Infierno en el Pacífico (1968)

descarga

Hell in the Pacific (Infierno en el Pacífico, 1968) es una película extraña y agobiante. Es una muestra además, de un cine hecho para las grandes masas pero reflexivo, algo que parece no tener cabida en nuestro espectro comercial actual.  Con guión de Alexander Jacobs y Eric Bercovici, Infierno en el Pacifico se ambienta en el contexto de la segunda guerra mundial.

Pero lo cierto es que no nos encontramos ante un filme bélico más. A diferencia de las películas generalistas bélicas de la segunda guerra mundial, donde normalmente nos encontramos con un pelotón de los Estados Unidos combatiendo en territorio extranjero, en el filme de Boorman, la guerra se individualiza al extremo, de tal manera que sólo nos encontramos con dos personajes protagonistas (de hecho, los únicos que aparecerán en el filme), los que interpretan respectivamente Lee Marvin y Toshiro Mifune (dos estrellas reconocidas por aquel entonces; bien que a Mifune se le conocía más dentro del ámbito más especializado, por las películas en las que había participado con el director Akira Kurosawa). Un norteamericano y un japonés. La guerra se abstrae y queda delimitada hacia su mínima expresión (la lucha individual, cuerpo a cuerpo y sin armamento bélico actual). Nuestros dos hombres han quedado aislados en una isla, y ahora están olvidados por sus respectivos gobiernos, que los han abandonado a su suerte.

duelo

El filme no tira por la vía tópica en ningún momento. Para muestra, el final del filme. Sí en un primer momento podemos pensar que rápidamente los dos personajes se iban a fundir en un abrazo para dejar de lado sus diferencias, en realidad nos encontramos con un desarrollo mucho más duro y cercano a una cartografía Hobbesiana. Lo cierto, es que durante la primera parte del metraje, cada uno de los hombres hace la guerra por su cuenta en la pequeña isla. Constantemente les vemos haciéndose la vida imposible (robar el agua al contrario, golpearse, e incluso una secuencia ya mítica en la que el personaje de Lee Marvin directamente orina sobre el personaje de Mifune). Es como si aún estuvieran luchando en las trincheras. No será hasta que compartan un objetivo común, cuando aunaran fuerzas.

El acercamiento entre estos dos protagonistas, no será rápido ni mucho menos. Pero a diferencia de la guerra general, donde los soldados aniquilan y asesinan personas de otro bando sin apenas conocer su historia (o ni siquiera ver su rostro), en la película se produce un proceso por el cual nuestros protagonistas van conociéndose mutuamente. El enemigo ya no se convierte en un ente abstracto, sino que va cogiendo forma. Lo que más le unirá, será la intención de salir de la isla, con lo que deberán sumar fuerzas para construir una balsa que les permita salir del lugar donde se encuentran.

Infierno-en-el-pacifico (4)

Nos encontramos con dos posturas irreconciliables. Donde mejor queda patente esta visión del filme es con la incomunicación. Nuestros personajes, obviamente, no hablan el mismo idioma. Para comunicarse entre ellos, tendrán que recurrir a la gestualidad y a la mímica. Comentarán cosas en voz alta, pero siempre sabiendo que no tienen receptor, porque nadie es capaz de entenderlos en esa isla, exceptuando ellos mismos. Hay pues, una clara visión en torno a la incomunicación, que acerca Infierno en el Pacífico a una película de lenguaje mudo. Se recupera el cine de la primera época, para desarrollar un discurso que se centra en los instintos más primarios del ser humano, que vuelve a un estado salvaje. Poco que ver con la visión más edulcorada de Robinson Crusoe, sino una vuelta a los orígenes más primitivos del ser humano. Al perder el lenguaje y la capacidad de comunicación, nuestros protagonistas vuelven a un estado animal.

Nos encontramos con una película obsesiva y muy poco complaciente. El final mismo es una buena muestra de la intensidad con la que Boorman afronta la propuesta. En vez de optar por un final reconciliador (por el que parecía que se optaba en la segunda mitad del metraje), el filme se acerca a una resolución tan amarga como desoladora. Como en realidad, lo fue la propia guerra (por eso el personaje de Mifure se queda absorto al comprobar en un diario que su país ha perdido la guerra).

Estéticamente, también se percibe el desequilibrio que rodea toda la película. Desde un montaje frenético, que constantemente nos muestra unos primeros planos desgarradores de los protagonistas (las interpretaciones de los dos actores son sublimes, encarnando a caracteres totalmente desquiciados) hasta el aprovechamiento de unos paisajes que a pesar de que teóricamente podrían tener la intención de mostrar la belleza del horizonte, lo cierto es que son un alargamiento más del infierno personal de los dos personajes.

 

 

 

This entry was posted in Análisis Fílmico, Cine and tagged , , , , , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s