The Atomic Cafe(1982)

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The Atomic Café (The Atomic Cafe, 1982) es una auténtica locura. La película además supone una nueva vía documental[1], vía que ya estaba siendo investigada desde otros ámbitos cinematográficos desde hacía tiempo, como es el caso del filme español de Basilio Martin Patino, Canciones para después de una guerra (Canciones para después de una guerra, 1971). Y es que al igual que el filme de Patino, The Atomic Cafe combina exclusivamente imagen real documental para a partir de un documento visual no alterado, dar un nuevo sentido a unas (espeluznantes) imágenes. Bien es cierto que mientras que en la película de Patino había un elemento externo que sí estaba alterado, como era la música (que además era la que daba un nuevo sentido a las imágenes) en The Atomic Cafe, los directores Jayne Loader y los hermanos Rafferty sólo recurren a la imagen documental (es cierto que también aparece música, pero no de la manera tan importante como en el filme español).

En 1977 Jayne Loader, Kevin Rafferty y Pierce Rafferty fundan una compañía de producción, la Archive projects Inc.. A partir de entonces, se toman cinco años para recopilar imagen audiovisual relacionada con la guerra atómica y el contexto de la guerra fría para elaborar The Atomic Cafe. Cualquier vídeo es válido, provenga de donde provenga, y así en el filme vemos una construcción que emplea desde filmes militares (los más numerosos), anuncios publicitarios o programas televisivos. El Objetivo es sencillo: Demostrar la absurdidad de aquel período en el que los presidentes norteamericanos no tenían ningún tipo de reparo en decir que la bomba atómica era el mejor camino para lograr la paz. En el filme, las imágenes hablan por sí solas, y el talento de los realizadores se descubre en el montaje, que es el que tiene el mayor peso en la película.

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Cronológicamente el filme se inicia con el lanzamiento de las bombas atómicas sobre las poblaciones japonesas de Hiroshima y Nagasaki y termina en la década de los sesenta. En un primer momento se nos enseña las bondades de la bomba siendo lanzada sobre la población japonesa, para detener rápidamente la guerra. Posteriormente el filme pasa a las pruebas nucleares en ciertos atolones perdidos de la mano de dios. Desde luego esta primera parte nos deja imágenes memorables, como las sacadas del propio ejército americano, que nos tratan de enseñar lo amable que son los americanos delante de los nativos, cuando nada más lejos de la realidad, les están desalojando para siempre de sus casas.

Siguiendo adelante en el tiempo, en The Atomic Cafe también hay una importante vena que nos trata de demostrar la paranoia anticomunista de los años cincuenta. Mediante diversas imágenes propagandísticas se nos muestra la tensión de la Caza de Brujas, que contrastan precisamente con otras imágenes que nos muestran una comunista en los USA mientras lo demás ciudadanos le reprochan que en Rusia no podría hablar tan libremente. O el Caso de la pareja Rosenberg, que fue ejecutada por ser supuestamente espías soviéticos (caso que ha sido borrado con el paso del tiempo).

La Publicidad también tiene un hueco especial en el filme, mostrándonos el negocio real que existía detrás de la guerra nuclear, como la propia locura de la construcción de los refugios nucleares (que benefició a más de una imbobiliaria). El Lenguaje que utiliza este medio se entronca perfectamente con los propios vídeos militares y su retórica artificial, que trata de ensalzar el sistema norteamericano como el único valedor de los derechos fundamentales del hombre.

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Lo más irónico de The Atomic Cafe, es que las imágenes que nos ofrece son tan surrealistas, que en cierto sentido el espectador no puede dejar de sentir que se encuentra ante una comedia negra,  muy negra. El Aparato de la propaganda queda al descubierto mediante un montaje que no tiene tapujos en demostrar cómo funciona el Poder. Sin duda alguna, uno de los fragmentos más delirantes que nos ofrece el filme lo encontramos en el de Bert la tortuga, un vídeo dirigido a los más pequeños sobre cómo sobrevivir a una bomba nuclear.

Finalmente añadir que la Música de The Atomic Cafe es una recopilación de diversas canciones populares, que muestran su apoyo incondicional al gobierno. Los Cineastas las combinan con las imágenes para acrecentar el mensaje de tensión y estupidez máxima que se vivía en aquellos momentos.

[1] Stella Bruzzi en New Documental, Ed. Routledge, New York 2006 habla extensamente sobre el filme, incidiendo en la importancia que tiene como una de las obras que abren una nueva vía documental.

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