Rufufú (1958)

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La historia detrás de I soliti ignoti (Rufufú, 1958) es ciertamente interesante. La película de Mario Monicelli lee en clave de parodia el filme que el cineasta Jules Dassin había rodado sólo dos años antes, Du rififi chez les hommes (Rififí, 1956) retomando parte de su argumento. De hecho en España, la película italiana fue traducida con un nombre prácticamente inventado, Rufufú y que pretendía buscar la conexión entre el público con la película de Dassin. El caso es que el filme de Monicelli, que fue un éxito mundial espectacular (llegando a conseguir la nominación en los Oscars por mejor película extranjera) influenció a más de un cineasta español. Es el caso de José María Forqué, que años más tarde realizaría una película que comparte muchas similitudes argumentales con el filme de Monicelli. Me refiero a la célebre Atraco a las tres (Atraco a las tres, 1962).

Rufufú cuenta la historia de un atraco chapucero. Memmo Carotenuto interpreta un ladrón ya mayor que es encerrado por un robo frustrado. En la cárcel conoce por boca de un preso un plan perfecto, que puede sacarle de apuros económicos de por vida. Sin quererlo se lo cuenta a unos compañeros suyos y estos tratarán de hacerse con el dinero. Entre estos personajes nos encontramos intérpretes de la talla de Vittorio Gasman (que interpreta al personaje principal de la obra), Renato Salvatori, Totó, Marcello Mastroianni o Claudia Cardinale (haciendo de pizpireta enamorada).

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Esto es Italia. No es Hollywood como uno de los protagonistas menciona en un momento determinado del filme. Y lo más interesante que hay en la película de Monicelli lo encontramos en la manera en como el cineasta describe ácidamente su país mediante la comedia. Y Por eso resulta tan reivindicable un filme como Rufufú, aunque no han sido pocos los que han minusvalorado la cinta por la adscripción de esta al género cómico.

Los protagonistas son los anti tópicos del género criminal. Todos los personajes roban por necesidad y porque se ven obligados a hacerlo para poder sobrevivir. Vulgarmente hablando, son unos desgraciados que tienen una idea absurda con la que creen que podrán convertirse en ricos. Rufufú realiza una descripción de los suburbios italianos magnífica y ajustada a la realidad. A pesar de la comedia, Monicelli nos muestra las miserias de unos personajes ciertamente perdedores (por ejemplo el principal, interpretado por Vittorio Gassman, un boxeador que pierde el combate más importante de su vida), y que sin embargo, se ganan al espectador por su profunda simpatía. Los antihéroes de Rufufú, son entrañables, a pesar de que lo que nos muestra el filme respecto a sus acciones no resulta demasiado ético (o..Puede que en cierta manera se justifique el asalto a un monte de piedad, en tanto en cuando nuestros protagonistas comentan a lo largo del metraje que muchos de los objetos y enseres que tenían en sus casas han ido a parar ahí después de ser vendidos). Algunos incluso hablan de que el célebre género de la comedia a la italiana tiene más de tragicomedia que de comedia pura[1].

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El final del filme resulta representativo en esta comentada vía. Nuestros personajes, después de haber fracasado en su intento. Se sientan a comer en la mesa que les gustaría tener, en una cocina con nevera incluida. Un sueño hecho por un día y que no volverá a sus vidas[2].

Un gran acierto del filme lo encontramos en la variedad de sus personajes, y el rol cómico que aporta cada uno de ellos. Además como ya hemos comentado, Monicelli se sirve de estos roles para aportar arquetipos cómicos. Gassman interpreta a un auténtico fanfarrón, el prototípico perfecto del italiano que trata de aparentar algo que no es. Totó representa la perfecta idea del hambre, en un personaje brillante que recuerda al mundo cómico mudo (optando por la gestualidad antes que el diálogo). Mastroianni interpreta el personaje del clásico pícaro mientras que Renato Salvatori encarna el único personaje que tiene algo de humildad y que prefiere retirarse antes del golpe al encontrar un trabajo humilde pero estable.

El filme deja secuencias cómicas únicas. La calidad del guión, escrito entre varios  (incluyendo a los propios autores de la historia Agenore Incrocci, Furio Scarpelli) nos deja escenas para recordar, como la cena final, la manera en como nuestro grupo de protagonistas se conoce,  las secuencias en la cárcel con Vittorio Gasman…

[1] Peter Bondandella, A History of Italian Cinema, Ed.Continuum International, New York 2009, pp. 181

[2] Flavia Brizio-Skov (Editor), Popular Italian Cinema: Culture and Politics in a Postwar society, Ed. I.B Tauris, New York 2011, pp. 139

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