Tobruk (1967)

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Tobruk (Tobruk, 1967) es una producción más sobre la segunda guerra mundial. Seguramente, la singularidad de la película es la ambientación. A diferencia del continente europeo o el conflicto entre japoneses y americanos, en esta ocasión la película nos sitúa en la contienda que tuvo lugar en el desierto del Norte del África (aunque no exactamente entre las tropas de Rommel y las de Montgomery como habría sido lo más previsible). Dirigida por Arthur Hiller, la película recibió la nominación al Oscar a los mejores efectos visuales, seguramente el único éxito destacable de toda la trayectoria de Hiller.

Que no se trata de una superproducción se comprueba ya en los primeros compases del filme. A diferencia de películas de gran presupuesto como The Longest Day (El días más largo, 1962) o Tora! Tora! Tora! (Tora! Tora! Tora!, 1970) podríamos decir que Tobruk es una película prácticamente de Serie B. Por eso, la diferencia básica es que no nos encontramos con grandes batallas ni desembarcos, así como millares de extras desplegados, sino que el filme se centra específicamente en un grupo reducido de personajes (siempre teniendo en cuenta la comparación las otras películas citadas), entre los que eso sí, se cuentan los célebres actores Rock Hudson y George Peppard (quizá ya un poco venidos a menos en esta segunda mitad de los años sesenta).

La película nos presenta un argumento que en realidad tiene más conexión con el cine de aventuras que con el bélico, por lo menos en su primera parte del filme. Nuestros personajes forman parte del ejército británico y junto a un grupo de alemanes judíos (que han huido del país, uniéndose al lado del bando de los británicos). Forjarán una misión casi suicida, y es que deberán adentrarse en las líneas enemigas, infiltrados como si fueran soldados del ejército alemán.

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La película aprovecha este objetivo final para ir rellenando la película con pequeños acontecimientos que transcurren en la travesía por el desierto. Se podría apuntar uno de los debates principales, como es el conflicto latente que existe entre los judíos y el ejército realmente británico. Y es que, a pesar de su teórica condición de aliados, las discusiones entre los dos grupos serán más que frecuentes. El guión se sirve de la originalidad del pueblo judío, para incluir algún debate, contemporáneo al tiempo en que se crea la película, como el conflicto entre Isarel y Palestina y los demás pueblos árabes. Pero en realidad, el debate es bastante superficial, y da la sensación de que al director del filme, Arthur Hiller, no le interesa realmente proponer algo serio, sino que utiliza el contraste entre los dos grupos como carnaza para hacer avanzar la trama.

En esta primera parte del filme pues nos encontramos con anécdotas que son incrustadas para aligerar la trama. Desde encuentros fortuitos con tropas enemigas, con incluso aliadas (seguramente la escena más mítica es la que tiene lugar cuando las tropas derriban un avión de su propio ejército que los había confundido con tropas alemanas). Como decía, anécdotas, más que una verdadera trama.

Incluyendo cine de todos los tonos posibles, el filme se convierte en una mezcolanza que se queda en tierra de nadie. Se reconocen algunas señas, como el cine colonial (no sólo por la ambientación donde transcurre el filme, sino por la inclusión de personajes nativos que tienen un pequeño papel en la película), las aventuras (el desarrollo argumental de la película), y el cine bélico (el final, que es lo más cercano al bélico de toda la película). Sin embargo, la mezcla no acaba de cuajar con demasiada consistencia.

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Así pues, nos encontramos con una película arquetípica dentro de las producciones bélicas de los años cincuenta y sesenta de serie B, que apenas introduce elementos originales. Resulta entretenida ciertamente, pero se diluye en un ligero pasatiempos que no consigue más trascendencia.

La fotografía que firma Russell Harlan es seguramente uno de los puntos más fuertes del filme. La película se rodó en parte en escenarios de Almería (muchas películas hicieron pasar dichos territorios por desiertos, véanse los múltiples spaghetti westerns)  y sin lograr ninguna maravilla, Harlan consigue un toque exótico que mantiene un cierto encanto. Por su parte, los dos actores principales, Hudson y Peppard, mantienen también el nivel del filme, con unos personajes que si bien no están del todo perfilados, por lo menos consiguen aguantar el tipo.

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