Arte para Dummies 6: El Padre de la Historia del Arte.

Hoy en día tenemos una imagen totalmente distorsionada sobre la Antigüedad. Cuando nos referimos al pueblo griego o romano, tendemos a pensar en un grupo de gente de un nivel cultural elevadísimo, que debate vestido en toga en el Foro o ágora, mientras simultáneamente los escultores y arquitectos llenan el mundo con sus obras de arte, que es su legado más visible que les ha precedido. En realidad, esta visión totalmente mítica, proviene por la primera hornada Historiográfica que se dedicó a la investigación clásica. Sin duda alguna, uno de estos responsables es Johann Joachim Winckelmann (1717-1768), que sería uno de los precursores, en el plano teórico, del Neoclasicismo.

Winckelmann Angelika Kaufmann

Retrato de Johann Joachim Winckelmann (1764) por Angelica Kaufmann.  Kaufmann es una de las mujeres artistas más célebres de la historia. Nacida en Suiza, fue educada en un ambiente liberal, recibiendo formación artística. En Roma, la mujer del pintor (también neoclásico) Anton Rapahel Mengs introdujo a Kaufmann en los círculos intelectuales del momento[1], donde conoció a Winckelmann, que accedió a retratarse por la artista.

Winckelmann nació en la actual Alemania en el 1717 en el seno de una familia muy humilde (su padre fue un zapatero). Fue su mente quien le fue abriendo puertas, estudiando en la universidad de Halle en 1738 teología y letras antiguas. A pesar de que en 1755 publicó una importante obra, Reflexiones sobre la imitación de las obras griegas en la pintura y escultura,  a nosotros nos interesa remarcar que en 1756 se traslada a Roma, donde haría sus investigaciones más importantes. Después de viajar por toda la península Itálica, descubriendo las obras clásicas, en el 1764 escribe una obra fundamental para el desarrollo de la historia del arte, Historia del arte de la antigüedad.

Es en esta obra, donde Winckelmann configura su visión idealista sobre el arte clásico. Podemos decir que junto a Giorgio Vasari (1511-1574)[2], Winckelmann es uno de los padres de la historia del arte, porque presenta el primer estudio serio sobre un período artístico, con un planteamiento estético detrás.

Es cierto que en el contexto en el que vivía el autor se hablaba sobre arte, pero sólo sobre artistas concretos, de tal manera que la Historia del Arte hasta el momento estaba vista desde una perspectiva puramente biográfica (la concepción que precisamente había introducido Vasari en su momento), mientras que precisamente Winckelmann introduce el marco histórico y social así como cronológico en el que trabajan los artistas[3]. Es cierto que hoy en día las teorías de Winckelmann están más que debatidas, pero en su momento fueron cruciales, de tal manera que sería impensable entender el Neoclasicismo sin Winckelmann. El autor definió al arte griego como el más excelente de todos.

Winckelmann sigue en su obra una Historia del Arte progresiva, con término de decadencia incluido, que hoy está totalmente descartado (evidentemente, no hay períodos que sean mejores y peores, y menos en la manera como aplica Winckelmann sus paradigmas de superioridad). Para él, la Historia del Arte se divide en cuatro etapas, El más antiguo, el sublime, el bello y la decadencia. El Arte griego encarna el más alto ideal humano, el período Sublime y Bello, que tiene lugar desde la aparición de Fidias hasta la culminación con Lísipo en la segunda mitad del siglo IV.a.c  (a partir de ahí aparece la decadencia que se propagará según el hasta el Imperio Romano) y lo define con una sentencia que se haría tremendamente popular, y que, desafortunadamente, algunos emplean aún hoy en día para referirse a este período, como es que el arte griego mantiene “Una noble sencillez y una serena grandeza”. Es decir, para Winckelmann, la gran calidad del arte griego es que es capaz de transmitir el mismo espíritu de serenidad que según él imbuía la sociedad griega. Winckelmann cree que el arte griego expresa una nobleza de espíritu inquebrantable, es por tanto, un arte moral.

El autor también introdujo un marco bastante polémico, como fue el climatológico, que tenía una importancia destacada en la creación de lo que el definía como carácter “moderado”. Como vemos, las explicaciones que tratan de atribuir la supuesta superioridad a elementos fisiológicos, no son nuevos.

Uno de los fallos más anecdóticos de La Historia del Arte de la Antigüedad de Winckelmann es que simultáneamente habla de arte griego y romano, cuando en realidad sólo pudo contemplar arte romano, ya que las piezas que el definía como griegas que encontró en Roma, eran en realidad copias romanas que emulaban el arte griego. Por no hablar de que en realidad la estatuaria clásica estaba pintada, algo que se obvia y que se convertirá en una falsa seña de identidad del mundo clásico (recordemos la obra artística del escultor Antonio Canova).

