La Bestia del Reino (1977)

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Jabberwocky (La Bestia del Reino, 1977) se inspira, que no adapta, en el poema de título homónimo que escribió el célebre escritor británico Lewis Carroll. La película se trata del debut como director en solitario de Terry Gilliam, quien hasta el momento era conocido especialmente por su trabajo dentro del grupo cómico de los Monty Pytthon. De hecho, Gilliam ya había coodirigido alguna película con otro miembro del grupo, más en concreto con Terry Jones, en Monty Python and the Holy Grail (Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores, 1975).

Sin embargo, La Bestia del Reino es una película que parte de un guión del propio Gilliam (en colaboración con Charles Alverson) y que a pesar de que cuenta en el reparto con varios miembros de los Monty Python, como John Palin y Terry Jones (este último en un papel muy menor) su autoría se debe exclusivamente a Gilliam, quien como ya he dicho, dirige exclusivamente la película. La Bestia del Reino muestra ya algunas señas características del cine de Gilliam que encontraríamos en obras posteriores, como Brazil (Brazil, 1985). También es verdad que la promoción de la película buscó descaradamente la conexión con el grupo cómico, llegando a vender la película con el título de Jabberwocky Monty Python’s[1], algo que molestó profundamente a Gilliam.

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La película se adentra en una edad media fantasiosa, que en parte recuerda a la que habíamos visto en Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores. El protagonista principal es interpretado por Michael Palin es un tonelero al que su padre deshereda, con lo que debe buscarse la vida fuera del campo, marchándose a la ciudad. Entre medias, Gilliam añade una tremenda bestia, que da el título al español y que quien sea capaz de destruirla se ganará la gratitud del rey (no hace falta ser muy listo para ver por dónde van los tiros).

Lo cierto es que La Bestia del Reino no es una película histórica, sino todo lo contrario. Gilliam utiliza el contexto histórico para elaborar una fantasía delirante que poca relación tiene con la auténtica realidad. La fantasía, elemento indispensable para entender a este cineasta, aparece ya en su primera película.  Eso sí, con un gusto malsano y contracultural. La Bestia del Reino recurre a influencias pictóricas como las del Bosco o Peter Bruegel[2] para elaborar una atmósfera oscura y siniestra, que tiene mucho en común con películas como Brazil. El Mundo que elabora Gilliam está distante de la realidad y para una mente cualquiera resulta imposible que se sustente. Sin embargo, una de las virtudes del director es la de ser capaz de construir un mundo que tiene sentido por sí mismo, en cuanto es mirado en su globalidad  (La composición organizada de la sociedad no tiene sentido visto pieza por pieza, pero juntas forman un mosaico básico).

Seguramente mucha gente no entendió el humor del filme, y eso explica en parte la recepción comercial tan pobre del filme. Y es que la película va mucho más allá del humor surrealista de los Monty Python, añadiendo las gotas que son indisociables a Gilliam, como es un humor mucho más negro, que en ocasiones roza lo repulsivo y subversivo. Por si fuera poco, el director añade secuencias de gore[3] que pueden dejar descolocado a más de uno, que no conozca el gamberrismo delirante de este cineasta. Y es que La Bestia del Reino no es una película amable, ni trata de serlo. Parte de su gracia parte del rechazo que constantemente trata de provocar al público, mediante una estética feista (personajes sucios, vestuario que se recrea en la pobreza de las clases populares, gotas de humor escatológica).

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No ayuda a la mejor comprensión del filme por parte del espectador que Terry Gilliam utilice unas formas manieristas que abigarran la película con multitud de recursos formales, desde planos subjetivos, efectos especiales cuanto menos singulares (un ejemplo lo encontramos en las secuencias en las que los personajes vuelan sacudidos por un golpe).

En realidad, Gilliam no deja de realizar una mirada sobre la Edad Media poniendo al desnudo la ignorancia y la estupidez humana. Palin es un personaje que sirve al director para describir las relaciones comerciales y lo absurdo que resulta un sistema capitalista incipiente (paradojas de tonelero, que son constantes a lo largo de la película). La Bestia del Reino es en gran parte una metáfora política.

[1] Dennis Fischer, Science Fiction Film Directors, 1895-1998, Ed. McFarland, North Carolina 2000, pp.226

[2] [2] V.V.A.A, The Cinema of Terry Gilliam: It’s a Mad World, Ed. Columbia university Press, New York 2013,pp. 26

[3] V.V.A.A, The Cinema of Terry Gilliam: It’s a Mad World, Ed. Columbia university Press, New York 2013,pp. 26

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