Lebanon (2009)

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Antes de Fury (Corazones de Acero, 2014) se presentó Lebanon (Lebanon, 2009) quien ya mostraba años antes un argumento muy similar al de la película de David Ayer. Además Lebanon, película dirigida por Samuel Maoz, consiguió el reconocimiento internacional cuando ganó el León de oro en el Festival de Venecia, además de la mejor fotografía (así como cinco nominaciones) en los Premios del Cine Europeo.

Lebanon es una película que nos presenta un argumento un tanto insólito. Prácticamente toda la acción transcurre en un tanque Israelí (aunque hay que ir con cuidado con esta afirmación, como veremos más adelante) y no hay más mundo lejos de las paredes de hierro del tanque. La película se ambienta en la guerra real que tuvo lugar en el 1982, entre el Líbano e Israel. Los personajes protagonistas son un grupo de soldados israelitas que conviven este tanque, hasta que son enviados por su comandante a una misión especial. Toda la película es pues esta misión, que es vivida desde los variopintos soldados del tanque.

Sin embargo, como comentaba anteriormente, en realidad no es justo afirmar que la película aprovecha todo el suspense dentro de un único espacio, como es el tanque, porque no es del todo cierto. A diferencia de películas como The Rope (La Soga, 1948) de Alfred Hitchock[1], donde sí nos encontrábamos con un único escenario, Lebanon tiene la trampa del punto de vista subjetivo del tanque. Y es que continuamente vemos lo que ve la propia mira del tanque, que controla uno de los protagonistas. Es decir, ya no hay un único escenario cerrado y aislado, sino que mediante un plano subjetivo, somos testigos de lo que está sucediendo afuera. Esto lo utiliza el director de la película, Samuel Maoz, para conseguir un poco de alternancia y ritmo, que no logra enteramente cuando la acción cae exclusivamente en el tanque.

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En principio, viendo la sinopsis y la nacionalidad de la película, nos podría parecer que estamos ante una obra más de propaganda, pero lo cierto es que Lebanon es un alegato antibelicista brutal. En ocasiones, tan sensacionalista, que la baza crítica se le vuelve en contra, por buscar de manera desesperada la reacción en el espectador. Constantemente Lebanon refleja el drama de la guerra y para ello no tiene ningún reparo en mostrar todo tipo de imágenes.

La realidad de la guerra se presenta en todos sus aspectos. Primero desde una parte estética: Nuestros soldados parecen de todo menos humanos, pues se encuentran en un estado físico deplorable. Manchados y totalmente sucios, la película nos muestra que la guerra es seguramente uno de los actos más nauseabundos (sin metáforas, desde el punto de vista estético) que existen. De igual manera sucede con el tanque, que lejos de las visiones románticas de Hollywood, nos enseña un interior de la maquinaria totalmente corroída y en mal estado.

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Por otra parte, la dureza de la guerra se revela también en los diálogos y comportamientos de los diversos soldados que comparten el tanque. Lo más lógico habría sido trabajar en equipo, pero la cordura es un bien escaso en la guerra, tal y como nos muestra el filme de manera reiterada. Los soldados que comparten el tanque se increpan constantemente llegando en varias ocasiones a las vejaciones verbales. Un proceso de deshumanización total, que pretende desmitificar el concepto del soldado israelí como un soldado frío e insensible, intentando señalar que lo único que vale en la guerra es una supervivencia primitiva.

Y finalmente en las imágenes, que prácticamente son presentadas a través del punto de vista subjetivo del propio tanque. Mediante este recurso se nos presenta la guerra en todo su esplendor, con operaciones militares de todo tipo, aunque hay que tener en cuenta que en alguna ocasión la película vende el sensacionalismo para poder afectar más al espectador. Caso de la mujer, víctima de la guerra que se queda mirando al tanque (es decir, a nosotros mismos, el espectador) desconsoladamente. No es que estén demasiado alejadas de lo que es una guerra en realidad, pero no se puede dejar de advertir cierto tufo pseudosentimentaloide que hace que la película tire por la vía más fácil de todas.

[1] Esta mención no es casual. Algunos críticos compararon, de manera muy descuidada, la película con la obra del director británico, como es el caso de Carlos Boyero, en el diario El País: http://elpais.com/diario/2009/09/09/cultura/1252447203_850215.html

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