Foxcatcher (2014)

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Otra vez vuelve a sonar el nombre de Benett Miller en la gala de los Oscars. A pesar de ser un director aún demasiado poco experimentado, el cineasta vuelve a repetir nominaciones importantes con Foxcatcher (Foxcatcher, 2014), si bien no la de Mejor película, si la de mejor director. El caso, es que el filme sigue la senda que marcó el propio cineasta con Moneyball (Moneyball: Rompiendo las reglas, 2011), con la temática de la desmitificación del deporte.

Al igual que en Moneyball, Foxcatcher está basada en hechos reales[1]. El filme nos presenta la historia de los Hermanos Schultz, quienes fueron ambos medallistas en los juegos olímpicos en la competición de Lucha grecoromana. Ahora bien, la película de Miller no tiene la intención de contarnos la historia mil veces vista de superación en la que nuestros personajes protagonistas acaban cumpliendo sus sueños. Foxcatcher se centra, o intenta hacerlo, en el lado más oscuro del deporte y de la derrota.

Exactamente, la película es la historia de un fracaso. Channing Tatum se pone en la piel de Mark Schultz, un luchador que llegó a convertirse en medallista de oro en los juegos olímpicos del 1984. En los primeros compases del filme sin embargo, podemos darnos cuenta de que hay algo que realmente no funciona en su vida. El cineasta se hace eco, en esta primera parte del filme, de la realidad social de un deporte totalmente minoritario. Nuestro personaje tiene que ingeniárselas todas las maneras posibles para sobrevivir, y por eso Miller inicia el filme con una secuencia realmente desoladora: Nuestro personaje cobrando, casi a nombre de su hermano, por dar charlas en colegios. Pero Miller nos señala la indiferencia de los niños y adultos delante de sus intervenciones, que están muy lejas del embelesamiento (más propio de los discursos oratorios sobre el deporte).

Durante la primera parte de la película, Miller hace ostentación de una puesta en escena fría y desangelada. Pero no por error, sino que el cineasta lo hace de manera totalmente deliberada. Y es que, lejos de las películas deportivas donde el éxito se combina con la forma del filme, en Foxcatcher, al igual que ya pasaba en Moneyball, hay una intención de mostrar el lado más oculto del deporte, ya presente desde la puesta en escena del filme. Es más que significativo que no escuchemos ninguna canción de rock o pop (o en realidad, música de cualquier tipo) durante prácticamente toda la película o que todos los discursos que realizan los protagonistas sean en realidad bastante fríos, a diferencia de discursos como el canónico que da Al Pacino en Any Given Sunday (Un Domingo Cualquiera, 1999). La intención de Benett Miller es mostrarnos la realidad de un deporte sobre el que planean más sombras que luces. Por este motivo el montaje mismo es desapasionado, algo que ha provocado reacciones negativas en el público mayoritario, que ha confinado el filme a la calificación generalista de “película aburrida”, cuando lo cierto es que la intención del cineasta es mostrarnos precisamente el drama de unos hombres sin rumbo.

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El personaje que encarna Tatum acabará encontrando un modo de sustento en la mansión de un millonario, llamado Du Pont. Este, interpretado por Steve Carell (totalmente irreconocible y alejado de sus papeles más convencionales) se trata de un mecenas del deporte, que suple sus fracasados sueños de ser un deportista de élite, convirtiéndose en una especie de entrenador de luchadores. Ahí se funda Foxcatcher, un gimnasio con todos los servicios posibles, para reunir un equipo de élite, con la intención inmediata de presentarse a los juegos olímpicos del 1988 en Seúl. El filme retrata perfectamente el perfil del siniestro personaje de Du Pont. De hecho, por momentos, la interpretación de Carell sumada a lo interesante que resulta su personaje consiguen colocar la historia de este protagonista por delante de la del propio Schultz.

El filme, a pesar de dejar una sensación agridulce en el espectador (porque podría haberse convertido en una historia mucho más trascendente) deja detalles más que interesantes a lo largo del metraje: La personalidad psicopática del personaje de Carell y el mundo absurdo que le rodea, la pasividad casi autista del hermano menor de los Schltuz, y la reflexión sobre un deporte tan contradictorio como la propia lucha grecoromana.

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Que algo está ciertamente desangelado acaba demostrándose con el final del filme. Parece como si Benett Miller quisiera señalar desde los primeros compases que hay algo muerto en esta historia, sólo que el cadáver no aparece hasta el último momento. Sin embargo, la corrupción está presente en cada plano del filme. Que Mark Schultz acabé convirtiéndose en una especie de payaso al servicio del público de masas no deja de ser un final tanto poético.

[1] Si bien como cualquier otra película basada en un suceso real altera la historia en algunos aspectos. En internet se pueden encontrar diversos artículos donde la historia real queda confrontada con la película: http://www.historyvshollywood.com/reelfaces/foxcatcher/

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