Mil Gritos tiene la Noche (1981)

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¿Existió un Slasher Español? La respuesta nos llevaría a divagar un poco, pero ciertamente encontramos algunos ejemplos de este tipo de cine en la producción nacional. El ejemplo más significativo lo encontramos en una bizarra película que dirigió el no menos curioso Juan Piquer Simón en el año 1981, titulada Mil Gritos Tiene la Noche (Mil Gritos Tiene la Noche, 1981).  Lo cierto es que a pesar de que lo mejor de la película está en el poético título, el filme fue un éxito de taquilla…en Estados Unidos. Fue en las Américas donde la película de Simón tuvo una rentabilidad ecónomica. La película se conoció allí como Pieces. Lo más curioso del caso es que la película está pensada precisamente para el público norteamericano, y de hecho el filme se ambienta en Boston, aunque se rodará prácticamente en España[1].

Y eso que el filme deja bastante que desear, en muchísimos aspectos, tanto técnicos como temáticos. De hecho el filme no es nada original respecto a otros filmes del Slasher, sino que incluso podemos decir que aún amplifica más los tópicos y lugares comunes del subgénero. Quizá el gran éxito del filme proviniera precisamente de esta sexageración (no, no es una falta ortográfica) desmesurada. De hecho, Mil Gritos tiene la Noche está tan sobredimensionada que roza la caricatura, no sabemos si de manera voluntaria o involuntaria, pero gracias a esta dimensión pseudocómica la película se logra (sólo en pequeña parte) de la quema.

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Y eso que el filme no empieza mal del todo. La película arranca con un Flashback que nos muestra la infancia de nuestro asesino. Con una crudeza desmesurada se nos muestra el primer asesinato. Apoyado por un tema musical que consigue poner los pelos de punta (y que luego se repetirá continuamente durante cada asesinato del filme, lo que provocará tentativas de suicidio entre el público por el hastío de tener que escuchar el mismo tema una y otra vez) el filme se recrea con su primera víctima. A partir de aquí, Mil Gritos tiene la Noche sólo irá cuesta abajo y sin frenos.

Se cierra el Flashback y como no podía ser de otra manera en una película dentro de este subgénero la acción transcurre en un instituto. Ahí nuestro asesino hará de las suyas en una continua sesión sangrienta en la que literalmente todo vale. La película deja de lado cualquier guión para convertirse en una sucesión de muertes, a cada cual más rebuscada. La trama policial, que trata de buscar el asesino es una mera excusa con la que completar el metraje y la duración de la película.

Básicamente la película juega con el cliffchanger final, buscando ocultar durante toda la película el rostro del asesino, de tal manera que el espectador supuestamente se pregunta sobre la identidad del asesino, que debe conocer durante el día pero no durante los momentos en que actúa por la noche. Al igual que las otras grandes películas Slasher, como The Texas Chainsaw Massacre (La Matanza de Texas, 1974) o Halloween (La Noche de Halloween, 1978) el valenciano Juan Piquer Simón trata de dotar a su villano de una singularidad e identidad propia, algo que consigue a medias. Por ejemplo, su armamento no dista demasiado del villano Leatherface (la motosierra), mientras que sus métodos asesinos recuerdan una mezcla de Mike Myers y un asesino aún más gore. Nada nuevo bajo el sol.

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Lo cierto es que calificar como película de entretenimiento el filme sería un acto demasiado condescendiente. Porque una cosa es que las películas Slasher tuvieran secuencias subidas de tono con las que atraer al público joven sobre el que iba destinado la mayoría de las películas, pero lo de Mil Gritos tiene la Noche roza lo esperpento. Por esto se la engloba dentro de la explotaition, porque más que una película que desarrolla un argumento, el filme se dedica a mostrar sexo y violencia sin la necesidad de un sustento argumental detrás. No se pueden contar con los dedos de una mano las escenas de jovencitas que rondan en pelotas por la película. Clases de Ballet, de Natación, jovencitas en el gimnasio…Todo vale con tal de complacer el público masculino. La película rezuma testosterona por sus cuatro costados y se convierte en una exhibición de ganado digna de bochorno.

Y si por una parte tenemos el sexo, por otra tenemos la violencia.  La película no escatima en litros de hemoglobina y es seguramente una de las películas más sangrientas en su estilo. Desde la primera secuencia con el niño hasta el bizarro final en la que se pone de manifiesto los instintos necrofílicos del psicópata.

Actores y actrices de segunda, un reparto con acento extranjero pero semidesconocido, lo cierto es que Mil Gritos tiene la Noche es un éxito inexplicable. Puede que sea la cutrez o el acto involuntario de ser un filme tremendamente castizo (¿Algo que los Americanos asimilarían sin saberlo?) pero lo cierto es que Juan Piquer Simón no vio alguna así en toda su carrera.

[1] Para consultar más sobre el Slaher en España, Véase. HIGUERA, Rubén, Slasher Films: Violencia Carnal, Ed. Quarentena, Barcelona 2011

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