L’uomo dalla Croce (1943)

Luomo dalla Croce

Aunque poca gente conozca este hecho, realmente existe un Roberto Rosellini anterior a Roma, Città aperta (Roma, ciudad abierta, 1945). De hecho realizó tres largometrajes (no contaremos su primer cortometraje, realizado ante un acuario), en lo que se denomina como la trilogía fascista, compuesta por Un piloto ritorna (Un piloto regresa, 1942), La Nave Bianca (La nave Blanca, 1942) y L’uomo dalla Croce (L’uomo dalla croce, 1943).

Y si se conoce como trilogía fascista es precisamente porque se tratan de películas que vanaglorian, de una u otra manera, el régimen fascista de Mussolini. Los tres filmes tienen lugar en escenarios bélicos, por eso también se la ha tildado de Trilogía armada o bélica[1].

En L’Uomo Dalla Croce, el objetivo del filme es el de realizar una oda a los valores católicos que en definitiva encarna nuestro protagonista principal, un cura italiano interpretado por Alberto Tavazzi (un pintor italiano que por primera vez actuó en una película con esta película), en contraposición de los soldados soviéticos, que encarnan la malignidad laica (no es ninguna sorpresa el saber que Rossellini fue un creyente que impregna en diversas de sus películas el mensaje católico). Pero además, parte del guión lo firma Asvero Gravelli, quien había participado en la defensa del fascismo de manera activa desde plataformas como la radio, y tanto él como Rossellini se inspiran en la figura real del cura Reginaldo Giulani (un cura que murió en manos de las tropas soviéticas). En este último sentido, la película puede evocar ciertos aspectos del neorrealismo, que se han acostumbrado a señalar como precedentes.

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De hecho, estos precedentes también aparecían en La Nave Blanca, donde la película utilizaba escenarios totalmente reales para desarrollar la historia (evidentemente, un barco). No sólo es que la película se encuentre basada en una historia real, sino que además Rossellini se empeña en mostrarnos un naturalismo que poco tiene que ver con la heroicidad con la que otros cineastas italianos, como Alessandro Blassetti, mostraron la guerra. Por ejemplo, las secuencias iniciales en las que se nos muestra la vida cotidiana de los soldados italianos (vemos como juegan y como mantienen conversaciones banales) que demuestran un claro naturalismo. De hecho, toda la trama se aleja de la epicidad para acercarse al conflicto real, aunque se encuentre tamizado por el mensaje religioso.

La idea del sacrificio, que tantas veces rondará las películas más célebres del cineasta italiano, ya aparee por primera vez en una de sus primeras películas como L’Uomo della Croce. Es cierto que donde más impacto consigue Rossellini en este sentido es con la muerte del cura en Roma, Ciudad Abierta o el suicidio del niño en Germania, anno zero (Alemania, año cero, 1948). El sacrificio en las películas de Rossellini resulta inevitable para que el mundo que desarrolla a lo largo del filme pueda continuar existiendo después del propio personaje. Como si la propia idea de Cristo, muerto para salvar la humanidad, se transmutará a los personajes de Rossellini, que aceptan su destino trágico para finalmente conseguir que los demás personajes puedan continuar con sus vidas. En L’uomo della Croce volvemos a ser testigos (o para ser más exactos, ya aparece esta idea) del sacrificio encarnado en el personaje principal del cura. Un cura que continuamente muestra su continuo desvelo hacía sus demás aunque para ello ponga en peligro su propia vida (de hecho, debido a una acción humanitaria la película empieza, cuando decide quedarse para cuidar de un soldado herido que no puede seguir adelante y que es abandonado por los demás militares).

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La estructura de la película la podemos dividir en tres partes. En la primera encontramos el relato quizá más documental, como es la presentación de la vida dentro del campamento italiano improvisado. En la segunda parte nuestro cura y otros aldeanos se encuentran reclusos en un pueblo ocupado por las tropas soviéticas, que a la vez está siendo atacado por el fuego italiano. Allí la película desarrolla el discurso ideológico de la película, en la que nos muestra a nuestro cura como un mártir cristiano. Además de la dualidad que se expresa entre este personaje, dechado de virtudes, y la de los soviéticos, que representan la barbarie (incluso estéticamente la película pretende asociar la imagen de los Soldados soviéticos con la de uno desarrapados) se hace una oda hacía la evangelización. Nuestro cura desconvertirá (como si se tratara de un virus) del comunismo a una soldada soviética, que presencia la muerte de su compañero sentimental. La tercera parte del filme es la resolución trágica, que acabará con la idea de sacrificio antes comentada.

[1] Como podemos encontrar en  dentro de Peter Brunette, Roberto Rossellini, Ed. University of California press, Berkeley 1996, pp.25

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