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Grupo Escultórico del Laooconte, de datación inexacta, fue descubierta en el 1506.

Laocoonte

Representación idealista sobre como debería ser el Laooconte en el momento original de su creación.

Por eso, uno de los debates estéticos con más trascendencia del Siglo XVIII se produce en torno a la figura del Laocoonte. Este grupo escultórico fue descubierto en el 1506, durante el mandato del Papa Julio II. Fue considerado como una de las cúspides del arte clásico (cuando en realidad se adscribe claramente a una etapa posterior, que hoy en día denominamos Helenística). Así lo creyó también Winckelmann quien elogió profundamente la obra. Para él, el Laocoonte suponía el arte clásico por excelencia. Sin embargo al describirlo, utilizó unas palabras que fueron debatidas por otro gran pensador, E. Lessing. A día de hoy el debate que sostuvieron los dos nos puede resultar totalmente banal, pero lo cierto es que encierra una importancia crucial para entender la estética clasicista y lo que en aquellos años se estaba planteando en el pensamiento del momento.

Y es que para Winckelmann, el personaje principal, el Laooconte, no está gritando. ¿Porqué? Pues porque el ideal clásico impediría que un personaje tan noble gritara y mostrara su dolor de manera tan agitada. Así que para él, el sacerdote que representa el grupo no está chillando, sino que mantiene el dolor sin alzar la voz. Es apenas un suspiro ansioso y oprimido.

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Detalle del Laooconte.

Lessing debate sobre esta escultura en la obra homónima, Laooconte, publicada el 1765. Literalmente Lessing dice que[4]: “No así los griegos. Sentían y temían. Expresaban su dolor y su pena. No se avergonzaban de ninguna debilidad humana, pero no permitían que nadie les impidiera buscar el honor o cumplir un deber. El heroísmo griego era como la chispa escondida en un guijarro, que duerme hasta que la despierta alguna fuerza exterior, y no recibe de la piedra, ni claridad ni frialdad….Llego ahora a mi conclusión. Si es verdad que un grito, como expresión de dolor corporal, no es incompatible con la nobleza del ama, especialmente según lo veían los antiguos griegos, entonces el deseo de representar tal alma no puede ser la razón por la que el artista ha rehusado imitar ese grito en su mármol… “En definitiva, para Lessing el grito podría ser perfectamente plausible, y eso no tendría que ir en detrimento del pueblo griego. Si el escultor de la obra escogió un momento en que el Laooconte no gritaba era por otro tema que Lessing definió posteriormente, y es que el autor clasificó a las artes según su tiempo. Es decir, cada una de las artes tiene un tiempo específico al que atenerse en su representación. Así la pintura debe escogerse el momento preciso, de máxima acción, mientras que la poesía relata la acción completa.

También hemos de tener en cuenta que arqueológicamente en el Siglo XVIII se producen dos hallazgos fundamentales, que irán en total sintonía con la época, como son el descubrimiento de Herculano (1738) y Pompeya (1748). Aquí descubren pintura (archiconocidos  los frescos de Pompeya) aunque a los intelectuales del momento les resultó ciertamente decepcionante, así que en líneas generales el Neoclasicismo aplica en la pintura la misma práctica que encuentran en la Escultura clásica (Las calidades escultóricas son fácilmente apreciables en la obra del pintor neoclásico más exitoso de todos, como fue Jacques Louis David). Estos descubrimientos acrecentan e incentivan el turismo de las altas clases, que tomarán Italia como una referencia. Así se organizan entre otra clase de viajes, los Grand Tour, en la que los niños jóvenes de clases bienestantes, sobre todo de Inglaterra y Alemania, son enviados a Italia para formarse.

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Retrato de Johann Joachim Winckelmann (1755) por Anton Raphael Mengs. Acabaremos con uno de los mejores retratistas del Neoclasicismo, Raphael Mengs. Amigo de Winckelmann y uno de los pintores ilustrados más interesantes del Siglo XVIII. Bastante conocido en España por los diversos retratos que realizó sobre la familia real, especialmente el de Carlos III, que se conservan en el Museo del Prado.

[1] PALMER, Allison, Historical Dictionary of Neoclassical Art and Architecture, Ed. Scarecrow, Plymouth 2011, p. 130

[2] Esta figura resulta de vital importancia. La retomaremos en otro día.

[3] KULTERMANN, Udo, Historia de la Historia del Arte, Ed. Akal, Madrid 1996, p.82

[4] Texto de Lessing en su Laooconte (1765) recogido en : VALVERDE, José María, Breve Historia y Antología de la Estética, Ed. Ariel, Madrid 1987, p. 143

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