Furtivos (1975)

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Solamente se puede definir como cruel y dura, la película que en pleno año de transición (rodada eso sí, antes de la muerte del dictador) dirigiría José Luis Borau, conocida como Furtivos (Furtivos, 1975). El guión lo escribió Manuel Gutiérrez Aragón, que en un principio había pensado en dirigir él mismo el filme[1], aunque finalmente fuera Borau el encargado de la dirección (Aún así cuenta Gutiérrez Aragón que se encargó de dirigir algunas de las secuencias que tienen lugar en los bosques). Originalmente la película se había de rodar en tierras del norte, aunque por motivos económicos fue Madrid finalmente el lugar del rodaje.

La película, además de conseguir el premio a la mejor película en el Festival de San Sebastián del 1975, también consiguió una carrera comercial muy provechosa, tanto dentro como fuera de España. Aún así la censura realizó su impecable trabajo, negando al film la participación en diversos festivales internacionales, en los que seguramente Furtivos habría logrado un buen papel.

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La película nos presenta como personaje principal al personaje que interpreta Ovidi Montllor, un hombre de campo que el día que va a comprar unos recados conoce a una joven de la cual se enamora profundamente, interpretada por Alicia Sánchez. El romance entre los dos se consumará rápidamente, y Montllor llevará a la chica a la casa donde vive, donde también habita su madre, interpretada por Lola Gaos. Y esta última, no está demasiado a favor del romance…

Furtivos es un retrato terrorífico sobre una sociedad que ha interiorizado completamente el miedo y la represión. Ovidi Montllor es un pobre campesino que se siente esclavizado por su madre. Es el representante de una sociedad que vive con miedo. No es casual el gesto compungido que acompaña siempre a este personaje, hasta su liberación final.

También se puede leer Furtivos en correspondencia metafórica con la aún España de la Represión[2]. El personaje de Lola Gaos, la madre, es un ser autoritario que mantiene totalmente sumiso a su hijo, negándole cualquier relación con el personaje que interpreta Alicia Sánchez. Una figura que ejemplifica el propio Franquismo, y que al igual que el poder, mantiene unos métodos de represión violentos. Sin embargo, el Hijo, interpretado por Ovidi Montllor, va rompiendo progresivamente las cadenas con su madre, para que el amor se traslade hacía la joven.

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Por no hablar de que además el director del filme parece indicarnos que entre Madre e Hijo existe una relación demasiado extraña, que en algunas secuencias alude a lo incestuoso. Por ejemplo, la más significativa en este aspecto, que tiene lugar cuando la madre ha engañado al hijo diciéndole que su mujer se ha escapado con otro hombre. Entonces se acerca a él para decirle que siempre han estado bien juntos, y que no necesitan a nadie más para ser felices, mientras Lola Gaos se encuentra vestida con ropas ligeras. El filme parece hacer alusión a una relación edípica.

Mención especial merece la interpretación de Lola Gaos, que sobresale por encima de todos los intérpretes (a pesar de que todos están excelentes). No podría haber sido otra actriz la que interpretara el papel que le exigió Borau con Furtivos. Además Gaos sabe encarnar la diatriba de una mujer que interioriza el poder y el mandato de los superiores (habla muy diferente cuando sabe que los cazadores están en su casa) y luego en la intimidad desvela otra cara totalmente diferente. Por cierto, el propio Borau interpreta un papel en la película (El del Gobernador), aunque en un principio estuviera pensado para que lo encarnara José Luis López Vázquez[3].

El responsable de la fotografía es Luis Cuadrado y hay que decir que su trabajo es sencillamente espectacular. Y no era una tarea fácil, porque Furtivos le da una vital importancia a los exteriores donde se desarrolla el filme. Y no es descabellado pensar que el paisaje es en el filme de Borau un protagonista más.  Cuadrado reproduce un ambiente agreste, que determina el propio carácter de los personajes (o los personajes determinan el paisaje, quien sabe), frío y hostil contra quien ose adentrarse en sus límites. La humedad de una casa rural es retransmitida con tanta veracidad que no es difícil que el espectador llegue a sentir frío viendo el filme. Por otra parte, Cuadrado tuvo cierta libertad artística, porque Borau dejó al fotógrafo que actuara por su cuenta[4]

[1] Manuel Gutiérrez Aragón,Augusto M. Torres, Conversaciones con Manuel Gutiérrez Aragón, Ed. Fundamentos, Madrid 1985, pp.62

[2] Isolina Ballesteros, Cine (In) Surgente, Ed. Fundamentos, Madrid 2001, pp. 272

[3] Luis Lorente: José Luis López Vázquez: Biografia autorizada, Ed. Foca, Madrid 2010, pp. 23

[4] Luis Martínez de Mingo, José Luis Borau, Ed. Fundamentos, Madrid 1997, pp. 180

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