Cuando despierta la bestia (2014)

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En ocasiones (y sólo en ocasiones) los tópicos parecen ajustarse fielmente al relato. Es el caso de la película danesa, Når Dyrene Drømmer (Cuando despierta la bestia, 2014), que dirige el debutante cineasta, Jonas Alexander Narby. Cuando me refiero a tópicos, me refiero indudablemente a lo que nosotros denominamos como frialdad nórdica. En efecto, el filme de Narby parece imbuido por esta pátina de frialdad y calma, que parece emplear el filme. A pesar de que en apariencia podemos pensar que el tema tratado daría para un festival de sangre, lo cierto es que la película desarrolla el argumento de una manera aparentemente tranquila. Aunque como veremos, la falsa tranquilidad es sólo una capa, como una de hielo, sobre el que se oculta el verdadero drama.

Y es que uno leyendo la sinopsis y el argumento de la película puede confundirse fácilmente. No, Cuando despierta la Bestia no es una película sobre hombres lobo, a pesar de que la protagonista principal del filme, que interpreta Sonia Suhl está sufriendo un proceso fantástico de licantropía. No nos encontramos ante un filme de terror producido como si fuera un churro y con las típicas escenas violentas gratuitas. Más al contrario, la película puede (y en parte debe) leerse perfectamente como una visión amarga del paso de la infancia y adolescencia hacía la madurez. Avisados quedan los que esperen la producción norteamericana media sobre el tema.

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El filme nos presenta a una adolescente danesa más. Al igual que muchos de los adolescentes de cualquier país, nuestra protagonista se siente aislada e incomprendida. Trabaja en una industria alimentaria, limpiando y preparando el pescado. Ya en el propio trabajo podemos ver la poca adaptación que manifiesta este personaje con su entorno. En más de una secuencia el director nos muestra la humillación a la que es sometida por sus compañeros de trabajo (más en concreto en una escena en la que un par de cabestros simulan violarla). A esto se le suma la pasividad con la que parece encarar nuestra protagonista cualquier hecho externo. No reacciona, pero poco a poco va guardando todas estas acciones, que serán expulsadas en el clímax final, que servirá como liberación total.

La película nos la presenta además con un núcleo familiar totalmente desestructurado, y es que nuestra protagonista vive con su padre y su madre, pero una rara enfermedad parece haberse cernido sobre su madre, que se mantiene en un estado muy cercano al vegetativo. Nuestra protagonista y su padre (interpretado por Lars Mikkelsen) se han de ocupar de su total cuidado. A medida que avanza la película, se nos irá descubriendo que lo que en realidad padece la madre es una extraña enfermedad, que parece haberse transmitido a su hija. En un determinado momento de la película, nuestra protagonista empieza a desarrollar una extraña conducta, que irá ligada con esta enfermedad, que no es ni más ni menos que la licantropía. Poco a poco, los tradicionales síntomas a los que estamos acostumbrados por la iconografía tradicional de Hollywood se manifestarán en el personaje de Sonia Suhl.

Como comentaba, en realidad el terror es un pretexto con la que el cineasta pretende contarnos una historia intimista. Gracias a la parábola del hombre lobo (mejor dicho, mujer loba) el director nos plantea temas dramáticos como una familia destrozada por la enfermedad (más que duras resultan las secuencias en las que la madre escupe la papilla con la que es alimentada de manera automática por sus familiares),  la aceptación de los propios cambios que provoca la madurez (exteriorizados en una manera física como es el crecimiento del pelo a la manera de animal) o la relación de amor paterno filial (unida de más por el drama de la madre). Que todo es un mero pretexto para que el cineasta desarolle su discurso parece más que evidente en la manera en como todos los personajes aceptan la enfermedad de licantropía como algo si bien no aceptable moralmente hablando, si algo “Normal”.

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La puesta en escena va en perfecta conjunción con la desapasionada manera en la que Jonas Alexander Arby rueda el drama. Sin duda alguna, Cuando despierta la Bestia es un filme frío. Pero frío de manera deliberada, porque Arby busca esta frialdad, que pasa del tema a la puesta en escena.

Quizá el final resulta demasiado exagerado. Es cierto que el clímax final es una venganza, pero da la impresión de que el cineasta no sabía muy bien como cerrar la película y acaba por la vía más rápida. Ciertamente, el tono del filme distaba bastante de las sagas Crepusculianas a las que parece adaptarse el filme con su final.

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