La Ruta del Tabaco (1941)

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No hay unanimidad crítica respecto a la película de John Ford, Tobacco Road (La ruta del Tabaco, 1941) sino que parece haber una división entre quienes la consideran una película menor del director y los que creen que es una película más que apreciable. La película, que cuenta con el guionista Nunnally Johnson (con quien ya había colaborado con Ford en las Uvas de la Ira; es cierto que a este nunca le gustó, y dicen que la calificó de fiasco en diversas ocasiones[1]) el cual adapta una popular obra de teatro (de Erskine Caldwell, como anuncia el propio prólogo) es una de las obras más atípicas de Ford. O por lo menos, no se trata de un Ford convencional.

Al igual que un año antes con The Grapes of Wrath (Las Uvas de la Ira, 1941) la película se centra en unos personajes de estatus social muy bajo. Es la pobreza la principal protagonista de ambas películas. Sin embargo, mientras que en Las Uvas de la Ira el tono era declaradamente más serio, en La ruta del Tabaco el cineasta se permite muchos más trazos de humor. La película gira en torno al protagonista que interpreta Charley Grapewin, un anciano campesino que vive con su familia en un pequeño pueblo rural pobre y aislado de la civilización.

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En las primeras secuencias Ford ya realiza una declaración de intereses, mostrándonos unas escenas que destapan una vena pícara y a la vez ponen de relieve la humildad social de los protagonistas. Sin embargo el motor argumental  de la película viene en el momento en que un hombre de la civilización viene a cobrarse un alquiler por las tierras de nuestro protagonista y su familia. A partir de ahí los personajes principales deberán obtener cien dólares si quieren salvar su vivienda.

Hemos de tener en cuenta que la película realiza también una radiografía de uno de los sectores que mejor conocía Ford, como era el de la inmigración irlandesa. Por este motivo nos encontramos con el gran número de canciones cristianas propias de esa tierra, o la manera en la que describe a las familias pobres de la zona rural donde se ubica la película.

Hay sin duda un halo romántico en la mano del director, que parece mimar y compadecerse de sus personajes. Sin duda el más entrañable es el principal, el que interpreta Charley Grapewin. El actor está absolutamente colosal en el papel de un anciano que a la edad más adulta de su vida ve cómo ha de adaptarse o morir. El personaje podría competir perfectamente en una lista de los más entrañables dentro del cine de John Ford.

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A diferencia de los personajes míticos de las películas Westerns que Ford cultivaba y cultivaría durante toda su carrera, resulta complicado compararlos con los que encontramos en La Ruta del Tabaco. Si no fuera por el humor, incluso resultaría lógico comprender que a la mayoría de espectadores los personajes les resultaran inaceptables e inmorales, o cuanto menos una panda de paletos a los que no haría falta dedicarles una película. Sin embargo, John Ford no edulcora la visión de la pobreza, sino que la muestra con toda la dignidad posible. Y las intenciones del cineasta quedan más que patentes en el final de la película, que abandona el tono humorístico que había mantenido durante todo el metraje, para crear uno de las escenas más amargas de todo el cine de Ford (es increíble como este director era capaz de hacernos pasar de la alegría a la tristeza en tan poco tiempo, y eso en la Ruta del Tabaco queda más patente que nunca). Además, aunque el final parezca a priori un tanto impostado, intentando cerrar el filme con un falso Happy End, lo cierto es que es mucho más triste si lo analizamos en frío. No ayuda al espectador que el humor de la película sea tan disparatado que roce claramente el absurdo (pensemos en la manera en como conducen todos los personajes)

El filme tuvo algunos problemas con la censura, especialmente con Gene Tierney y su papel. Tierney interpreta a la hija de nuestro protagonista principal, y en la película la vemos claramente enamorada de uno de los miembros del pueblo. John Ford no tiene ningún tipo de tapujos para, amparándose en el humor como resquicio, mostrarnos su ímpetu y avidez sexual. Los deseos sexuales del personaje quedan tan claramente plasmados que Ford parece que parodie las actitudes de estos campesinos.

[1] Joseph McBride, Searching For John Ford, Ed. University Press of Missisipi, Florida 2001, pp.317

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