Pim, Pam, Pum…¡Fuego! (1975)

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Pim, Pam, Pum…¡Fuego! (Pim, Pam,Pum…¡Fuego!, 1975) Se trata de un filme dirigido por Pedro Olea, y que como otros filmes españoles estrenados durante el tardofranquismo, retrata una historia que el régimen había tratado de ocultar para que no tuviera su hueco en la gran pantalla. La película se llegó a estrenar sólo un mes antes de que falleciera Francisco Franco. La sensación crítica de la película y el maremoto que supuso fue tan grande que años después, aún incluso en democracia, la película fue censurada en su pase para televisión (en el año 1981, como indica un artículo periodístico fechado el 14 de octubre de ese mismo año en El País).

La película revisa la historia de la posguerra para aclarar lo que sucedió con ciertos sectores de la población, los más desfavorecidos (tanto por pobreza como por motivos políticos) y como la sociedad se organizó en torno a un sistema económico y de relaciones injusto.

La película nos presenta por primera vez con relevancia en el cine español, la figura del Maqui (el rebelde armado de izquierdas que siguió el conflicto después de que terminara la guerra civil española). Se trata del personaje que interpreta José Maria Flotats, de nombre Luis, y que pretende huir hacia Francia. Se trata de un personaje que simboliza la España derrotada que debido a sus enlaces con la república, no puede camuflarse en el nuevo gobierno. Derrotado y resignado, el personaje intenta huir del país. Luis utilizará el tren (de manera ilegal, colándose) y allí conocerá al personaje que interpreta Concha Velasco, que trabaja como bailarina aunque en ese momento carece de empleo. Entre ellos surgirá una relación que en parte la película retratara, en una historia de amor imposible.

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Una de las tónicas habituales de la película consiste en mostrarnos la relación abusiva que se establece entre el personaje que interpreta Fernando Fernán Gómez y el de Concha Velasco. Una relación, que por otra parte es extrapolable para entender la película como una radiografía de la posguerra española. Fernando Fernán Gómez, interpreta un personaje interesante. Significativamente, nunca se nos explica o detalla su trabajo, pero sin embargo sabemos que es infinitamente rico. Su obsesión se centra en el personaje de Velasco, de la que está totalmente enamorada. Por ello, no tiene ningún tipo de escrúpulo para realizar cualquier maniobra, sea ética o no, para conseguir que ella caiga en sus brazos. La película define pues a este personaje como un ser vil que no tiene ningún reparo en utilizar sus poderes para manipular a los demás. Un personaje que no deja de ser una parábola que utiliza Pedro Olea para retratar al régimen Franquista, que estaba basado en estos mismos peces gordos, burgueses, que se diferenciaban totalmente del resto de la sociedad y que al fin y al cabo eran los que dominaban y regían el país.

La crítica no se queda ahí, sino que se expande totalmente por el filme. Cada minuto de Pim, Pam, Pum….¡Fuego! es una mirada crítica hacia la España de aquellos años. Por ejemplo, cuando el personaje del abuelo de nuestra protagonista decide encender la radio porque “Si quieres enterarte de la verdad, tienes que escuchar la radio inglesa”, aludiendo a la manipulación de los medios de comunicación españoles.

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La profesión de la protagonista principal también tiene un papel muy importante en la película, y además sirve para hablarnos de la sociedad del momento. Se trata de una cantante, una artista que trata de buscar un trabajo en la sociedad del espectáculo de la posguerra. Los tópicos sobre los artistas y el mundo degenerado que representan para algunos como el propio padre de la protagonista aparen reflejados en el filme. De igual manera le sucede al mundo de la música y el cabaret, que Pedro Olea representa con los diversos números musicales que interpreta Concha Velasco.

A destacar la fotografía que firma Fernando Arribas, y que ha quedado al margen en muchos análisis críticos al contrastar con la enorme dimensión política de la película. Sin embargo, la fotografía de Pim, Pam, Pum…¡Fuego! Cuenta un papel indispensable en el desarrollo de la película. La película está realizada en los años setenta, pero la intención es representar la inmediata posguerra y por tanto la fotografía se adecua a ello. Uno de los recursos que emplea Fernando Arribas para acrecentar este objetivo es el de crear una especie de entelamiento del plano, que parece situarse entra la cámara y el objetivo. El resultado es mágico, porque la película consigue mostrarnos una imagen que parece cercana a la España de los años cuarenta. También observamos como la luz es manipulada para crear en ciertos marcos un efecto totalmente resplandeciente, que da una cierta sensación de antinaturalismo. Una luz mágica que tamiza la película marcando unas directrices marcadas por el objetivo del filme y de Pedro Olea.

Si es cierto que existe un maniqueísmo inherente (el bueno es un maqui y el malo un franquista), pero también es igualmente verdad que hemos de tener en cuenta la fecha en la que se produce el filme de Olea.

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