El Arte de Morir (2000)

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Puede que el Arte de Morir (El Arte de Morir, 2000), filme que dirige Álvaro Fernández Armero, tenga uno de los guiones más absurdos que se han visto dentro del cine de terror. Lo firman Juan Vicente Pozuelo & Francisco Javier Royo de manera conjunta, y la verdad es que cuando una acaba de ver la película no tiene muy claro qué demonios ha visto.

Porque resulta imposible cuantificar en número la cantidad de giros, cliffchangers y demás recursos que emplea la película, mareando constantemente la memoria del espectador y del propio relato. Algo además curioso, porque siendo un producto a priori comercial, enmarcado dentro del Slasher (un subgénero no demasiado famoso por su complejidad), resulta extraño que el Arte de Morir sea un filme tan pretenciosamente complejo.

La película pues, como todos los Slashers precedentes, nos presenta una serie de jóvenes protagonistas, de ambos sexos. Ambos viven una vida tranquila, hasta que empiezan a suceder unos hechos que les evocan un turbio pasado común. Y es que por lo que nos cuenta este grupo de personajes vivió una juerga años atrás que se cobró la vida de un compañero suyo. Ahora parece que esos actos van a tener sus consecuencias.

No hace falta ser demasiado listo para ver que el referente principal de la película (pese lo que le pese a Armero) es el filme I Know What You Did Last Summer (Sé lo que Hicisteis el Último Verano, 1997) de Jim Gillespie. Claro que con ese referente, poco se puede esperar ya de la película. Y así, de la nada, surge alguien que se va cargando poco a poco a los diferentes personajes del filme, tónica general que está totalmente en comunión con el subgénero Slasher.

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La sorpresa viene cuando el cineasta empieza a jugar con la narrativa del filme, tratando de distanciar la película de otros productos similares. Sin embargo el resultado no es demasiado satisfactorio. Primero, Armero empieza con numerosos flashbacks, que nos muestran el pasado de los protagonistas, y sobre todo se centran en aquel fatídico día. Pero es que el cineasta no se contenta con este recurso, sino que luego incluye un posterior giro de guión a todas luces incomprensible. Al más puro estilo de Shyamalan, con The Sixth Sense (El Sexto Sentido, 1999) nos enteramos de que todos los personajes están muertos, y tienen que empezar a aceptar este realidad.

Una profunda idiotez, que además la película trata de justificar con algún discurso pseudofilósofico que puede cabrear a más de uno. El Personaje que interpreta Gustavo Salmerón, al fin y al cabo la victima de aquel día, discute con nuestro protagonista sobre el Ars Moriendi (tanto en la línea narrativa en la que está vivo como en la que es una especie de fantasma o sabe Dios qué), aquellos manuales medievales que enseñaban a la gente del momento como afrontar la muerte. Y ahí tenemos el único sustento teórico con el que el cineasta pretende endosarnos su discurso sobre la muerte.

Total, que El Arte de Morir es una película que pretende ser algo que no es. Se camufla de cine de Autor, cuando en realidad no deja de ser un Slasher de toda la vida (eso sí, hay que ver qué mal están diseñadas las muertes en una película que básicamente se nutre de ellas). Es cierto que al cine de terror se le pide que incremente su nivel intelectual (algo que no es muy difícil, porque está actualmente por los suelos), pero lo que hace el filme de Amero es añadir una serie de accesorios ajenos que lo único que hacen es imposibilitar al espectador del goce del filme.

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Por otra parte, se podría hablar largo y tendido del Reparto del filme. Pues Como bien apunta Antonio Lázaro-Reboll[1], el reparto responde a puras necesidades comerciales. Tres actores del reparto, Sergio Peris-Mencheta, Lucia Jiménez y Elsa Pataky provienen de una serie de Televisión Española, Al salir de Clase, que además, al igual que El Arte de Morir estaba dirigida a un público joven. El reparto es pues un reclamo comercial para un tipo de target determinado, de la misma manera que no es casualidad que haya una mezcla más o menos equitativa entre hombres y mujeres dentro del grupo protagonista.

Finalmente hay que destacar la estética de la película. Yo no sé si Alvaro Fernández Amero ha leído a Brian O’Doherty, pero lo cierto es que crea la atmósfera más fría posible para la película. Una fotografía, que firma Javier Salmones, que emplea una gamma cromática aséptica, cercana al cine-Hospital.

[1] Antonio Lázaro-Reboll, Spanish Horror Film, Ed. Oxford University Press, London 2012, pp. 220

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