El Gran Flamarion (1945)

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The Great Flamarion (El Gran Flamarion, 1945) se trata de una de las películas que dirige Anthony Mann en su primera etapa, donde encontramos obras que se acostumbran a clasificar como cine negro, antes de realizar los filmes enclavados en el género Western, que son los que realmente darían fama al cineasta.

El Gran Flamarion tiene unas características bastante ligadas con el cine negro, aunque también es verdad que es una película con singularidades propias. Seguramente una de las más claras es la relación que muestra la película con el mundo del espectáculo. La película gira en torno a un triangulo amoroso entre los personajes que interpretan Eric Von Stroheim, Dan Duryea y Mary Beth Hughes. Sin embargo esta relación se produce en un escenario curioso, y es que los tres personajes realizan un espectáculo circense/teatral (nada de investigadores privados, contactos con la mafia, la policía, o similares). De hecho, la obra que ellos mismos forman no deja de ser una metáfora de la propia relación. Ahí hay que decir que la película, que adapta una obra de Vicki Baum, acierta tremendamente.

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Y es que el número que representan los tres actores es el siguiente: Stroheim es un marido celoso que llega a su casa y se encuentra con que su mujer (Mary Hughes) se la está pegando con otro (Dan Duryea). A partir de ahí el personaje de Stroheim se lía a tiros contra el amante. Evidentemente en la función no dispara sobre este, sino que hace una exhibición de puntería. Sin embargo, en cierto momento de la película, Stroheim se compincha con el personaje que interpreta Mary Hughes para que la función se haga realidad, de tal manera que la representación que aparentemente es ficticia se materializa en el filme. Una metáfora más que interesante.

La película utiliza otra característica indiscutible del cine negro, como es el Flashback. Y es que la película no nos presenta la historia de una manera cronológica, sino que empieza con un asesinato (o doble, según veamos). Será el personaje de Stroheim, moribundo después de haber recibido dos tiros, quien relate la historia mediante este recurso narrativo (inteligentemente vuelve a reaparecer en algunas ocasiones, porque con dos tiros lo lógico es que sea totalmente imposible contar totalmente la historia que le cuenta al personaje que trata de atenderlo).

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Otro elemento clásico del cine negro es la Femme fatale, el personaje femenino que encarna Mary Hughes. Sin duda en la película nos encontramos con un ser totalmente perverso, que utiliza los hombres a su antojo, jugando con ellos para obtener un beneficio personal. Ya sea con su marido o con su amante, la película la define como una auténtica viuda negra. Un aspecto que en definitiva no deja de tener un cierto componente misógino.

Inevitablemente el personaje que interpreta Eric Von Stroheim en El Gran Flamarion nos evoca al que cinco años más tarde interpretaría en Sunset Boulevard (El Crepúsculo de los Dioses, 1950). Su patetismo es igual de comparable. Y es que en ambas películas Stroheim, célebre especialmente por haber sido el cineasta y director de películas escandalosas (en las que siempre salían a colación los escándalos sexuales de sus actrices), interpreta a un personaje que vive del pasado y que se arrastra como un fantasma en el presente. Es cierto que la película de Billy Wilder acentúa estas características, pero la sensación que nos produce el personaje que encontramos en El Gran Flamarion es igualmente inquietante. En la obra de Mann, nuestro personaje encarna un veterano artista de circo que realiza un peligroso número, que consiste en disparar objetos que se encuentran cerca de sus compañeros de función (como ya he comentado antes). La película nos retrata a este singular personaje como un hombre hastiado, que ha perdido la fe en el hombre y se mantiene aislado en su propia burbuja.

Sin embargo, una mujer le hará cambiar, el personaje que interpreta Mary Beth Hughes. Nuestro personaje se enamora de ella y en un principio parece que es reciproco (siempre que tengamos en cuenta la estructura del flashback inicial, es evidente que el espectador ya sospecha algo desde el primer minuto) pero finalmente todo se va al traste. Las últimas esperanzas de que el personaje de Stroheim, digamos, se socializará finalmente se hunden en un mar de desesperanza. La creación de este maravilloso (que a pesar de sus desgracias y de su frialdad consigue conectar con el espectador) personaje se debe en gran parte a la interpretación de Stroheim, quien realiza una magnífica actuación.

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