Patrulla Perdida (1934)

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Un Grupo de soldados británicos se adentra en el desierto durante la Primera guerra mundial (cronológicamente la película se ubica en el año 1917). Sin embargo, mientras viajan por las dumas, el oficial de la patrulla es asesinado por los árabes. Él era el único que disponía sobre la información de donde se dirigía la patrulla y cuáles eran sus objetivos. La patrulla se encuentra por tanto perdida en medio del desierto y siendo acosada por un grupo de árabes. Ese es el argumento de The Lost Patrol (La Patrulla Perdida, 1934) uno de los primeros éxitos comerciales de John Ford y que le permitió rodar un año después The Informer (El Delator, 1935)[1]. La película estuvo producida por la RKO, y se filmó en el desierto de Yuma[2], una ambientación cercana a los estudios de la RKO (por lo menos más cercana que los lugares donde en teoría ha de transcurrir el filme).

Es cierto que John Ford es uno de los maestros indispensables del género Western, pero además de esa parcela, el cineasta también realizó varias películas bélicas, que además parecen seguir un esquema común. Otros ejemplos parecidos que el cineasta realizó son Air Mail (Hombres sin miedo, 1932) o Men without Women (Tragedia submarina, 1930). Películas que a pesar de que pueden estar basadas en un conflicto real y de consecuencias mundiales, como lo es la primera guerra mundial, abarcan siempre un reducido grupo de personajes. Los intereses de Ford se basan en la relación de unos y otros y como son capaces de sobrellevar las vicisitudes a las que se enfrentan.

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The Lost Patrol (La patrulla perdida, 1934) es pues una película que se basa en una galería de personajes, y desarrolla las relaciones que estos mantienen entre ellos. Tres nombres sobresalen dentro del reparto, Victor McLaglen, Boris Karloff y Wallace Ford. McLaglen interpreta al líder de la pequeña patrulla, que imprime sus duras órdenes con tal de conseguir que todos salgan vivos de ahí. A pesar de que pueda parecer que en un primer momento el personaje actúa de manera demasiado férrea, a medida que los árabes intensifican sus ataques, McLaglen se irá enterneciendo y mostrando su lado más compasivo. Por su parte Wallace Ford encarna a uno de los soldados de la patrulla, que se ve superado ante la situación.

Aparece el intérprete Boris Karloff en un personaje bastante extravagante, que precisamente fue el más atacado por la crítica[3], encarnando a un soldado religioso que trata de que sus compañeros de armas se arrepientan totalmente de sus pecados. Por esa vía, parece que Patrulla Perdida parece querer abrir un debate, pero que resulta inane especialmente por los aspavientos que realiza el personaje de Karloff, que acaba convirtiendo su discurso en una pantomima.

En ocasiones la película puede pecar de repetitiva, pues no deja de seguir el mismo esquema durante todo el metraje. Dicho esquema consiste en mostrar como la patrulla se va reduciendo poco a poco por los ataques árabes (todos solucionados formalmente de la misma manera) cuando algunos personajes se alejan del grupo. Es cierto que la película tiene un ritmo bastante ágil (en parte por la corta duración del filme) pero se trata de una de las películas de Ford con menos carga ideológica más allá de lo que vemos en primer término de la pantalla. En definitiva, la sensación final que tenemos cuando acaba el filme es el de haber asistido a nada más que un bonito entretenimiento.

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La película fue nominada a los Oscars del año 1934 en el apartado de mejor banda sonora original. Lo cierto es que la composición musical que realiza Max Steiner (compositor de origen Vienés) es excepcional, y además Ford la emplea de manera consciente. Si en el cine clásico es habitual que la música tenga un papel generalmente minoritario, en Patrulla Perdida alcanza niveles de gran protagonismo. Además la música no es una composición lineal, sino que incluye momentos dramáticos y recoge parte de aparente influencia oriental, para describir el ambiente donde transcurre la película.

La fotografía de Harold Wenstrom en blanco y negro, consigue hacer maravillas con las localizaciones tan someras de la película (el desierto y la mezquita). La película consigue alguna imagen estética de primera nivel, como la de los dos soldados adentrándose en las dunas del desierto, siendo engullidas por estas.

[1] Georges Sadoul, Historia del cine mundial desde sus orígenes, Ed. Siglo XXI, México DF 2004, pp.228

[2] Tag Gallagher, John Ford: The Man and His films, Ed.University of California Press, Berkeley 1986, pp.99

[3] Scott Allen Nollen, Boris Karloff: A critical account of His screen, stage, radio, Television…, Ed. McFarland Company, North Carolina 1991, pp.88

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