El Gran Carnaval (1951)

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Ace in the Hole (El Gran Carnaval, 1951) es igual de cómica que The Lost Weekend (Días sin Huella, 1945) o que Sunset Boulevard (El Crepúsculo de los Dioses, 1950), es decir, nada. Está última había sido un éxito de taquilla y Wilder, envalentonado por los resultados, decidió llegar un paso más allá en su acidez. Seguramente el Gran Carnaval es la película más oscura de su prolífica carrera (por lo menos en lo que respecta a la crítica al Establishment) y por este motivo el filme se estrelló en taquilla. A pesar de los intentos de la productora, la Paramount, por cambiar el enfoque comercial del filme (escogiendo un nuevo título, The Big Carnival) el público no aguantó una obra que le señalaba de manera directa con el dedo, apuntando sus defectos, de igual manera que con la prensa[1].

El Gran Carnaval nos presenta una introducción magnífica en la que vemos a nuestro personaje protagonista, interpretado por Kirk Douglas, presentarse ante el espectador. Que Billy Wilder era un magnífico guionista que cuidaba hasta la extenuación cada detalle queda demostrado en estos primeros minutos, donde realiza un clinic perfilando los detalles principales del personaje. Sabemos que es un egocéntrico periodista, y que ha sido despedido de todos sus antiguos trabajos por su conflictiva personalidad. Sin embargo, el jefe del periódico local, decide contratarlo por la entrega y dedicación que parece presentar. El personaje de Douglas es enviado a cubrir una noticia absurda, pero por el camino se encuentra con un caso que puede ser un filón, y que no va a desaprovechar de ninguna de las maneras.

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En realidad, La tesis principal de El gran Carnval es demostrarnos el desarrollo y nacimiento del sensacionalismo periodístico. El personaje de Kirk Douglas es la encarnación de este nuevo periodismo, que no tiene ningún reparo en realizar todas las triquiñuelas posibles para cubrir la noticia más grande posible. Su modus operandi difiere totalmente del emblema bordado en tela que hay en su empresa (“Cuenta la verdad”) y se acerca al de “No dejes que la verdad estropee una buena historia”. De hecho el filme es una confrontación constante entre estas dos éticas periodísticas.

En cierto momento del filme, el personaje de Douglas espeta que “Yo no provoco los sucesos, sólo los cubro”. Algo que posteriormente se descubre como una mentira, porque precisamente lo vemos negociar con el Sheriff para que la expedición de rescate se demore lo máximo posible, y de esta manera conseguir más tiempo para su espectacular historia.

Wilder desdobla el personaje de Douglas en un joven periodista que le acompaña desde el primer momento. Este joven personaje, que la película nos lo presenta en un primer momento como un auténtico novato recién salido de la universidad, es en primera instancia un periodista con fuertes convicciones morales. Sin embargo, a medida que se va dejando influenciar por el personaje de Douglas, va adquiriendo sus métodos así como su ética. Y ¿Porqué? Porque al fin y al cabo es mucho más útil (en términos ecónomicos) que el periodismo esforzado.

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El filme alcanza cotas demenciales a lo largo de su desarrollo. Como ya comentaba, Wilder señala claramente con el dedo a las masas que se acercan para contemplar el espectáculo (porque el incidente se convierte en un espectáculo mediático, como si se tratara de un partido de fútbol) , banalizando de esta manera la gravedad del asunto. Casi como un lienzo surrealista, Wilder describe a la cantidad ingente agrupándose al evento formando un ecosistema propio, que se retroalimenta con las noticias que van llegando de la mano de los periodistas. El despropósito es tal, que incluso se forman atracciones para entretener a los espectadores (el culmen lo encontramos con la noria que se alza en contraposición con la propia montaña) mientras aguardan a la espera.

Todo finaliza con la secuencia, casi mesiánica, en la que el personaje de Kirk Douglas se ilumina ante la muerte del hombre y decide enmendar su propio error. Se sube a lo alto de la cima, y desde ahí Wilder, presentándolo casi como una especie de Moisés bíblico enfadado ante la lujuria de su pueblo, pregona que el Show ha terminado (algo imperdonable para la gran masa).

El Gran Carnaval ha sido asociado por la historiografía con el geénero del film Noir. Sin embargo, es evidente que el filme desarrolla algunas características que lo diferencian de sus compañeros, como es que principalmente la acción transcurra en pleno desierto. Y es cierto que una historia que sucede en un lugar tan amplio y sin remitentes urbanos no es habitual en el género, pero por lo demás, la película cumple con otros tópicos como la trama oscura que se cierne, el poder y la corrupción que ejercen una influencia decisiva en los personajes, e incluso una mujer fatal que interpreta Jan Sterling.

[1] GONZÁLEZ, Juan Carlos, Elogio de lo Imperfecto: El cine de Billy Wilder, Ed. Universidad de Antioquía, Medellín 2008, p. 62

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