Llamando a las Puertas del Cielo (2005)

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Don’t Come Knocking (Llamando a las puertas del cielo, 2005) es una película que dirigió el alemán Wim Wenders en tierras norteamericanas, más en concreto en el Oeste de los Estados Unidos. Y no por casualidad, Wenders ubica la película en estas localizaciones, como veremos más adelante. El guión lo firma Sam Shepard, quien el mismo interpretaría el papel del protagonista principal. La película volvió a situar a Wim Wenders en el lugar que se merece, es decir, por todo lo alto, después de un par de baches en su carrera, y por ello recibió la nominación a la Palma de Oro en Cannes.

Y es que al igual que otra célebre película de Wim Wenders, Paris,Texas (Paris, Texas, 1984) la película se engloba dentro de lo que algunos han señalado como el Post-Western[1]. Y la verdad es que realmente existen semejanzas notables entre el filme que Wenders dirigió en la década de los 80 y Llamando a las Puertas del Cielo. A Wenders siempre le ha interesado la magia que tienen estas regiones del oeste americano (y que el Western tan bien ha representado). Esto queda bastante patente en las secuencias que abren sendos filmes, como la que nos muestra a Sam Shepard en Llamando a las puertas del Cielo, cabalgar con el caballo mientras la cámara realiza una panorámica que nos presenta el paisaje desértico en el que se enmarca la escena y que será además uno de los leimotivs del filme.

Argumentalmente ambas películas presentan además unas historias bastante similares. En Paris, Texas, el personaje interpretado por Harry Dean Stanton iniciaba un largo viaje en busca de su mujer, mientras que en Llamando a las puertas del Cielo nuestro protagonista, que interpreta Sam Shepard, realiza un viaje que durará todo el filme en busca primero de su madre, y posteriormente de su hijo. Una Road movie en toda regla, que el cineasta cocina con intensidad. No es casual que algunos hayan visto semejanzas entre el filme y el argumento de uno de las obras más importantes de la humanidad, como es la Odisea[2] por la búsqueda que emprenden ambos protagonistas por volver a su hogar.

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Porque Shepard no es Odiseo, pero también interpreta a un personaje que se encuentra hastiado de la situación profesional en la que se encuentra. Llamando a las puertas del Cielo nos presenta a un personaje que trabaja dentro del mundo del cine. Hay por tanto, un discurso que gira en parte en torno al concepto metacinematográfico, como podemos comprobar en las secuencias en las que asistimos al rodaje de una película en la que el personaje de Shepard es el actor principal . Y este discurso que alude al cine, no es precisamente un elogio. Wenders nos muestra el mundo del cine con cierto resquemor, desnudando la industria y mostrando precisamente que el cine actual es eso, una pura industria que únicamente persigue el beneficio personal. Por este motivo el cineasta nos presenta a los aseguradores del filme desesperados cuando el protagonista huye en medio del rodaje dejándolos en la estacada, así como el personaje que interpreta Tim Roth, una especie de agente que por encargo de la productora persigue a nuestro protagonista, y que Wenders se encarga de definir como una especie de ser inhumano. En contraposición a esta industria económica,  nos encontramos con los valores del Western mítico, que se encarga de encarnar nuestro protagonista interpretado por Sam Shepard, una clara oda a unos valores que ya no volverán.

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Aún así, Llamando a las Puertas del Cielo no está al mismo nivel que Paris, Texas. La sensación general que da la película más reciente es que no puede situarse a la altura de su compañera. Lo que en París, Texas parecía natural  en Llamando a las Puertas del Cielo parece más burdo y preparado. Además hay diversas secuencias que no consiguen encontrar su tono, bordeando entre un humor que se pasa de cínico (o soterrado) y otras que son demasiado insulsas.

La música es un factor fundamental en el filme. La compone T-Bone Burnett aunque el cineasta también incluye canciones de música popular  de géneros como el rock y el country (evocándonos así la región donde se ambienta el filme). Otra vez, Wim Wenders compone secuencias que ineludiblemente recuerdan las de Paris, Texas, creando una atmósfera nostálgica que va a la perfección con el personaje principal que interpreta Sam Shepard.

La fotografía, que corre a cargo de Franz Lustig, consiguió el premio en dicha categoría en el  Festival de cine Europeo. Y no es para menos, porque Lustig se emplea al cien por cien para llenar la película de imágenes llenas de añoranza y nostalgia, como las ya comentadas secuencias iniciales (que seguramente son las que le dieron el galardón), pero también otras en las que el filme se desenvuelve magistralmente para crear un relato más intimista.

[1] Neil Campbell, Post-Westerns, Ed. University of Nebraska Press, Nebraska 2013, pp.250

[2] Edith Hall, The Return of Ulysses: A Cultural History of Homer’s Odyssey, Ed. I.B. Tauris, Baltimore 2008

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