T-Men (Brigada Suicida, 1947)

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T-Men (Brigada suicida, 1947) es una película que podemos clasificar dentro del cine negro y está dirigida por uno de los cineastas más interesantes del cine clásico norteamericano, Antohny Mann.  A este director lo acostumbramos a relacionar casi directamente con sus películas Westerns, como Winchester 73 (Winchester 73, 1950) o Bend of the River (Horizontes Lejanos, 1952). Lo cierto es que en la primera etapa del director podemos rastrear películas pertenecientes al cine negro, aunque no tan exitosas como las que le dieron nombre. Otros ejemplos además del que nos ocupa sería The Great Flamarion (El gran Flamarion, 1945) o Desperate (Desesperado, 1947).

Brigada Suicida es una de ellas. Es cierto que la película pertenece al cine negro, pero también tiene sus peculiaridades. Y es que no es habitual que los protagonistas sean dos policías, agentes de la ley, infiltrados en una mafia criminal, sino que el prototipo de protagonista es el detective privado, que tiene al intérprete Humphrey Bogart como su máximo exponente.  La obra gira en torno a estos dos infiltrados que se adentran en una banda criminal de falsificadores de dinero para poder desmantelarla y entregarla a la justicia.

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Una de las cosas que más choca en la película es precisamente la particular oda que supone Brigada Suicida a la ley y a los organismos policiales que velan por los intereses de la población norteamericana. Ya lo intuimos desde los primeros minutos del largometraje cuando la voz en off (que acompañará al espectador durante todo el filme) nos presenta a uno de los máximos responsables del gobierno, que nos detalla la operación que la película desgrana en su metraje. Hay pues una vena documental bastante notable, que trata de hacer verídica la historia, mostrándonos los hechos que vemos como una operación policial real.

Pero además y como comentaba anteriormente, estos hechos supuestamente verídicos son presentados como una elogio hacía estos organismos . La voz en off nos detalla las virtudes de los policías y exalta en todo momento sus heroicas acciones. Por otra parte, este recurso narrativo es empleado por Mann de manera constante, y es utilizado para destripar todas las secuencias que están teniendo lugar, presentándolas de manera diseccionada al espectador. En ocasiones incluso remarca lo que el propio espectador ya está presenciando con sus ojos.

Lo cierto es que a pesar de que Brigada Suicida no es una película perfecta, nos deja grandes destellos de calidad y anticipa el futuro estrellato de Anthony Mann como realizador. La película crea auténticos moldes iconográficos que posteriormente serían repetidos en muchas otras obras.

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Por ejemplo, la infiltración de los dos policías en la banda resulta totalmente modélica. Desde su formación, que es mostrada por el realizador como un ejercicio intensivo que los dos hombres llevan a cabo, hasta una secuencia clave que tiene lugar hacía el final de la película. En esta escena, uno de los dos policías es descubierto por el resto de los criminales, que deciden ajusticiarlo sin piedad. El otro, su compañero, decide callarse porque sabe que si hace algo se delataría y acabaría con la misma fortuna. También podríamos citar la secuencia del asesinato en la sauna y otras tantas que realmente constituyen una creatividad desbordante que posteriormente sería saqueada por numerosas películas.

Incluso más allá de este nivel argumental, hay que destacar las calidades formales que desarrolla Brigada Suicida. Lo cierto es que para un espectador que esté familiarizado con el período artístico más célebre de Mann (sus Westerns) le resultará totalmente sorprendente su uso de una fotografía oscura que engloba a los personajes en las tinieblas más densas. Porque es evidente que el cine negro emplea en líneas generales el claroscuro, pero en Brigada Suicida Antonhy Mann va un paso más allá abigarrando completamente el filme con la oscuridad. Un manierismo estético que en ocasiones incluso impide que el espectador se enteré claramente de lo que está sucediendo, por no poder ver ni el rostro de los personajes que están cometiendo las acciones. Algunos[1] incluso han relacionado esta estética que propone el filme con la obra pictórica de uno de los artistas norteamericanos más populares del Siglo XX, Edward Hopper, que precisamente se especializó en la creación de atmósferas lumínicas. Por todo lo comentado, es imprescindible citar el nombre de John Alton, el director de fotografía de Brigada Suicida, y uno de los hombres que colaborarían con Mann en su primera etapa, más ligada con el cine negro como ya hemos dicho.

[1] Gian Piero Brunetta, Historia Mundial del cine I: Estados Unidos II, Ed. Akal, Madrid 2012, pp. 973

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