La Reina de África (1951)

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Sobre The African Queen (La Reina de África, 1951) se cuentan infinitud de anécdotas, aunque la más recordada es precisamente la extracinematográfica referida al propio director, John Huston. Y es que se cuenta que lo que realmente le interesaba al cineasta no era la película, sino los safaris donde cazaba elefantes (parte del rodaje se efectuó enUganda). Peter Viertel (uno de los guionistas que participó en el rodaje del filme) novelaría esta historia, y Clint Eastwood se encargaría de inmortalizarla en el cine con su película White Hunter, Black Heart (Cazador Blanco, Corazón Negro, 1990)[1].

Pero seamos sinceros, La Reina de África, a pesar de ser una buena película, no es la obra maestra como la que se vende. Para un director cualquiera, la película habría sido su mejor obra, pero a John Huston siempre debemos exigirle el máximo. Y es que el filme es un correcto filme de aventuras, pero no pasa de ahí. En comparación con otras películas del cineasta que ofrecen múltiples lecturas, La Reina de África viaja en una única dirección.

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Huston contó con el guión de James Agee, quien adaptó la novela de C.S Forester. En el reparto encontramos actores de gran altura, como Humphrey Bogart y Katharine Hepburn. La película nos ubica en la primera guerra mundial (1914-1918) para contarnos una parte olvidada de la guerra, que tuvo lugar en las colonias Africanas. Nuestros protagonistas, de origen británico (y canadiense)  quedan encerrados en territorio alemán, y buscan huir. El único medio es un peligroso río, y por si fuera poco, nuestros personajes apenas cuentan con una pequeña embarcación, llamada La Reina de África…

Película clásica de aventuras, que explota el contraste entre los dos protagonistas principales. En cierto sentido la película antecede a otras obras clásicas de aventuras como las que realizaría Spielberg con la Franquicia de Indiana Jones (además en La Reina de Africa se introduce ya a los alemanes), aunque evidentemente Huston no inventa nada y bebe a su vez de las películas del género anteriores.

John Huston realiza una estrategia continuada, alternando un ritmo acelerado con una de relajación[2]. Secuencias que están llenas de tensión y en la que nuestros protagonistas deben unir fuerzas para superar un obstáculo (ya sean mosquitos peligrosos, sanguijuelas o sobre todo los alemanes), preceden a otras en la que nuestros protagonistas pueden relajarse tranquilos (de hecho, en estas partes más apaciguadas da la sensación de que el viaje de nuestros protagonistas es parecido a un viaje de boda) y viceversa. Romance y Aventuras, un cóctel estructurado de manera predeterminada, que da unos efectivos resultados. Lo que en un principio parece una simple colaboración entre dos protagonistas antagónicos que simplemente cooperan para salvar sus propias vidas, acaba en un tierno romance. Además Huston une a este clímax el otro clímax, el de la operación bélica que estos dos personajes llevan hacía un barco Alemán, que les bloquea el paso, el Louisa. Por no hablar de el juicio final, una guinda perfecta para esta unión de las dos líneas de la película, la Aventura y el Romance.

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Por una parte nos encontramos con un Bogart que a priori parece un personaje muy menor en comparación al personaje de Hepburn (como vemos en la escena en la que toma el té con ella y con su hermano, donde Huston nos lo describe muy bien como una especie de Mercenario oportunista) acaba desplegando su encanto, con el que conquista a su compañera de viaje. Adopta además un rol paternalista (siempre defendiendo al personaje de Hepburn), ante una mujer que por otra parte no ha tenido un gran historial amoroso (en una de las primeras secuencias la película se nos desvela precisamente esto). Hepburn es un personaje que en los primeros momentos es presentado como casi una beata, aunque poco a poco se acabe enamorando. Y es que La Reina de África defiende muy bien el proceso en que los dos personajes se van influyendo el uno al otro, adoptando vicios y virtudes de su compañero. Bogart se dulcifica, mientras que por su parte el personaje de Hepburn acaba humanizándose.

Rodada en Color, con una fotografía que firma Jack Cardiff, la película despliega una gama cromática apabullante, que trata de resaltar las localizaciones exóticas en las que tuvo lugar el filme. Huston se recrea incluso en alguna ocasión en un pictoricismo que explota esta dimensión (el espesor verde de la jungla, el gris del Barco, la piel de los personajes)

[1] Ricardo Aldarondo, Películas clave del cine de aventuras, Ed. Ma Non Troppo, Madrid 2008, pp. 100

[2] Lesley Brill, John Huston’s Filmmaking, Cambridge University Press,  Cambridge 1997, pp. 63

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