La Colina de la Hamburguesa (1987)

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Entre los años 1986 y el 1987 se produjo una fuerte fiebre bélica, más en concreto sobre el conflicto de Vietnam, en el cine Hollywoodiense que nos trajo entre otras películas, Platoon (Platoon, 1986) de Oliver Stone y Full Metal Jacket (La Chaqueta metálica, 1987) de Stanley Kubrick. Mucho más olvidada ha permanecido una película como Hamburguer Hill (La Colina de la Hamburguesa, 1987) de John Irvin. En parte por estar eclipsada por las anteriores películas citadas, y en parte porque comparativamente el filme de Irvin sale perdiendo. Incluso en presupuesto, La Colina de la Hamburguesa muestra un bagaje negativo, y sólo hay que comparar repartos. En el caso de la película de Irvin, no nos encontramos con ninguna cara conocida, a no ser la de Don Cheadle, que por aquel entonces era un absoluto desconocido.

Y sin embargo, La Colina de la Hamburguesa tiene elementos a su favor que la diferencian de otras películas ambientadas en el Vietnam.  Uno de ellos es el componente racial, que ha pasado desapercibido en muchas otras películas, incluso en las grandes obras. Y es que aunque es un dato que resulta desconocido para el gran público, lo cierto es que en el Vietnam fueron muchos los afroamericanos que dieron su sangre en tierras asiáticas. A pesar del gran número de soldados que fueron a la guerra, el tratamiento que recibían era por parte de las autoridades militares (blancas) considerablemente despectivo. En la Colina de la Hamburguesa quedan reflejadas estas situaciones, especialmente durante la primera parte de la película, en la que más o menos todo está en calma y aún no ha estallado la batalla. Dentro del propio pelotón nos encontramos disputas entre soldados afroamericanos y los de piel blanca. Finalmente el filme parece cerrar el debate con una secuencia significativa en la que un soldado de cada grupo se funde en un saludo amistoso. La conclusión parece señalar que al fin y al cabo todos pertenecen a un mismo país (Los Usa) y a una misma condición social (Baja).

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Por otra parte, La Colina de la Hamburguesa tiene un realismo tangible  al que prácticamente ninguna otra película ha conseguido alcanzar. Esto es fácilmente comprobable en la segunda parte de la película, cuando tiene lugar el conflicto bélico y los soldados deben subir la colina que les ha sido asignada. John Irvin rueda con precisión las continúas subidas y bajadas de los hombres mientras son tiroteados y bombardeados (y suben, y caen y ruedan continuamente por el barro). Gracias a los múltiples Travellings que acompañan a estos personajes y a la absoluta crudeza con la que es representada la película, se consigue plasmar el título al que hace referencia: Y es que la Colina de la Hamburguesa es una simple metáfora de la propia carne humana que se entremezcla con los propios cuerpos de los soldados abatidos. Una despiadada y nauseabunda imagen (y por cierto, las náuseas son constantes durante la parte bélica del filme) que la película hace patente. Nada de guerra para menores de doce años, el filme de John Irvin está muy cerca de convertirse en realidad y dejar la ficción de lado.

Sin embargo, también nos encontramos con claroscuros en el filme. Y es que, hay un momento clave y definitorio en La Colina de la Hamburguesa, que nos muestra las diferencias totales en el aspecto ideológico del filme con La Chaqueta Metálica o Platoon. Después de haber bajado de una fallida incursión a la colina, un reportero le pregunta al sargento responsable del pelotón su opinión al respecto de las declaraciones del Senador Kennedy, que afirma que nunca podrán tomar la colina. Este responde de manera agresiva al reportero, defendiendo el honor de sus hombres.

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La Colina de la Hamburguesa, a diferencia de los filmes de Kubrick o Oliver Stone no es un filme realmente antimilitarista. No defiende la intervención norteamericana en Vietnam pero tampoco la crítica. A lo largo del metraje y a medida que los personajes dialogan se desarrolla el discurso del filme, que básicamente se centra en defender el soldado raso, en contra de las propias críticas que se están teniendo lugar en su país. Más de una vez se comenta el tema del pacifismo y del movimiento Hippie, que aparece representando en parte como un enemigo más al que hay que combatir. Para más Inri, uno de los soldados comenta que su novia le ha abandonado por uno de esos “críticos de la guerra”.

Por otra parte, el guión del filme está sencillamente mal ejecutado. La película se divide en dos partes. La primera de ellas, en la que supuestamente John Irvin trata de introducirnos a los personajes, es sencillamente un desastre. La Colina de la Hamburguesa cae en constantes reiteraciones (como las secuencias en la que los soldados se acuestan con prostitutas) y parece navegar sin un rumbo bien definido, incluyendo algunas escenas que resultan totalmente accesorias (como la del lavado de boca).

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