La Historia del Camello que Llora (2003)

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Ingen Numsil (La historia del Camello que llora, 2003) se trata de una película independiente, coproducida entre Alemania y Mongolia y que cuenta una historia atractiva y apasionante, a pesar de que a priori puede parecer una aventura un tanto extraña. El filme tiene la intención de mostrarnos la vida cotidiana y el modus vivendi de una tradicional familia rural de Mongolia, que vive prácticamente en el nomadismo.  Los beneficios vienen en gran parte de la lana que consiguen de sus camellos, animales a los que cuidan. En realidad, los primeros compases de la película no son más que el relato día a día de una familia rural, y el director no oculta ningún tipo de detalle en esta reconstrucción, desde el baño de los más jóvenes de la familia, hasta la singular relación entre los campesinos y los camellos.

La película no tiene un aire romántico ni cae en absurdos clichés. Ciertamente el retrato se ajusta a la realidad, y no adultera la historia en ningún momento. Es cierto que hay algunas secuencias que pretenden buscar una cierta estética, pero nunca rompen el discurso verosímil del relato, como es el caso de la escenas que nos muestran los paisajes (las famosas estepas mongolas) que tienen como marco de vida nuestros protagonistas.

Así pues, la película no tiene una narrativa convencional, aunque los dos directores de la película nos presentan un eje que será el que hará desarrollar la historia, como es el nacimiento de una pequeña cría de camello. Esta cría, parece ser repudiada por su propia madre, lo que generará un discurso sobre el que se cimenta gran parte de la película. Por otra parte, la cría de camello tiene un evidente paralelo con el propio hijo de la familia. El filme explora el crecimiento y la adaptación de los más pequeños, algo que puede soprender en algunos momentos al espectador occidental, como por ejemplo cuando hacia el final del filme los miembros adultos de la familia mandan a los dos muchachos jóvenes (uno de ellos ni siquiera es un adolescente) a encargarse de ciertos negocios. Al igual que vemos el proceso de maduración de los muchachos, simultáneamente transcurre con los propios animales.

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Además, hay que decir que el filme es muy singular. Lo generalmente habitual en un documental de estas características habría sido la utilización de la Voz en off, que habría detallado totalmente las acciones que protagonizan nuestros personajes. Sin embargo, que el filme funciona, lo demuestra el hecho de que los directores han prescindido totalmente de este recurso, y sin embargo el filme es perfectamente entendible para cualquiera. Sólo con las imágenes y el montaje somos capaces de entender lo que nos han querido transmitir los directores. Lenguaje prácticamente mudo, que apenas queda interrumpido por algún diálogo aislado o por la secuencia en la que se práctica una especia de ritual mágico acompañado de la música autóctona, que alcanza las más altas cotas de todo el filme.

La Historia del Camello que llora no es sólo la de un retrato fidedigno o verosímil sobre una comunidad nómada de Mongolia. Es evidente que  los directores del filme, Byambasuren Davaa y Luigi Falorni  buscan desarrollar un debate, más allá de la radiografía más costumbrista y etnológica. Para muestra tenemos el final del filme, que no deja de ser el subrayado evidente (pero justificado, por ser la conclusión y al haber evitado el lenguaje hablado), cuando nuestros protagonistas mongoles acaban colocando una antena para poder ver la televisión. En efecto, constantemente podemos intuir en la película un discurso que gira en torno a la globalización. Y lo que nos demuestra el filme, es que esta ha llegado a todos los rincones del mundo, incluidos los más inhóspitos, como podrían ser las estepas de Mongolia (no ya la capital, Ulán Bator, que no aparece en el filme en ningún momento). Incluso la pureza de un mundo como el de estos pastores nómadas ha quedado contaminada con la pátina de la globalización. Y es que en efecto, los pastores conocen la televisión y como funciona, e incluso el hijo de la familia quiere tener una de ellas en su casa, para poder compararse con los demás niños a los que ha visto con el aparato. Por no hablar de los pequeños detalles que introduce el filme, como la radio que tiene el padre o la gorra de Adidas con la que viste el mismo niño (Uno no puede dejar de preguntarse como habrá llegado la gorra hasta allí). El filme analiza a la perfección (y sin la intención de hacer hincapié en ningún momento) en la extraña mezcolanza que existe entre el modo de vida tradicional de esos pastores nómadas, y la del capitalismo. Una dicotomía que se establece en el propio país de Mongolia, entre la gente que vive en la urbe, la capital de Ulán Bator, y el resto de habitantes, que prácticamente son nómadas.

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One Response to La Historia del Camello que Llora (2003)

  1. JJ Ruiz says:

    Genial historia

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