El Tigre de Esnapur (1959)

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Der Tiger von Eschnapur (El Tigre de Esnapur, 1959) es una película extraña. No por su temática ni por su forma, que resultan en realidad bastante anodinas dentro del cine comercial de la década de los sesenta, sino porque su estilo no encaja del todo con el hombre que hay detrás de las cámaras: Fritz Lang. El célebre director alemán decidió rodar la película después de su viaje a Norteamérica, donde labró la mayor parte de su carrera, en su retorno a  su país natal Alemania. Sin embargo el filme poca relación tiene con las profundas películas que dirigió en los Estados Unidos, sino que parece volver a la etapa muda del cineasta, durante su primer período en Alemania.

De hecho, el filme parte de un proyecto en el que participó Lang durante los años veinte, cuando realizó el guión en colaboración de su esposa del momento, Thea Von Harbou (quien había escrito la novela que el guión adaptaba) de Das indische Grabmal: Der Tiger von Eschnapur (La Tumba India: El Tigre de Esnapur, 1921)[1]. En principio había de ser Lang el director del filme, pero el proyecto acabó finalmente en las manos de Joe May. Más de treinta años más tarde, Lang retomaría el proyecto, pero en esta ocasión no con una sola película, sino realizando un díptico que se completaría con Das Indische Grabmal (La Tumba India, 1959). El filme se rodó en la India, y contó con un gran reparto lleno de intérpretes alemanes, mientras que la actriz principal, Debra Paget, era norteamericana.

En realidad la El Tigre de Esnapur tiene muy poco de aquel cineasta genial que era capaz de meter el dedo en la llaga con sus películas. El filme se engloba en el género de aventuras y los destellos de grandeza de Lang resultan contados a lo largo del metraje. De hecho, la película podría haber estado rodada por otra director que el espectador no se habría dado cuenta. Seguramente, junto con los seriales que el cineasta realizó en los años veinte, con filmes como Die Spinnen, 1. Teil – Der Goldene See (Las Arañas, Parte 1, 1919) es la obra más artesanal del director.

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La película nos presenta un reino Indio descrito de manera semifantástica (la ambientación hace referencia a dicho país asiático, pero en realidad no hay datos históricos precisos) y una trama romántica arquetípica. Walhter Reyer interpreta a un joven arquitecto que es llamado por un príncipe de un reino indio, interpretado por Paul Hubschmid para que actúe en su reino. Pero ambos comparten un amor que les llevará finalmente al odio, pues se fijan en la misma bella mujer, una bailarina que interpreta Debra Paget.

Lo cierto es que Lang realiza un filme que es puro género de aventuras a la manera de siempre, a la clásica. Y al igual que muchos otros filmes del género, la superficialidad se adueña de la película. Desde los colores totalmente llamativos y exóticos hasta la renqueante trama del filme, El Tigre de Esnapur se revela en su interior como una película vacía. Básicamente la película trata de engatusar al público con el despliegue de sus efectos especiales así como con el exotismo que rodea todo el argumento (desde vestuarios, edificios hasta danzas supuestamente autóctonas).

Pero una vez se rasca un poco en la epidermis, uno se topa con la decepción. Ni siquiera temas como la corrupción y el poder, que son apuntados por el cineasta en diversos momentos del filme, son totalmente definidos, sino que quedan en suspenso. De igual manera le sucede al discurso ideológico del filme que no sabe ser firme. La película apunta al tema de la colonización (los occidentales llegando a Oriente) pero no acaba de rematar su propuesta (nuestro personaje es rápidamente odiado por los antiguos consejeros del príncipe, que ven las injerencias del mundo occidental en su reino).

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Sin embargo, el talento de Lang asoma en la cuidada composición de algunas secuencias, que sobresalen por encima del tono general. A lo largo del filme nos encontramos con algunas escenas magistrales. Por ejemplo, el estudiado baile que realiza la actriz Debra Paget (simulando un baile indio),una secuencia interminable que Lang rueda con buen pulso (y que en todo caso si hay algo que molesta en ella es la cara de occidental que tiene la actriz), la secuencia de las grutas, donde Lang  incluye por fin algunas dosis siniestras o la del Faquir, donde el cineasta sabe mantener la tensión hasta el último segundo.

[1] ALFARONDO, Ricardo, Películas clave del cine de Aventuras, Ed.Ma Non Troppo, Madrid 2008, p. 142-143

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