Babadook (The Babadook, 2014)

The-Babadook-Poster

Babadook (The Babadook, 2014) ha sido un filme que ha dejado a todos boquiabiertos (entre ellos al propio William Friedkin, quien asegura que es una de las películas que más miedo le ha provocado[1]). Tanto es así que el filme ha cosechado diversos premios, como el de Mejor opera Prima por parte de la Asociación de críticos de Nueva York, el Premio del Jurado y mejor actriz en el Festival de Sitges y diversas nominaciones por festivales de todo el mundo. Y eso, que a priori, el filme de Jennifer Kent no reinventa el género de terror al que se adscribe el filme. Paradójicamente (o quizá no) la película es una producción de origen Australiano.

Por otra parte, analizando las raíces de la directora, ya nos encontramos con que el tema de Babadook aparece con anterioridad en su filmografía. En el cortometraje de Monster (Monster, 2005), que la directora dirigió en el año 2005, nos encontramos con la misma historia de Babadook pero reducida a un metraje mucho menor. Pero en esencia, la historia viene siendo la misma, un hombre del saco que atemoriza a una madre y su hijo.

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Y es que es curioso, porque aunque el hombre del siglo XXI no crea en el hombre del saco, la película consigue funcionar perfectamente, elaborando un nuevo hombre del saco de la nada. Es decir, Babadook crea un nuevo mito, que no deja de tener sus raíces en el mundo del terror infantil y sus leyendas, pero que funciona a las mil maravillas. La película no propone nada más ni nada menos que una inmersión a la infancia y a los terrores que todo niño occidental ha sufrido durante aquella etapa, calcando incluso algunas reacciones propias de la infancia. Cuando Essie Davis se tapa con la manta para no ver lo que está pasando en la habitación, no está dejando de reproducir un comportamiento infantil. De hecho, durante el día los ataques del Babadook son contados, pero cada vez que cae la noche tanto a la protagonista como al espectador les entra el pánico. Y es quien no ha sufrido un pequeño terror nocturno o una mínima aversión a la oscuridad (al igual que los niños que duermen con la luz encendida, nuestra protagonista llega a despertar a su propio hijo pequeño para no quedarse sola).

A partir pues, de la ya comentada leyenda del Hombre del saco, tan abstracta y etérea, Jennifer Kent elabora una iconografía nueva. Y eso que lo hace con unos medios muy discretos, como es el libro de Babadook (¿algo de Edward Gorey en sus páginas?) y algunos detalles más. La leyenda urbana y el estilo creepy-pasta, tan de boga en la actualidad (con videojuegos como Slenderman y demás) tienen una fuerte presencia en la concepción del monstruo que hay en el filme. Sin embargo inteligentemente la cineasta australiana limpia de cualquier tufo castizo y pubescente que rodea estas leyendas para quedarse con un terror primario.

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Se ha obviado bastante el componente dramático que tiene el film, en parte debido a la terrorífica experiencia que supone afrontarse a Babadook. Pero no podemos olvidarnos que el filme cuenta una gran historia de amor. No el amor convencional, sensiblero y vacío que se exhibe en cantidad de filmes comerciales (y ya es significativo que una cinta de terror sea la encargada de recuperar tal dignidad), sino el que existe entre una madre y un hijo. La Madre, interpretada por Essie Davies, y el hijo por Noah Wisseman. La Madre ha de afrontar la muerte de su marido justo con el nacimiento de su hijo, y por tanto superar la maternidad sola. La cineasta, Jennifer Kent, describe maravillosamente la relación de dos personajes que a pesar de ser dos monstruos de cara al resto de la sociedad (que no están integrados como el resto de personas lo podemos comprobar claramente en multitud de secuencias, como las que tienen lugar durante el cumpleaños) deben superar sus miedos para poder vivir, siempre eso sí, a su manera.

El final de la película no deja de tener un componente irónico que casa con todo lo que hemos visto a lo largo del metraje. La madre asiste a un truco de magia que le prepara su hijo, y ella quedad sorprendida ante el truco. Algo normal, sino fuera porque en Babadook la madre ha tenido que enfrentarse algo que creía que no existía, como es el hombre del saco, mientras que el espectador se ha asustado participando en esta confrontación. Parece decirnos la cineasta que al fin y al cabo puede que sigamos siendo inocentes.

Por cierto, mediante la pantalla de televisión que tiene la familia en casa, Jennifer Kent se encarga de introducir algunos homenajes cinéfilos, como es el caso de algún que otro filme de Mélies pero sobre todo la película de terror del genio italiano Mario Bava, I tre volti della paura (Las Tres caras del miedo, 1963).

[1] http://www.theguardian.com/film/2014/dec/02/the-babadook-scariest-film-exorcist-william-friedkin

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