El Hombre Sin Piernas (The Penalty, 1920)

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The Penalty (El Hombre sin Piernas, 1920) es una de las películas que consagró al excelente actor Lon Chaney, a la cumbre de actores de Hollywood además de con uno de los motes que le haría pasar a la historia, como fue el de “El Hombre de las mil cámaras”. Lo cierto es que el actor colaboró con uno de los directores con los que compartiría una trayectoria cinematográfica importante, en la que seguiría elaborando su particular mito, como fue Wallace Worsley y en películas como la célebre The Hunchback of Notre Dame (El Jorobado de Notre Dame, 1923) .

Aún así, The Penalty es una película bastante irregular. A pesar de la maravillosa interpretación de Lon Chaney, que es en realidad media película, el filme flojea claramente en su desarrollo argumental, cayendo en un tono panfletario que sólo muestra algunos destellos aislados de genialidad.

The Penalty es la historia de una venganza. Lon Chaney interpreta a un joven criminal, que de joven sufrió un terrible accidente, que le dejó totalmente incapacitado físicamente, perdiendo sus dos piernas. La película empieza precisamente con esta introducción, casi un flashback, que nos muestra al Niño tumbado en la cama, mientras los dos médicos comentan el desastre de operación que han realizado. El Niño, a pesar de estar anestesiado, oye la conversación. Ahí tenemos el punto de partida que supone la venganza.

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Después de esta pequeña introducción, que incluye la película para explicarnos de manera directa los motivos de la Venganza que será el eje de la película, pasamos al marco actual en que tiene acción el filme. Y la historia transcurre en Chicago, no por casualidad. De hecho, en estos primeros momentos el director Worsley nos muestra ya la imagen de ciudad tomada por el caos y el desorden, que se tenía en la conciencia colectiva de los años veinte. Vale la pena recordar la introducción que realiza el filme sobre la ciudad, mostrándonos todo tipo de crímenes (en cierta parte del filme está visión se repetirá). La mafia campa a sus anchas en la ciudad.

Y en este pintoresco Chicago, el rey del Crimen es Lon Chaney (Geográficamente el filme nos sitúa a nuestro personaje en un lugar muy diferente al resto de la ciudad, el “Underworld” Un mundo que simbólicamente parece una especie de Infierno en la tierra), un extraño personaje que se mueve sin sus dos piernas, que perdió en el relatado accidente. Es más que evidente, que Worsley explota con esta situación la caracterización del personaje de Chaney. Y es que sin este defecto físico, la película habría perdido su interés, por absurdo que parezca esta afirmación a priori. Pero lo cierto, es que el personaje de Chaney representa el mal más absoluto y el defecto físico es para el director un requisito indispensable para configurar la iconografía del personaje. Asociando algo que a primera vista parece repulsivo para el espectador, como es un tullido, con el mal. Hemos de tener en cuenta, que además la película se produce en un momento determinado, cuando los soldados de la Primera Guerra mundial volvieron del conflicto, mostrando muchos de ellos sus heridas e incapacidades que les había provocado la guerra[1]. Lo que hace El Hombre Sin Piernas es reconvertir este escenario cotidiano, que no dejaba de ser el día a día,  en una parábola terrorífica. Sin duda, el elemento subconsciente entra con toda su fuerza en este aspecto.

De hecho, en un determinado momento del filme se llega a relacionar directamente nuestro protagonista con Satán (en una estratagema decide vengarse de la hija del médico que le cortó las piernas, y esta está trabajando de escultora, y anuncia en el Periódico que está buscando un modelo humano para hacer de Satán, de tal manera que el Personaje de Chaney ve el momento perfecto para urdir su plan, presentándose como modelo).  Por tanto, donde mejor apunta el filme es en la concepción de sus numerosos detalles macabros y morbosos, como los ya comentados en referencia al protagonista de Chaney, u otras como las secuencias que aluden a una nada velada felación (La Censura en los años veinte era aún muy laxa en el contexto norteamericana).

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Por eso decía, que en realidad el Personaje de Chaney es prácticamente toda la película. Su iconografía es maravillosa, pero el resto afea totalmente el filme. El desarrollo del argumento cae en una trama criminal tópica y que no resulta demasiado novedosa, ni siquiera para la época.  Además la puesta en escena carece de cualquier interés, convirtiéndose en rudimentaria y monótona.

La estructura del filme se desarrolla de manera tripartita. A partir de los tres escenarios básicos donde transcurre la acción, evoluciona el filme. El escenario del “Underwordl” Donde el Personaje de Chaney tiene su cortijo particular, la investigación policial y el Estudio de nuestra escultora. Finalmente los diversos apuntos acaban fundiendose en un interesante clímax final.

[1] Queda muy bien analizado por: SKAL, David J, Monster Show: Una Historia Cultural del Horror, Ed. Valdemar, Madrid 2008

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