Acción Ejecutiva (1973)

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Mucho tiempo antes que Oliver Stone retumbara los cimientos de la Historia Norteamericana con su célebre filme J.F.K  (J.F.K: Caso Abierto, 1991) ya se habían realizado incursiones dentro del campo del cine que cuestionaban la teoría oficial de que un solo hombre fuera el encargado de asesinar al presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy. El honor debemos atribuírselo a una película menor en comparación a la de Stone, titulada Executive Action (Acción Ejecutiva, 1973) dirigida por David Miller y rodada exactamente diez años después del asesinato. Un año más tarde, Alan Pakula, un director célebre por sus thrillers políticos, dirigiría otra película que ponía en tela de juicio la versión oficial, Parallax Viex (El último Testigo, 1974), aunque sin arriesgarse de igual manera, porque cambiaba el nombre de los personajes  y escenario de la acción.

El filme lo dirige David Miller, un cineasta ciertamente menor. Donde nos encontramos una figura realmente genial es en el guión, que firmaron en colaboración Mark Lane, Donald Freed…y Dalton Trumbo. Este último, uno de los mayores genios del cine clásico, autor de guiones contestatarios, como el de Spartacus (Espartaco, 1960) por los que fue perseguido por el comité de actividades norteamericanas. Sin embargo hay que decir que tanto la puesta en escena como el guión acaban por mostrar un filme que se comporta de manera irregular. Básicamente el problema se encuentra en la simplificación, con la que se prepara toda la película.

Al igual que en J.F.K de Oliver Stone, Acción Ejecutiva se sirve a lo largo del metraje de discurso documental. La intención del filme no es sólo la de mostrar una película de ficción y entretenimiento, sino de algo que pudo ser perfectamente plausible. Por ese motivo, hemos de valorar el filme en el contexto en el que se realizó, por poder permitir otras visiones que no fueran sólo las impuestas desde arriba. El objetivo del filme es despertar las conciencias del público norteamericano.

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Por este motivo ya desde la secuencia inicial se avisa al espectador de que lo que vamos a ver a continuación es ficción, aunque no se esconde que algo parecido podría haber ocurrido. Por este motivo, se utilizan unas palabras del presidente Lyndon B. Johnson (en tiempos de Kennedy, vicepresidente) que admite la posibilidad de que fuera una conspiración (palabras que iban destinadas a una entrevista televisiva y que fueron censuradas). La película transcurre en dos vías que se intercalan continuamente. Una la de la ficción, que nos es mostrada desde la parte conspirativa, y otra la documental, con imágenes de archivo del Presidente Kennedy. En esta segunda vía vemos al presidente con discursos reales, y que son seleccionados teniendo en cuenta el compromiso político del presidente. El director nos señala claramente que es por culpa de estos discursos por los que acabó muerto.

La película se inicia ya mostrándonos los auténticos culpables del asesinato. En este sentido el filme peca bastante de inocente, porque todo el suspense queda reducido a la nada (algo que J.F.K sabría evitar, gracias a su vertiginoso montaje). Burt Lancaster interpreta el papel de uno de los conspiradores máximos, y realiza una presentación mostrando como la administración del presidente está causando estragos en los grandes Lobbys ecónomicos. La película no apunta directamente en ninguna dirección, porque los conspiradores son personajes prácticamente anónimos. Se opta por una conspiración que tiene grandes poderes (para comprobar el nivel de ostentación y riqueza sólo tenemos que estar atentos a la primera secuencia del filme, que tiene lugar en una lujosa mansión) y que apunta a grandes empresarios, pero que no parece tener arraigos en tintes políticos a priori. Es a lo largo del filme y con la intercalación de los discursos del presidente cuando la ideología de estos personajes siniestros se va desarrollando. Aparecen definidos como unos racistas (ven con malos ojos la revolución de Martin Luther King), reaccionarios (critican las actitudes pacifistas del presidente) y a favor de una economía liberalizada.

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El problema es que Acción Ejecutiva no es una película ciertamente inspirada. Una vez el espectador ha superado la sorpresa inicial de ver a los conspiradores preparar su proyecto de asesinato, la película pierde el interés de manera progresiva. Miller cae en secuencias reiterativas que nos muestran a los malos malosos (definidos con brocha gorda, todo hay que decirlo) preparar su plan para acabar con el presidente. Una y otra vez secuencias de tiros sobre objetivos en movimiento. Y poco más nos ofrece el metraje del filme, que acaba desperdiciando el propio clímax que ofrece el argumento. Sin embargo, es evidente viendo el filme de David Miller, que sino hubiera sido por esta película, las posteriores como la propia J.F.K habrían sido bastante diferentes.

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