El Manantial (1949)

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The Fountainhead (El Manantial, 1949) es un panfleto nauseabundo. La película adapta la obra de la pseudofilósofa (el término profeta sería más acertado) Ayn Rand, quien colaboró en la supervisión y revisión del guión.  Su director fue King Vidor, quien pareció no estorbarle demasiado el hecho de que el filme y sus teorías individualistas se contradicen con las tesis que realizó en Our daily Bread (El Pan nuestro de cada día, 1932). Y ¿Qué propone exactamente la película?

Ayn Rand fue una de aquellas defensoras del liberalismo a ultranza, que con la defensa del supremacismo del individuo por delante del colectivo (en un darwinismo aplicado al método social) acabó, junto con las escuelas económicas de Hayek y Chicago (Friedman) por configurar la crisis actual en la que nos desenvolvemos. Hemos de tener claro que fueron estas ideas las que nos han traído hasta la situación actual. Pero además, el  discurso del filme no sabe desarrollarse de manera correcta, sino que tira directamente por los diálogos explícitos que parecen dignos del cine del realismo soviético. Y es que a veces los extremos se tocan.

El Manantial es un filme ridículo de principio a fin. Ya en los primeros compases nos encontramos con diálogos totalmente sacados de lugar, que nos muestran la condición panfletaria del filme. No son naturales, sino que están colocados de manera artificial, escritos por la propia autora e incluidos falsamente en la boca de los personajes. Ayn Rand no tiene ni pajolera idea de construir guiones, porque simplemente utiliza los personajes como simples muñecos de ventriloquía con los que explotar sus mensajes. No deja de ser paradójico que el trabajo tan patético que realiza la defensora del individualismo es tapado por sus compañeros de trabajo. Me gustaría saber que habría opinado Rand sobre este hecho.

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La película nos presenta un arquitecto, interpretado por Gary Cooper. El personaje, pretende realizar una carrera dentro de la arquitectura, pero rápidamente se da cuenta de que su estilo no encaja dentro del mercado. Su idealismo irreconciliable con la realidad le llevará a tener que aguantar críticas y masas enfurecidas que no aguantan sus edificios. Lo cierto es que toda la trama, incluida la del absurdo romance entre el personaje de Cooper y el que interpreta Patricia Neal, es una mera excusa para poder hacer el speech de Rand más comercial de cara al público (paradojas de la vida). También resulta algo absurdo comprobar que la arquitectura que proclama Cooper, es claramente una alusión a la de Frank Lloyd Wright (quien había sido profesor de King Vidor). Los revolucionarios modelos que plantea el arquitecto son en realidad poco innovadores teniendo en cuenta la visión que se nos ofrece (de manera reiterada) de la ciudad. De hecho, el filme tira por una dicotomía estúpida entre el nuevo modelo que propugna nuestro arquitecto, y un clasicismo mal entendido.

Las masas son mostradas como auténticos idiotas, en contraposición al genio individual de nuestro personaje principal. La película es una oda a los valores de la individualidad, que según desarrolla el filme son los únicos que han sido capaces de traer el progreso a la humanidad (en cambio, en uno de los diálogos se comenta que la colectividad no ha aportado más que miseria). Algo que además resulta totalmente idiota teniendo en cuenta la profesión de nuestro protagonista, que es arquitecto. Y es que no es sólo que los edificios no se construyan solos, sino que el filme pasa totalmente por alto que la arquitectura se desarrolla en un espacio y ha de cumplir unas determinadas funciones. De los obreros que han de construir el edificios, así como sus usuarios, el filme corre un tupido velo.

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Claro ejemplo de estas defensas liberales la encontramos en la absurda situación que se desarrolla en el momento final del metraje, cuando el personaje de Cooper quema unos edificios públicos porqué no siguen con sus propias teorías. Es decir, a pesar de que los edificios están diseñados con una voluntad social (realizados para gente con renta baja) el egoísmo individualista de nuestro personaje llega hasta el extremo de poder destruir el edificio, simplemente por el hecho de que no se respetaron sus ideas en la práctica. Y no sólo el filme es capaz de defender semejante patochada, sino que incluso se atreve a airearla en un speech final en la que nuestro protagonista, siguiendo la retórica judicial, nos entrega un discurso absolutamente delirante, en la que no podía faltar una mención a la nación más grande del planeta, los USA.

Poco resulta salvable en el filme. Los modelos arquitectónicos están bien resueltos y la interpretación de Cooper es correcta, pero poco más. A destacar el poético plano final, que acaba cerrando el metraje. Una correcta metáfora de la majadería que pertrechó la señora Rand en colaboración con King Vidor.

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