El Caíd (1921)

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The Sheik (El Caíd, 1921), filme dirigido por Georges Melford, fue el éxito que llevó el nombre de Rodolfo Valentino a lo más alto del Holywood de los años veinte. La película,  basada en la novela de Edith Maude Hull, arrasó en las taquillas, llegando a conseguir aproximadamente unos 125 millones de espectadores[1]. El cóctel del filme, que mezcla romanticismo y exotismo, era una combinación irresistible para el espectador medio de aquellos momentos. Debito al incuestionable éxito, el filme sufrió un remake apenas cinco años más tarde, que contaba con el mismo Rodolfo Valentino, pero dirigida por otro director, George Fitzmaure, The son of the Sheik (El Hijo del caíd, 1926). Este segundo filme, apenas aportó nada original a la historia.

La película tiene un argumento bastante simple. La acción transcurre principalmente en dos lugares de Argelia. Uno de ellos es el profundo desierto donde nos encontramos con un jeque importante, que interpreta Rodolfo Valentino. Cuando este viaja a la ciudad de Biskra, se encuentra con una mujer británica, que interpreta Anges Ayres, y de la cual quedará prendido. Por este motivo, la raptará y la llevará al desierto con su tribu. Gran parte del metraje se centrará en la historia de amor y odio que se establece entre los dos personajes, hasta llegar al tramo final donde entrará de pleno la acción (una secuencia de batalla que parece sacada de un filme colonialista). Como vemos, el filme domina todo tipo de espectros, desde la rama romántica hasta las secuencias de acción. Seguramente esto explica parte de su éxito.

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El Caíd nos adentra en un argumento que parece sacado de una novela romántica. Pero no romántica tal y como la conocemos hoy en día, sino con el romanticismo de inicios del Siglo XIX. El filme se recrea en el exotismo de la ambientación, que transcurre en Oriente, de manera evidente. Por este motivo, y para impresionar al espectador (por aquel entonces la televisión e Internet no existían y la información corría por otros canales) nos encontramos con multitud de detalles que tienen la intención de describir el alucinante mundo en el que nos encontramos. Desde la (falsa) arquitectura de Biskra, pasando por la tienda de campaña y hasta los más nimios objetos de orfebrería, todo está realizado con el propósito de dejar boquiabierto al espectador y trasladarlo al desierto.

Pero además, también hay una exaltación del amor que acaba por caer en el folleto más rancio. Rodolfo Valentino interpreta a un personaje tópico, y no es más tópica la relación que se establece entre él y la protagonista femenina. George Melford hace recaer todo el peso del filme en una relación que únicamente se sustenta por las diferencias y contrastes (europeo contra árabe) entre los dos personajes.

El filme configuró también parte del pensamiento que se tiene sobre el mundo oriental. Los tópicos sobre los hombres del desierto aparecen en todo su esplendor. Los árabes son representados como semi bárbaros, con unas costumbres tradicionales que a los ojos de los occidentales resultan totalmente arcaicas, como la compra de esclavos o el matrimonio casi utilizando el mismo método de la compra y venta (una frase que suena en el filme resulta bastante significativa: “Cuando un hombre del desierto quiere a una mujer, la coge”.

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Lo más interesante de todo, es que El Caíd es una película moralmente dudosa. Todo se debe a la concepción que realiza el filme sobre la masculinidad del personaje protagonista, que interpreta Rodolfo Valentino, y la manera como trata a la protagonista femenina. No sólo es el hecho de que el personaje rapte, algo que meramente va con el desarrollo argumental de la película, sino la perspectiva heroica con la que es definido el personaje. Es decir, El Caíd magnifica el personaje en contraposición del enemigo final, porque a diferencia de este, el personaje de Valentino no es tan malo como pudiera aparentar en un principio. Por si fuera, poco, la mujer acaba llorando sobre el aparente cadáver del personaje. Lo cierto, es que el personaje del caíd es en realidad un consumado maltratador, que no tiene ningún reparo en convencer con el uso de la fuerza para que sea amado. El filme que firma George Melford, define como atractivo la figura masculinizada que constantemente nos muestra el filme. Valentino tanto gestualmente como con sus acciones es descrito con los tópicos sobre el hombre robusto, fuerte, valiente, etc…

Por lo demás, el filme es un claro ejemplo de cine mudo hecho de manera artesanal. Tiene sus secuencias de interés, así como un diseño de producción bastante cuidado (y fantasioso) pero aún así no lo suficiente como para soportar el paso del tiempo.

[1] REDMOND, Sean y HOLMES, Su, Framing Celebrity: New Directions in celebrity culture, Ed. Routledge, New York 2007, p. 137

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