Primavera en Otoño (1973)

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Breezy (Primavera en Otoño, 1973) es una de las primeras películas que dirigió Clint Eastwood, la tercera para ser exactos, después de High Plains Drifter (Infierno de Cobardes, 1972) y Play Misty for Me (Escalofrío en la Noche, 1971).

La película que cuenta con uno de los intérpretes más célebres del cine clásico como es William Holden (en el 1973 ya un veterano) nos desarrolla un argumento con el que podemos encontrar parecidos con un filme que haría años más tarde Eastwood, The Bridges of Madison County (Los Puentes de Madison, 1995). Sin embargo, Eastwood aún no estaba preparado para afrontar una película de temática tan madura, y la taquilla se resintió de ello (además el público por aquel entonces le tenía encasillado como un autor del cine de acción), siendo un fracaso comercial, de hecho, uno de los más grandes en toda la trayectoria del cineasta.

Ya sorprende de primeras que el propio Eastwood, un icono por aquel entonces, no interpretará ningún papel en la película, al igual que se enfrentará con un género con el que hasta entonces no había lidiado, ni como director ni como actor: El romance[1].  Seguramente estos dos motivos fueron los causantes de su fracaso.

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Jo Heims, escritora que ya había trabajado con Eastwood en su primera película, Escalofrío en la Noche, firma un guión rico en matices que sin embargo no es capturado con todo su esplendor por Eastwood. La película gira en torno a la relación entre una Hippie y un hombre maduro. Por casualidades del destino se conocen y pasan bastante tiempo juntos, algo que hará brotar una llama de amor. El eje del filme se centra en una relación entre personajes que pertenecen a mundos totalmente opuestos.

El Personaje de William Holden, quizá parte del Alter ego del propio director, es un veterano agente inmobiliario. Está situado en un escalafón social alto y se regodea con la alta sociedad. Materialmente lo tiene todo, y sin embargo se encuentra vacío. El personaje femenino cambiará radicalmente el escenario de este personaje, transformándole al completo. William Holden realiza una brillante interpretación, y nos muestra perfectamente la soledad de un hombre maduro que ve pasar por delante la que puede ser su última gran oportunidad. Tanto Las conversaciones que mantiene el personaje con su círculo de amigos de la alta sociedad  que nos lo desnudan por dentro y las secuencias intimistas con Kay Lenz en las que él lleva la iniciativa son de lo mejor del filme.

Si para el papel masculino Eastwood contrató a una estrella consagrada del mundo del cine, para el femenino se la jugó a una baza arriesgada (y que ciertamente salió mal) como fue el hecho de fichar una actriz prácticamente desconocida[2]: Kay Lenz. Sólo había trabajado en un papel menor dentro de la película de George Lucas, American Graffiti (American Graffiti, 1973). Lo cierto es que Lenz es una de las responsables de que la película fracase. Su interpretación de Hippie rebelde resulta bastante forzada (no pondré en duda el conocimiento que tenía Eastwood sobre los Hippies en el 1973, pero lo cierto es que la película no define demasiado bien ni a la protagonista ni el círculo en el que ella se mueve) desbordando la extravagancia. En ningún momento su interpretación resulta verosímil, y además el guión describe el personaje como una auténtica idiota, que realiza aspavientos cada dos por tres para llamar la atención al personaje de Holden. Realmente, un personaje insufrible.

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La fotografía la firma Frank Stanley, quien colaboraría con Eastwood en tres ocasiones más contando esta, como Magnum Force (Harry el Fuerte, 1973), Thunderbolt and Lightfoot (Un botín de 500.000 dólares, 1974) y The Eiger Sanction (Licencia para Matar, 1975). Frank Stanley realiza un correcto trabajo, y la película de Eastwood se apoya en numerosos momentos en la fotografía para apoyar su discurso. Por ejemplo, en las numerosas secuencias en las que los protagonistas comparten un paisaje, como símbolo de unión (el personaje de Kay Lenz afirma no haber visto nunca el mar hasta que el personaje de Holden le trae a la costa Californiana).  Además, Stanley aprovecha estos momentos para darle un tono nostálgico, que va en consonancia con el teórico amor prohibido que se establece entre los dos personajes y su inevitable final, que  se planea a lo largo de la película.

Por otra parte, la versión al castellano de Primavera en Otoño fue una auténtica chapuza. No sólo por las escenas censuradas (algo habitual en películas transgresoras como esta), sino porque se hizo una auténtica barbaridad con el sonido del filme. En todo momento de la película, sólo llegamos a escuchar los díalogos, pero del resto del ambiente fondo absolutamente nada. Por ejemplo, si dos personajes están en la calle y mantienen una conversación, sólo oiremos a estos dos protagonistas, pero del ruido de la calle nada de nada. Un estropicio que enturbia totalmente la película que dirigió Clint Eastwood, en el 1973.

[1] Carlos Aguilar ,Clint Eastwood, Ed. Cátedra, Madrid 2009,pp.114

[2] Como podemos leer en el polémico libro de Patrick McGilligan, Clint Eastwood: Biografía, Ed. Lumen, 2010

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