Así en la Tierra como en el Infierno (2014)

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Los Hermanos Dowdle (John  y Drew) han perpetrado una de las películas más bochornosas pertenecientes al subgénero del found footage, como es As Above, So Below (Así en la tierra como en el infierno, 2014), un desvarío constante que no tiene ningún tipo de reparo en mezclar ficciones históricas aunque no sean verosímiles en ningún momento. En cierto sentido ver Así en la tierra como en el infierno (no sé que se les pasó por la mente a los traductores) es como visionar una película basada en el Enigma Sagrado de Henry Lincoln. Por otra parte, estos dos hermanos ya tienen una cierta experiencia en este subgénero cinematográfico, desde que se estrenaron en el cine con la que seguramente es su mejor película, The Poughkeepsie Tapes (The Poughkeepsie Tapes, 2007) , que jugaba aún más con el falso documental, o la infame Quarantine (Quarantine, 2008) que adaptaba la película Española Rec (Rec, 2007).

La película nos presenta una protagonista interpretada por Perdita Weeks, una investigadora obsesionada con la piedra filosofal. Sí, la de Nicholas Flamel, más conocida por ser el tema principal de la primera aventura del mago de ficción más famoso de Europa. En el personaje de Perdita Weeks se suman diversos personajes como Indiana Jones o Lara Croft, configurando un carácter ciertamente predecible. Gran parte de la película explota el recurso de los Puzzles (aunque sean tremendamente básicos) que los personajes resuelven.

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El caso es que continuamente la película juega a colocar la tontería más grande a cada paso (una acumulación de barbaridades con transfondo pseudohistórico). El Poco respeto del cine norteamericano hacia la historia sigue haciéndose patente en Así en la Tierra como en el infierno. Los ejemplos son tan notables que podríamos realizar una lista exhaustiva, aunque pondremos sólo algunos ejemplos: Uno de ellos es sin duda la ridícula historia de la piedra filosofal. Sí ya de por si lo que muestra la película está desarrollado pesimamente (nuestra investigadora resuelve donde está la ubicación de la piedra con algunos acertijos de preescolar) aún resulta más cómico el hecho de que nuestros protagonistas se vean inmersos en un descenso absurdo hacia el centro de la tierra en busca de dicha piedra. Este ridículo constante que ofrece el filme llega a provocar risas involuntarias en el público, que no es capaz de creerse lo que está viendo.

No ya sólo que se rompan todas las lógicas de la física (no se quedan en ningún momento sin oxígeno, ni parecen tener sed o hambre) sino que los personajes siguen adelante en su búsqueda sin que se planteen nada (yo al ver un hombre al que se suponía perdido en las catacumbas durante dos años por lo menos le preguntaría donde ha estado todo este tiempo). Sin saber cómo ni por qué, los protagonistas siguen avanzado por las catacumbas incluso después de haber encontrado su objetivo (lo que les lleva al mismísimo infierno).

En definitiva, después de todas estas tonterías nos encontramos con una película que no deja de ser un tren de la bruja, con un colofón artificial como resulta el propio viaje hacía el infierno.

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Resulta gracioso que el Found Footage que encontramos en la película sea totalmente artificial e increíble. A pesar de que teóricamente la película nos pretende colar el material de filmación como imágenes documentales, lo cierto es que este sistema es un mero pretexto. Más que nada porque el montaje que utiliza el filme rompe con cualquier lógica (como es posible que se recupere el punto de vista de los que han fallecido en la expedición). Nuestros protagonistas tienen una serie de cámaras instaladas en sus cascos, pero en realidad los hermanos Dowdle intercambian de punto de vista como si fuera un partido de fútbol.

En realidad todo obedece al objetivo principal del filme, que tiene la intención de crear un efecto de Montaña rusa. Así los primeros minutos son un gancho que trata de atraer al espectador, mientras que a medida que avanza la película hay un aumento de la dosis de sustos que ofrece la película, hasta avanzar a la fase final. Pruebas de videojuego que se superan una a una.

La sensación de claustrofobia, que pueda recordar a otra cinta española que también utiliza el found footage, La Cueva (La Cueva, 2012) es quizá la única baza positiva que pueda ofrecer la película. A ello ayuda al presupuesto más que correcto (sobre todo si tenemos en cuenta otras películas del subgénero) que permite unas localizaciones excelentes. Desde la vista de un París ciertamente espectacular (con la secuencia de la Iglesia) hasta las laberínticas catacumbas que nos muestra el filme.

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