El Ogro (1996)

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Der Unhold (El Ogro, 1996) es una película poética y extraña. La Dirige Volker Schlöndorff, uno de los cineastas más importantes de la Cinematografía Alemana. Este director fue uno de los renovadores englobados dentro de la corriente de los Nuevos Cines, que surgió en Europa en los años sesenta. Precisamente, una de sus películas más célebres en esta etapa es Der junge Törless (El Joven Törless, 1966) con quien El Ogro comparte ciertas semejanzas, como es la temática de radiografiar parte de la Formación del Nazismo, y el profundo impacto que esta generó.

El Ogro nos presenta un extraño personaje, interpretado por John Malkovich. Esto es importante, porque es una de las diferencias básicas que encontramos en el filme con cualquiera otra producción convencional que trata el tema Nazi. Una de las cosas más interesantes que hace la película es colocar una figura totalmente extraña en un marco que tenemos asimilado como Histórico y que hemos visto mil veces en el cine, y la sensación que esto produce es totalmente poética. Nuestro personaje es una Rara Avis del cine, que como veremos más adelante, introduce un elemento casi fantástico en un relato teóricamente histórico.

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El eje principal de la película es la Fascinación que provoca el Totalitarismo, en esta ocasión, el Nazismo. Para ello, la película recurre a un argumento que puede leerse como una parábola de los Renegados de la política que acabaron abrazando al Führer como una salvación a los problemas generados por la primera guerra mundial, como es la historia que desarrolla la película con nuestro protagonista. Mediante la utilización de la Voz en Off, que proviene del personaje protagonista, el filme nos cuenta una historia personal, que empieza desde que el personaje de John Malkovich era un niño hasta prácticamente el final de la segunda guerra mundial. Como decía antes, Malkovich interpreta (magníficamente) a un personaje extraño y desconcertante, sobre el que el espectador no sabe exactamente como posicionarse.

Ya en los primeros compases del filme, lo vemos desentonar completamente con la sociedad francesa en la que convive. Es una especie de Marginado social, que rehuye del contacto social adulto para hablar y aproximarse a las únicas figuras que le interesan, como son los niños. ¿Ahora bien, lo hace porque conecta con ellos por la pureza e inocencia? ¿O va más allá de una relación puramente idealista? El filme nunca resuelve estas dudas, sino que las suspende de manera indefinida en el aire. Precisamente, es condenado en Francia por presuntamente abusar de una niña, y acabará en la Guerra, hasta que finalmente por azares del destino se convertirá en un prisionero de los alemanes.

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Es en esta segunda parte de la película, donde el director nos muestra la fascinación que causa la estética Nazi en nuestro protagonista. No es que directamente lo veamos abrazar la causa fascista, pero si se deja imbuir por la amistad con algunos de los líderes nazis. Schlöndorff nos enseña cómo consiguió el Nazismo conseguir tantos adeptos, haciendo hincapié en la poderosa liturgia que empleaban. Desde los desfiles, cánticos, incluso la teoría racial…Somos testigos mediante la visión de nuestro protagonista, de todo este ritual que engulló a una sociedad desesperada por creer. Inteligentemente, el director no releva las intenciones denunciatorias más que en momentos contados (es el caso de la conversación que tiene nuestro protagonista con un alemán que le habla precisamente sobre el trasfondo del nazismo) sino que se centra en la extraña relación de nuestro protagonista con los niños.

Estéticamente el filme también alcanza cotas de gran nivel. La fotografía juega primero un papel simbólico, utilizando el Blanco y negro para hablar del pasado del Protagonista (cuando era un niño) mientras que cuando es adulto nos encontramos con una fotografía en Color. Sin embargo, la realidad es que a pesar de los cambios de formato, la gama cromática está empleada siempre de una manera muy efectiva, resaltando determinados colores en el contexto que ocupan en el filme, como la fiesta Nazi, donde aparece el mismísmo Goëring, y donde el filme resalta diversos objetos sobre los que recae la atención, o la oscuridad que envuelve la última parte de la película.

El Final, que nos muestra como lo más puro, como es la infancia, puede corromperse (Los jóvenes vitoreando el Nazismo y una muerte próxima, que parecen buscar gustosamente) es realmente desolador. Pero no está buscado con un maniqueísmo, sino que la singular poética se mantiene durante todo el metraje.

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