Marat/Sade (1967)

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Marat/Sade (Marat/Sade, 1967) es un filme dirigido por Peter Brook en el 1967. La película es una adaptación cinematográfica de la obra teatral que el dramaturgo Peter Weiss escribió en el 1963. En realidad Brook, que también es un dramaturgo (de hecho tiene una trayectoria más prolífica como dramaturgo que como cineasta), ya había llevado a los tabloides la obra de Weiss, con grandes resultados.

Lo que es cierto es no pocos autores han señalado que Brook se encontraba en una vía de investigación que le había llevado a recuperar el teatro de Artaud, es decir, el teatro de la crueldad. La película se rodó en poco tiempo, apenas 17 días y tuvo un mísero  presupuesto de 250 Mil dólares que corrió a cargo de la United Artist, aunque eso sí, se concedieron libertades artísticas plenas al cineasta[1].

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La película toma el marco real de los años en que el célebre Marqués de Sade fue recluido en el manicomio de Charenton. Ahí el marqués realizó diversas adaptaciones teatrales con los enfermos y reclusos, porque contaba con el beneplácito del director de la institución, quien consideraba que era una buena manera para rehabilitar a los enfermos, por las cualidades terapéuticas del arte. Lo cierto es que Marat/Sade toma un contexto histórico real, aunque evidentemente no adapta las obras que tuvieron lugar en Charenton.

Se trata pues de un filme que juega con múltiples lecturas y capas de ficción. Por una parte la obra de teatro que representan los prisioneros a la multitud de gentiles hombres que se han congregado para verla (y sobre los que nunca vemos el rostro, porque la cámara enfoca siempre desde sus espaldas y de cara al teatro) y por otro lado la ficción cinematográfica. Peter Brook dota a la escenografía de un tono expresionista, que se puede comprobar tanto en la ambientación, recargada y deprimente del centro médico como en el maquillaje de los actores (el coro es donde queda más patente), o incluso en los propios gestos de los enfermos.

A partir de ahí, nos encontramos una representación que se ubica en la pasada revolución francesa (La representación teatral tiene lugar en el momento en que Napoleón está ya en el poder). La obra gira en torno a Marat, el apóstol del pueblo y Sade, el lado oscuro de la ilustración. Lo cierto es que ambos personajes prácticamente no tuvieron demasiada relación (exceptuando el discurso que dio Sade en el funeral de Marat, y que realizó más bien por compromiso político que no por motivos elegíacos). Marat/Sade se centra además en el asesinato que perpetró la monárquica Charlotte Corday sobre Marat.

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El personaje principal es pues Jean Paul Marat, sobre el que gira el eje narrativo. Es decir, la historia avanza en torno a esta figura y las tres ocasiones en las que Charlotte Coday llega hasta su casa con el intento de asesinarlo. El personaje de Sade, que se interpreta él mismo (el actor fue Patrick Magee, quien ya había colaborado con Peter Brook en el teatro con el mismo papel) se dedica a realizar reflexiones que lo que pretenden es o bien cuestionar los ideales de Marat, o bien desarrollar su propio discurso filosófico, que como veremos, poco tiene que ver con el de Marat.

Marat, es evidentemente, el revolucionario. Constantemente lo encontramos realizando discursos sobre el destino de la revolución y el lugar que finalmente le aguarda a esta. Una y otra vez carga contra los enemigos del pueblo, aunque también es cierto que en algunos aspectos Brook lo describe como un paranoide capaz de ver enemigos por todos lados. Sade es el hombre indiferente ante la política, que cuestiona tanto las ideas como los métodos de Marat. No es un hombre interesado en la revolución, porque lo que más le interesa es la búsqueda del placer a través de medios extremos. No hace falta recordar ahora las desviaciones que sufría Sade en su búsqueda del placer.

No debemos olvidar que el contexto político que hay detrás del momento en que se realiza Marat/Sade es igual de importante que el contexto histórico del filme. Ambos se relacionan entre sí, porque son fechas históricas similares (por lo menos en sus dinámicas). Mientras que por una parte hablamos de la revolución francesa (del 1789 en adelante), en el 1967 se estaba empezando a labrar lo que sería el germen del mayo del 68. Y evidentemente, Peter Brook se sirve de la historia para echar sal en las heridas del presente (que por cierto, continúa siendo el nuestro). Para más Inri hay una secuencia ejemplarizante, en la que el personaje de Marat rompe la cuarta pared (o la quinta o la sexta) y se dirige directamente a la cámara (y por tanto al público cinematográfico) para decir unas palabras demoledoras: “En el momento en que les dicen que ya no hay más por lo que luchar, es cuando más tendrán que hacerlo”.

[1] Michael Kustow, Peter Brook: A Biography, Ed. Saint Martin’s Press, New York 2014.

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