Mundo Mudo: El Monasterio de Sendomir (1920)

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Klostret i Sendomir (El Monasterio de Sendomir, 1920) es una película olvidada. Y lo es porque la historia la escriben los vencedores. Y como el Monasterio de Sendomir no es un filme norteamericano ni soviético ni siquiera francés o alemán sino sueco, ha quedado silenciado con el paso del tiempo.

Y eso que el filme lo dirige Victor Sjöstrom, uno de los cineastas más importantes de este período. La película presenta además algunos rasgos que serían habituales en su cine. El guión lo realizó el propio cineasta a partir de una historia escrita por Franz Gillparzer (realizada en el 1828). De hecho, esta historia sería adaptada también en el cine mudo, por el director alemán Rudolf Meinert  con el título Das Kloster von Sendomir (Das Kloster von Sendomir, 1919).

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La película se inicia con la llegada de unos soldados a un monasterio. Ahí les acogen, aunque se encuentran con un monje totalmente hostil que les cuenta la historia de cómo se fundó precisamente ese monasterio. La película emplea el recurso cinematográfico del Flashback, ya cimentado en aquel momento para desarrollar la historia (que es precisamente los orígenes del monasterio). Donde realmente el filme presenta una novedad realmente trascendente es en el final de la película.

A parte de este flashback la película nos cuenta el eje principal del argumento, que tuvo lugar en el mismo monasterio pero unos años atrás. La historia es típicamente romántica, y nos desarrolla un argumento trágico y amoroso, que tiene lugar cuando el señor del castillo (lo que era antes de monasterio) se entera de que su mujer le ha sido infiel desde largo tiempo. Lo cierto es que la película desarrollará esta historia analizando las exaltaciones de las pasiones y los sentimientos, que bordean el extremo durante todo el metraje del filme.

El ambiente gótico es utilizado también por Victor Sjöstrom, que se recrea con él durante gran parte del metraje. La ambientación del Monasterio de Sendomir alude indudablemente a las novelas góticas británicas (y por tanto a la tradición literaria de Horace Walpole), ya desde la propia localización en la que transcurre la película. Los Monasterios, como el que nos ocupa en la película, fueron uno de los lugares más emblemáticos e icónicos de toda esta literatura y del romanticismo. El Monasterio de Sendomir no sólo nos muestra el lado romántico del monasterio, sino que también hace hincapié en las pasiones exaltadas y en las historias trágicas que tanto abundan en estas novelas. Por tanto es lógico que podamos decir que el peso literario de la obra que originalmente adapta la película, perteneciente a Franz Grillparzer, tiene una gran importancia en la película. De ahí a decir que El Monasterio de Sendomir es un simple folletín romántico va un trecho, y sin duda se debe al cineasta que el filme no caiga en la caligrafía cinematográfica de segunda.

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El lado historicista del filme lo encontramos desde la propia premisa, pues el filme se ubica en un tiempo pasado (algo también habitual en la literatura romántica; que tampoco está demasiado especificado en el filme). La película utiliza este contexto histórico para construir un ambiente atractivo, tanto en los escenarios como en los propios vestuarios (sólo hace falta recordar los soldados que se hospedan en el monasterio y sus llamativos trajes).

Como gran parte de este primer cine mudo (1920), la mayoría de planos son estáticos y el único movimiento lo proporciona el montaje del filme. A pesar de que en algunos momentos la narración puede parecer demasiado hermética, teniendo en cuenta que ya habían transcurrido cinco años desde que D.W. Griffith estrenara The Birth Of a Nation (El Nacimiento de una Nación, 1915; película que parece mostrar un lenguaje más desarrollado que el del cineasta sueco) lo cierto es que el primer cine de Sjöstrom antes de emigrar a los Estados Unidos, está plagado de estos planos estáticos que en sus manos cobran una gran sobriedad.

El final es realmente sorprendente, y nos hace recordar enormemente los giros finales de muchas películas contemporáneas. La película cierra el Flashback que se había iniciado en el monasterio para volver al presente. La escena se centra en el personaje que interpreta Tore Svennberg. Justo después entra un monje en la habitación, revelando que el mismo monje que les ha contado la historia es el propio protagonista de ella. Un final efectista con el que se cierra la película. Por si fuera poco, el plano final, que nos muestra a la comunidad de monjes rezando sobre el Cristo de madera, nos revela la religiosidad de Victor Sjöstrom, que también aparecería en posteriores películas del director sueco, como es el caso de su película más conocida, Körkarlen (La Carreta Fantasma, 1921)

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