Leaving Las Vegas (1998)

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Leaving las Vegas (Leaving las Vegas, 1995) es la película más galardonada del cineasta británico Mike Figgis. Gracias a este filme consiguió colocar su nombre en Hollywood, aunque no renuncio a su esencia y en posterioridad seguiría trabajando en los márgenes cinematográficos, buena muestra de ello son filmes como Love Live Long (Love Live Long, 2008) o Suspension of Disbelief (Suspension of Desbelief, 2012) dos filmes que como podemos ver por su título, nunca se estrenaron comercialmente en España.

De hecho, los métodos alternativos de Mike Figgis ya se pueden comprobar en Leaving las Vegas, un filme que en ocasiones puede parecer a ojos del espectador un tanto amateur. No es para menos, pues la película fue rodada con una cámara de 16 milímetros, y el equipo de rodaje no tenía ni licencias ni permisos cuando se trasladó a las mismas Vegas para rodar[1]. Debido a esto, los actores se metieron en más de un lío durante el rodaje.

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La película adapta la obra de John O’Brien, quien se suicidó poco tiempo después de que se iniciara el rodaje. De una personada atormentada como este escritor, sale una adaptación atormentada, que tiene en común el mismo eje con la obra literaria: La bajada a los mismos infiernos. La película nos presenta a una pareja que se conoce por azares del destino y que comparten la misma exclusión de la sociedad.

Nicolas Cage interpreta a un alcohólico que decide suicidarse mediante un consumo excesivo de esta bebida. Se encuentra en la fase más destructora de la drogadicción, y en la película lo vemos pasar por diversos deliriums tremens. En el prólogo del filme (que va desde el principio del filme hasta que aparecen los títulos de crédito) observamos que nuestro protagonista parece haber perdido a su familia y su vida se encuentra a la deriva.

Y sin embargo, el personaje de Nicolas Cage resulta aún así algo entrañable. Algo de carisma de su antigua vida persiste aún en su figura. No podemos dejar de recordar aquel plano en que Mike Figgis nos muestra la foto de la antigua vida del personaje (sentado con su familia y sonriendo) quemándose como símbolo de la nueva etapa autodestructiva que se abre.

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Por otra parte, el personaje que interpreta Elisabeth Sue (quien por cierto, al contrario que su compañero masculino, no ganó el Oscar por su interpretación) nos muestra una cara igual de degradada que la del personaje masculino, pero en su versión femenina. Al igual que el personaje de Nicolas Cage, nuestra protagonista se encuentra en una situación en los márgenes de la sociedad. Resulta ser una prostituta, algo tan odiable para la sociedad en la que se desenvuelve (para muestra la secuencia en la que se insinúa a un hombre casado y este reacciona violentamente) como el alcoholismo que profesa su compañero.

Leaving las Vegas retrata la maravillosa conexión entre dos seres que se ven perdidos en un mar tormentoso. La mejor reivindicación posible que hace el filme es no compadeciéndose de ellos con una falsa resignación, sino mostrándolos tal y como son.

Leaving las Vegas puede leerse también como la inversión de películas comerciales como Pretty Women (Pretty Women, 1990)[2]. En nuestro filme también existe una relación entre un hombre y una prostituta, pero no se establece siguiendo los cánones comerciales y convencionales (y totalmente idealizados). Y aún así, el acercamiento que hace el filme a este sector (oculto) de la sociedad, resulta mucho más realista que cualquier otro filme. No hay una edulcoración en la concepción de los personajes, que son mostrados con todas sus sombras.

La fotografía que firma Declan Quinn resulta perfecta. A Priori puede parecer que el Amateurismo juega en contra del filme, pero lo cierto es que Leaving las Vegas juega con esta baza durante todo el momento. Por un lado la fotografía del filme nos sume en la oscuridad, que se relaciona temáticamente con el mismo proceso de degradación que sufren los dos protagonistas principales. Esto a su vez contrasta con la fotografía de la propia ciudad, Las Vegas, que aparece reproducida en todo su esplendor (decadencia). Luces de Neón y carteles luminosos son la ambientación perfecta de la corrupción moral en la que se encuentran nuestros protagonistas. El Infierno alcanza unas cotas tangibles mediante la fotografía, que se encarga de hacer visible.

[1] Roger Ebert, Las Grandes películas: Volumen 2, Ed. Ma Non Troppo, Barcelona 2005, pp. 218

[2] Kirby Farrell, Post-traumatic Culture: Injury and Interpretation in the Nineties, Ed. John Hopkins university Press, Londres 1998, pp.277

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