Rubber (2010)

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Rubber (Rubber, 2010) no es una película apta para todos los públicos. La dirige el cineasta francés Quentin Dupiex, un director que se sale de los márgenes cinematográficos habituales, y que además se está convirtiendo un habitual al Festival de cine fantástico de Sitges, no sólo por Rubber que se presentó en la gala del 2010, sino por otros filmes como Wrong (Wrong, 2012) o Reálité (Reálité, 2014), esta última además ganadora del premio de la crítica.

Rubber es un experimento cinematográfico en toda regla. La película nos presenta una historia de terror, pero a la vez y de manera paralela a esta, Dupieux nos presenta una disección no sólo del género, sino del propio comportamiento del espectador y los modos de hábitos del cine Hollywoodiense. La película por tanto no podía comenzar con un arranque convencional, y desde luego no lo hace.

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En la primera secuencia del filme observamos un coche haciendo zigzag entre unas sillas que parecen estar colocadas deliberadamente ahí. Posteriormente un policía sale del coche para realizar un monólogo, que prácticamente sienta las bases de Rubber. Nos comenta que en el cine, muchas de las cosas que aparecen en pantalla no tienen ningún sentido, y que esto pasa así porque el cine no deja de ser un reflejo de la vida. Y en la vida, muchas de las cosas más importantes, transcurren for no reason. Este amable policía ya nos advierte de lo que veremos a continuación es algo que no tiene porque aceptar las leyes de la lógica. Podemos intuir que este es un recurso que el cineasta introduce para justificar el argumento principal del filme (algo que en parte es verdad) como es que el asesino principal es ni más ni menos que un neumático (Sí, como suena).

Sin embargo, quedarnos en esta lectura superficial sería un error. De hecho, durante todo el filme uno siempre tiene la diatriba entre quedarse con la explicación epidérmica o buscarle un sentido más profundo a las imágenes que van sucediendo. Lo cierto es que el policía no realiza este primer monólogo sólo al espectador (de la pantalla) sino que también nos encontramos con un público dentro de la película. Este público, es a la vez un reflejo del espectador que se encuentra fuera (de la pantalla). Y además están preparados para asistir a ver lo que aparenta ser una película o una especie de espectáculo.

Así que se reúnen todos los espectadores con sus prismáticos para observar el filme que, al fin y al cabo, no deja de ser las andanzas del neumático asesino, y por tanto el propio Rubber. Dupiex utiliza este recurso para desarrollar un concepto metacinematográfico que le interesa. A partir de las experiencias y actos que realice este público ficticio, el cineasta podrá intervenir en ellos y analizarlos (Nos).

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Así que, por una parte tenemos el filme del neumático asesino, que se dedica a aniquilar a todo ser viviente que se atreva a cruzarse en su camino. Dupieux se divierte añadiendo gotas de humor negro y hacer avanzar la conducta del neumático, que parece comportarse en ciertos aspectos como un Psychokiller humano. Después de asesinar a sus presas, contempla una competición por la televisión de la NASCAR (un guiño ciertamente gracioso)  o a detenerse para beber agua o incluso porque no, tomarse un chapuzón. Hasta que la otra línea cinematográfica, la del público, se cruza con la de Rubber.

Por las escenas que nos desarrolla el filme, lo que entendemos es que Dupieux se ríe de los espectadores que buscan una y otra vez el mismo comportamiento en determinados filmes. El envenenamiento que realizan los involucrados con el filme hacía sus propios espectadores se decanta precisamente en esta dirección de minusvalorar al propio público ofreciendo siempre productos mediocres. También en este sentido va el  segundo monólogo del policía, que les declama a sus hombres que todo ha sido una gran farsa y que ya pueden dejar de actuar. Sin embargo, uno de los espectadores del filme consigue sobrevivir (¿Seremos nosotros?) para añadir que él no se dejará convencer hasta que no presencie el final del neumático asesino.

También es verdad que Rubber no es tan inteligente como ella misma se cree. Unir los dos hilos narrativos (el género de terror con la pretenciosa idea metacinematográfica) lo que provoca en el espectador es una sensación de hastío. La pretenciosidad del filme se puede oler a distancia, y eso que finalmente Dupieux no consigue desarrollar efectivamente su discurso. Se degusta como una película de humor negro, con algunos puntos cómicos ciertamente acertados, pero que no consigue traspasar la propia frontera de Nihilismo que ella misma se acota. Por si fuera poco la película añade algunas secuencias que lo único que pretenden es alargar el metraje, ya de por si ajustado (apenas llega a la hora y veinte minutos de duración).

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