Z. (1969)

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Z. (Z., 1969) es para algunos[1], la reacción cinematográfica al movimiento político del mayo del 1968. Desde luego supuso el desembarco de una figura de la talla de Constantin Costa-Gavras, quien llegaría para revolucionar el Thriller contemporáneo, elevándolo a unas alturas de las que no haría más que bajar con el paso de los años y la irrupción de otras fórmulas comerciales, más suaves y endebles. De todas maneras, Z. consiguió un importante éxito de público en Francia.

Para entender la actitud rompedora de Costa-Gavras sólo hay que comprobar el intertitulo con el que se inicia la película. El director afina bien sus dardos para lanzarlos de una manera directa y concisa al sistema comercial Hollywoodiense. A diferencia de los falsos títulos en los que se pone de manifiesto “Que cualquiera coincidencia con la realidad es ficticia”, Costa-Gavras se enfanga proclamando que “Cualquiera intención es voluntaria”. El director rehuye de excusas y pone de manifiesto sus intenciones desde el primer minuto. Es en este sentido en el que también hay que saber valorar la propuesta de Costa-Gavras con Z.. El director entendió las posibilidades que le permitía al cine en relación con la recepción de masas y el gran eco que se puede obtener con un filme de denuncia. A partir de este filme, la trayectoria de Costa-Gavras se seguirá moviendo siempre en el terreno del cine que pretende despertar conciencias.

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Z. no es ciencia ficción. Como nos indica el comentado inicio, el filme tiene la intención de radiografiar una situación histórica en concreto. En realidad, toda la trama del filme desarrolla los hechos que tuvieron lugar en Grecia, con el asesinato de Grigoris Lambrakis y la investigación posterior a cargo de Christos Sartzetakis. El filme trata pues, temas que son prácticamente contemporáneos, pues cuando el filme se estrena en Grecia existía aún una dictadura militar (la conocida dictadura de los coroneles) que surgió precisamente de los hechos que retrata el filme.

Situémonos en el 1963, año en que se inicia el filme. A pesar de que Costa-Gavras no denuncia explícitamente el marco de acción como Grecia (el filme se rodó en gran parte en Argelia) lo cierto es que transcurre evidentemente en ese país y no es extraño que para más señas el cineasta coloque elementos inequívocos como canciones populares griegas. Todo se inicia con la llegada de un político (Lambrakis) a una gran ciudad, para dar un meeting político. Sin embargo, a última hora es cancelado la sala donde iba a dar el discurso, con lo que el gobierno se ve obligado a dar un solución in extremis, situando a nuestro político en una plaza. Finalmente, en medio de manifestaciones y tumultos, nuestro político es asesinado por el golpe proveniente de un hombre montado en un motocarro. Aquí acabará la primera parte de la película, para dar parte a la investigación fiscal, que tratará de ocuparse de los hechos.

Entrando en el terreno del thriller, aparece el personaje que ineludiblemente referencia a Sartzetakis, el fiscal que se encargará de investigar lo que sucedió. Costa-Gavras rueda esta segunda mitad teniendo muy en cuenta elementos propios del cine comercial como el suspense y el misterio, para que ayuden a la digestión del espectador. De tal manera, que un hecho real es presentado con magistrales lecciones de cine. Sartzetakis, interpretado por Jean Louis- Trintignant, es el óbice que utiliza el cineasta para construir los cimientos de su crítica. Se emplean para la investigación recursos como los Flashbacks (que reconstruirán el accidente) o una construcción muy singular de la acción, en la que el director emplea el tiempo y el espacio de una manera muy personal (en una misma habitación, en cuestión de segundos puede haber transcurrido diversas horas). Z. no es una película con un simple contenido denunciatorio bien estructurado, sino que el director sabe perfectamente que para que su película tenga más rédito, es necesario una construcción formalista correcta. De esta manera, el filme se convierte en accesible para muchos más públicos, y el mensaje puede extenderse más fácilmente.

En definitiva, Z. Apunta a la corrupción del poder, que se extiende con sus tentáculos por todo el país (desde las altas esferas hasta el ciudadano más pobre) impregnándolo todo de una tinta que consume y fagocita todo lo que merece la pena dentro del estado Sería imposible describir en pocas líneas la cantidad de resortes que Costa-Gavras es capaz de acusar con su filme.

[1] SMITH, Alison, French Cinema in the 1970s: The Echoes of May, Ed. Manchester University Press, Manchester 2005, p. 36

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