Jhon Muere al Final (2012)

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John Dies at the End (John Muere al Final, 2012) supone una vuelta al cine por parte del director Don Coscarelli, después de estar diez años sin dirigir estrictamente una película  (obviando su participación en el año 2005 en la serie Masters of Horrors que organizó Mick Garris, donde Coscarelli realizó un mediometraje, titulado Incident on and Off a Mountain Road). El director, cuya carrera entera ha estado dedicada al cine fantástico y sobre todo el de terror, se hizo especialmente célebre por la película Phantasma (Phantasm, 1979; así como las secuelas derivadas de esta, que dirigiría el propio Coscarelli a lo largo de la de las décadas de los Ochenta y noventa) , película con la que comparte muchas características con su último filme, como si de hecho, el tiempo no hubiera pasado por Coscarelli. La película se basa en la novela de título homónimo del escritor David Wong.

Porque John Muere al Final sigue teniendo la misma esencia de película de culto que tenía Phantasma. Ahora bien, también es de justicia señalar que tiene los mismos defectos. La película es totalmente incomprensible. Miento, realmente podemos llegar a entender lo que expone el filme, pero es totalmente absurdo. Coscarelli ha aunado todo tipo de referencias propias del género fantástico y las ha unido en un guión que no tiene ningún tipo de vergüenza en mezclar en la batidora todos estos guiños con tal de sacar adelante la película. Del cine sobrenatural pasamos a la invasión alienígena, luego a los universos paralelos, monstruos y seres fantásticos que se pasean por la película…Coscarelli consigue que el experimento Frankenstiano que ha conseguido crear no se le caiga mediante el humor, que es el auténtico nexo de unión entre todas las partes, aunque no las ha tenido todas consigo. John Muere al final es mucho menos espectacular e interesante de lo que ella se cree en realidad, más o menos como ya le sucedía a Phantasma.

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No hay una linealidad, sino que la película sigue hacia atrás y hacía adelante como le conviene al director, que modifica a su antojo el desarrollo temporal del filme. Una estructura, desde luego interesante, pero que parece un tanto impostada, una pátina de pretenciosidad adicional. También es verdad que la incoherencia narrativa ya aparecía con anterioridad en la trayectoria del cineasta.

El argumento es realmente inexplicable. La película se inicia con un particular prólogo (con moraleja incluida) y luego vemos a nuestro protagonista, interpretado por Chase Williamson contarle el relato a Paul Giamatti.  Empieza pues un flashback sobre el que pivotará toda la historia. Coscarelli sustenta  la película en la extravagancia, creyendo que esta característica única puede servir como el único cimiento del filme. Tremendo error, pues la única sensación que esto provoca es la de la desesperación (la del espectador claro) que supone aguantar las numerosas necedades que plantea el filme.

Como ya apuntaba  anteriormente, sin duda el tono cómico es lo mejor del filme. La película se autoparodia continuamente y no tiene ningún miedo en admitir su propia comicidad. La película adopta una postura cercana al cine Pop, convirtiéndose en un filme frugal y banal, que no tiene reparos en homenajear a otros filmes, iconos de los años ochenta, como Ghostbusters (Los Cazafantasmas, 1984) o más cercanas a nuestro momento, como Men in Black: MIB (Men in Black: Hombres de Negro, 1997).

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Coscarelli confunde ritmo cinematográfico con saturación. Siguiendo esta premisa falsa, la película se convierte en un Tour agobiante que intenta sorprender a cada segundo, añadiendo ingredientes continuamente, aunque sean totalmente innecesarios para la película. Aún así Coscarelli no es idiota, y este ritmo de agobiantes disparates nunca consiste en algo que pueda hacer pensar al espectador, sino que es una mera acumulación de gags, incluso de Boutades, que se coleccionan como un gabinete de curiosidades cinematográfico. En definitiva, a partir de algo aparentemente trascendente  y universal (el mundo mismo se pone en riesgo en la película) se hace un espectáculo intrascendente.

Que la película no es tan lista como ella misma se cree lo podemos encontrar en numerosos momentos, pero queda bastante patente con la secuencia en la que los protagonistas se dirigen a un universo paralelo. Lejos de utilizar la imaginación necesaria, Coscarelli rehuye al chiste fácil, para elaborar un mundo que pretende ser gracioso sin conseguirlo.

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