Beneath (2014)

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Ben Ketai debutó en el cine con una saga muerta ya desde su nacimiento. Al cineasta se le encargó la dirección de una Miniserie y la secuela de la película que David Slade dirigió en el 2007, 30 Days of Night (30 Días de Oscuridad, 2007). Lo cierto es que de una película mediocre poco se podía hacer, así que la secuela 30 Days of Night: Dark Days (30 Días de oscuridad: Tinieblas, 2010) salió directamente al circuito comercial doméstico, es decir, DVD.

Ahora sí, con Beneath (Beneath, 2014) el cineasta presenta sus credenciales, con una película que una vez más se engloba dentro del género de terror, que parece dominar el cineasta. Amparándose en unos supuestos hechos reales (que uno cuando va a buscar la información[1] sobre los citados nunca los encuentra, pero ya se sabe que para muchos productores si la película no tiene el dichoso lema no tiene la misma salida comercial) que en realidad parecen ser inexistentes, los guionistas Patrick Doody y Chris Valenziano escriben conjuntamente un libreto que por momentos parece dignificar el género elevando el nivel intelectual del terror actual un poco por encima del listón (por lo menos hay que decir que la película no utiliza el Found Footage, tan manido en el género, sino que adopta una puesta en escena tradicional). Sin embargo, todo son ilusiones, porque Beneath acaba derrumbándose, si bien es cierto que lo hace más tarde que muchas otras películas de terror.

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¿He dicho Terror? Sería difícil definir la película así, por lo menos la primera parte del metraje. Beneath realiza una presentación de personajes bastante interesante, mostrándonos una serie de mineros que celebran el cumpleaños de un antiguo camarada, interpretado por Jeff Fahey. También está ahí su hija, interpretada por Kelly Noolan, y que no ha seguido con el oficio paterno. Pero entre risas y cervezas, se le propone a nuestra protagonista que acceda a trabajar un día en las minas, para que vea lo duro que es la vida en esta profesión.

Y nuestra protagonista accede. La acción pasa al lugar desde donde no va a volver a cambiar de escenario, una mina. Quizá lo más destacable de la película sea el aprovechamiento que hace de su ambientación. Ben Ketai saca todo el partido posible a la mina, elaborando una claustrofobia que se degusta poco a poco, y que sólo se rompe en el momento en que el filme empieza a introducir elementos discordantes. Sí comparamos la película con otros filmes que recientemente parecen explotar las mismas sensaciones, como es el caso de la película española La Cueva (La Cueva, 2013), veremos que los méritos de Beneath son aún mayores. El nerviosismo de La Cueva, que utiliza el mareante recurso de Found Footage para disimular sus carencias cinematográficas, resulta incomparable con la modesta elegancia que emplea Beneath en sus primeros compases. Parte de esto se debe al responsable de fotografía, Timothy A. Burton.

No puede ser casual, que cuando la película se hunda definitivamente es cuando empieza introducir los elementos fantásticos, o si se quiere de terror. La claustrofobia empezaba a hacer mella ya en el espectador, cuando Ketai nos introduce un discurso que hace sospechar hasta al más crédulo. Y es que el guión que firman Patrick Doody y Chris Valenziano resulta totalmente incomprensible, se mire desde donde se mire. No me refiero a las primeras alucinaciones que sufre nuestra protagonista, algo que además de creíble (por la falta de oxígeno) resulta efectivo, sino a lo que viene a continuación, y que creo que no tiene ni definición.

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Porque aún cuando el filme pasa a los títulos de crédito, el espectador sigue en Shock. ¿Posesiones en una mina? ¿Son los antiguos mineros que quedaron encerrados hace un siglo y cuyos espíritus poseen a quienes ultrajan su territorio? ¿Una nueva droga experimental?. La película trata descaradamente de engañar al público, primero haciéndole creer que son sólo alucinaciones de nuestra protagonista, para luego poner en juego la idea de que quizá han encontrado  una antigua civilización o espíritus para finalmente no resolver ninguno de los misterios, sino aún elevando esa pirueta con un plano final que a pesar de buscar el susto, no puede dejar más indiferente. En Definitiva, Beneath nada entre dos aguas, que finalmente acaban por hacer naufragar a la película. Aunque fuera en un sentido en otro, lo que realmente habría de haber hecho el filme es tomar una decisión y arriesgarse por ella, y no utilizar la comodidad que proporciona la ambigüedad.

[1] Por lo menos más allá del encierro en la mina.

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