Los Golfos (1959)

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¿Hubo un Nuevo Cine Español? ¿Un movimiento paralelo a la Nouvelle Vague o al Free Cinema en España? En líneas generales hay un consenso por señalar que en realidad las películas que pretendían renovar el panorama cinematográfico español de la década de los cincuenta y sesenta son minoritarias y no pudieron finalmente brillar (entre los nombres de aquel período podríamos citar gente como Manuel Summers, Basilio Patino o Jorge Grau, entre muchos otros). En parte, porque el régimen franquista no veía con buenos ojos la pujanza de estos nuevos jóvenes (y sin embargo, como gran parte del arte, el gobierno se encargó de exportarlo al extranjero para demostrar que en España había algo parecido a una democracia) que parecían querer ofrecer nuevas perspectivas.

Uno de ellos fue Carlos Saura, quien debutó en el 1959 (una fecha icónica para el mundo del cine, pues surgen los largometrajes más célebres de la Nouvelle Vague en Francia) con Los Golfos (Los Golfos, 1959). Ya desde la propia temática podemos ver la frescura que aportaba el filme, pues Saura registra la vida cotidiana de un grupo de chavales que se dedican al hurto fácil y a la delincuencia juvenil. Todo además para cumplir el sueño de uno de ellos. Saura no estuvo sólo, Mario Camus y Daniel Sueiro, dos nombres ilustres, le acompañarían a la hora de realizar el guión del filme.

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Para la realización de la película, el equipo trabajó con gente del mercado de Legazpi y los barrios bajos de Madrid, para obtener información sobre su Modus vivendi[1]. Esta voluntad antropológica demuestra una actitud más cercana a la del Neorrealismo italiano que no a otras corrientes como el Free-Cinema Británica o la ya citada Nouvelle Vague francesa. La película además se rodó en escenarios naturales (donde los propios miembros habían participado recogiendo información) y con actores semi desconocidos, algo que también nos acerca aún más al Neorrealismo.

El filme anticipa lo que sería una corriente realmente exitosa en años bastante posteriores, conocida como cine Quinqui. Estas películas, al igual que lo hace Los Golfos, mostrarían la cara más oculta y amarga de las grandes urbes y siempre tendrán como personajes principales a delincuentes juveniles, muchos de ellos famosos dentro del mundillo. Poéticamente, sería el propio Saura quien liquidaría el subgénero con una película titulada Deprisa, Deprisa (Deprisa, Deprisa, 1981) que además ganaría el Oso de Oro en el Festival de Berlín.

Los Golfos nos adentra en un mundo de delincuencia efervescente. Durante la primera parte del metraje Saura se dedica a mostrarnos robos y hurtos desde todos los puntos de vista. Robos con navajas, robos sin agresión, por distracción…Sin embargo, uno de los muchachos, el que interpreta Oscar Cruz, quiere convertirse en torero, en una estrella mediática, algo que quizá puede recordarnos a alguna de las películas del Free Cinema, más o menos coetáneas, como The Loneliness of the Long Distance Runner (La Soledad del Corredor de Fondo, 1962) de Tony Richardson, o This Sporting Life (El Ingenuo Salvaje, 1963) de Lindsay Anderson donde los personajes, que pertenecen a clases sociales bajas, ven el deporte como una fórmula (casi mágica) que les permitirá salir de la miseria en la que se encuentran.

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Así que los personajes del filme, amigos del futuro torero, deciden realizar una recolecta para que nuestro protagonista puede permitirse el debut en una plaza de toros. La película nos enseñará pues como estos jóvenes se dedican a dar palos y robos para realizar la recolecta. Quizá técnicamente el filme no destaca en demasía, por tratarse de una película prácticamente de aficionado.Sin embargo la valentía del cineasta consigue tapar estas carestías.

La parte final del filme la encontramos en la propia plaza de Toros, que aparece como meta final para nuestros personajes. Y sin embargo Saura realiza un cierre tan cínico y demoledor que a uno se le parte el corazón simplemente de verlo. Porque las cosas no salen como desean los compañeros, y Saura termina el filme con un final abierto pero claramente definitivo. No sólo porque la policía ya haya entrado en la propia plaza y los estén esperando, sino porque además el futuro de nuestro personaje principal como torero es imposible. Si el final no es aún más espectacular es porque el gobierno censuró 10 minutos en esta parte, además de prohibir el estreno de la película durante un tiempo. Algo que no evitó que el filme fuera estrenado de manera internacional para mostrar las libertades del país.

Entre el 1986 y el 1987 se produjo una fuerte fiebre bélica en el cine

[1] Guy H. Wood, La Caza de Carlos Saura: Un Estudio, Ed. Prensa Universitaria Zaragoza, Zaragoza 2010, p. 24

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