bochornoso en el que la oímos auto convencerse para finalmente no suicidarse. Un atentado artístico que va en contra del propio discurso que estaba realizando la película.

[1] Mabel Richart, Estudios de Filología, historia y cultura hispánicas, Ed.Universitat de València, Valencia 2000

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